Camino de Santiago desde Madrid

Descripción de "Mi Camino de Santiago desde Madrid". Alberto Ibáñez.

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Se muestran los artículos pertenecientes a Abril de 2007.

Octava jornada: Coca - Alcazarén. (8-6-2004)

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   Después de una noche en la antigua casa de los maestros de Coca amanecí en este gran albergue destartalado, con una cierta alegría de que volviera pronto el día. A las 7 de la mañana salía dejando la puerta atrancada y en el mismo “orden” como me lo había encontrado. 

  Con la mochila me dirigí hacia el castillo y desde allí por unas calles a esas horas desiertas hacia la torre de San Nicolás y del Cementerio. Después de una bajada para salvar el río y de una subida fuerte, el camino se mete en otro pinar maravilloso. La mañana era fresquita en esos momento, luego el calor sería considerable. Poco a poco y respirando profundamente el aire matutino se llega en 7 kilómetros a Villeguillo. 

  Por un camino carretero que nos mete entre pinos recorremos durante quince kilómetros el final de la provincia de Segovia y el principio de Valladolid. En este recorrido se atraviesa un par de granjas avícolas instaladas en medio de los pinares. Este tramo tiene 18 kilómetros sin ningún pueblo y sin ningún servicio para el caminante. En el mismo se pasan unas cuatro horas, en las que las ensoñaciones y las fantasías se hacen presente. En estos momentos me siento feliz en medio de la naturaleza. Siempre hay algo en lo que fijarse y paz interior reina en mi espíritu. 

  En otros caminos aunque hay recorridos de longitud similar sin pueblos se diferencian de este por la soledad. En esta etapa no converse con nadie desde las 7 de la mañana. A las 2 de la tarde que llegue a Alcazarén. No se puede decir que es una etapa larga pero si crea una gran sensación de aislamiento y soledad. Yo cuando camino estos tramos hay muchos momentos en los que la cabeza se olvida del camino y rememora sus recuerdos y andanzas. En la vida diaria nos es imposible repasar las cosas al no tener tiempo de suficiente aislamiento.  

  A las dos de la tarde llegue y me dirigí directamente al ayuntamiento donde sabía que me estaban esperando para darme alojamiento. La sorpresa fue mayúscula cuando me dan una llave enorme de la ermita del Cristo del Humilladero. También me indican que por la mañana meta las llaves en el buzón del ayuntamiento. Sorprendido me dirijo hacia la ermita atravesando otras dos Iglesias importantes, una la de Santiago, cerrada por problemas con el tejado y la de San Pedro (románico-mudéjar) que está en ruinas. Cuando llego a la ermita observo que es del siglo XVIII y que está tomada en su tejado por las cigüeñas. Abro la puerta como puedo y camino por una ermita enorme, del tamaño de muchas iglesias. Me dirijo a través del altar a la sacristía donde en efecto encuentro dos literas nuevas al lado de un gran mueble que utiliza el sacerdote para prepararse para la Misa. También tiene dos cuartos de baños, hombres y mujeres. Directamente y sin dudarlo me meto una reconfortante ducha en un entorno que jamás se me hubiera ocurrido. 

   Después de asearme me dirigí al único restaurante que había visto en el recorrido por el pueblo. Allí me atendió con gran amabilidad los dueños. Son amigos del camino y tienen incluso un libro donde obligan a escribir a todos los que pasan por allí. El último peregrino había pasado hacía 10 días y en lo que iba de año habían escrito 12 personas. 

  Una vez comido, en un pueblo como este no había otra cosa que hacer que la siesta, cosa que cumplí a la perfección. Los colchones eran nuevos y había mantas para taparse. 

   A las siete de la tarde me desperté no teniendo muy claro el lugar donde me encontraba. Me sorprendí mirando a un santo que había en medio de la sacristía y yo en calzoncillos. Nunca me hubiera imaginado estar en ropa interior en una iglesia que iba a ser por una noche mi residencia. 

   Salí a dar una vuelta por el pueblo para observar con detenimiento las dos iglesias del pueblo y las calles del mismo. Son maravillosos los restos de la iglesia de San Pedro, el ábside en ladrillo es de una gran belleza. También aproveché para comprar un sombrero de paja que fuera más fresco que mi gorra. En las etapas posteriores fue un gran alivio. Los agujeros del sombrero dejan respirar la cabeza mejor que la gorra. 

   Después de la visita me dirigí al restaurante donde había comido para realizar la cena y poder charlar un rato. 

  A las 9 y media estaba de nuevo en mi ermita-albergue preparándome para dormir. Cosa que no me costó demasiado.  A media noche me desperté y tuve que recurrir a unas cerillas y a un cirio para ir al baño. 

   Los números del día son los siguientes: 

   Fecha  .- 8 de junio del 2004.

   Pasos.- 35714.Kilómetros.-   25 kms.

   Hora de salida.- 7:00.

   Hora de llegada.- 14:30.

  Tiempo andando.- 7:30 horas ...

05/04/2007 11:09 Autor: Alberto. #. Tema: Historias y leyendas No hay comentarios. Comentar.

Novena jornada: Alcazarén - Simancas. (9-6-2004)

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    Me despertaron los ruidos de las cigüeñas en el tejado, estaba amaneciendo. Dormir en la sacristía de una iglesia es una sensación única y puedo decir que dormí como un lirón. Recogí la mochila y me preparé para una nueva etapa. A primera hora de la mañana me siento con las fuerza intactas y renovadas las ganas de llegar hasta Santiago por este Camino solitario pero revitalizador de voluntades. Este recorrido es un retiro de nuestros problemas diarios, estos dejan de existir y sólo debe preocupar el estar atento a todas las cosas que nos traerá el día. 

  Con mi mochila recorrí toda la iglesia despidiéndome de un lugar magnífico y único. Lleve la llave al buzón del ayuntamiento y reemprendí la marcha. Me esperaban 16 kilómetros sin ningún pueblo. 

  A la media hora de empezar se llega a la finca Brazuelas donde se encuentra el primer cruceiro de esta ruta. Aquí se ha preparado un espacio peregrino con un cruceiro, un magnífico roble y un banco sobre unos jardines. Un lugar que alegra el corazón del peregrino.  

  El río Eresma se encuentra a la izquierda de nuestro camino que va a parar a una carretera comarcal. Pasado un puente y girando a la izquierda en poco tiempo empezamos a dislumbrar una ermita, Siete Iglesias. Siguiendo con nuestro camino atravesamos también el río Adaja el cual lo atravieso por un puente. Al rato llego a un pequeño pinar que se cruza entero. A la salida podemos ya ver Valdestillas, aunque tardé otra hora larga en llegar.  

  En este pueblo realice una parada para almorzar, llevaba casi cuatro horas andando y el cansancio empezaba a aparecer. El paso por este pueblo es por la calle principal, en el hay toda clase de servicios para el peregrino.  Al final del pueblo se llega a la estación de ferrocarril y tras pasar las vías, por un puente, nos meteremos en otro pinar. 

  Esta es una etapa de grandes soledades, está dividida en dos espacios de 16 y 9 kilómetros sin pueblos que nos acojan. Los últimos tres kilómetros se hacen pegados a una carretera de bastante tráfico. Añadiré que el calor arreciaba y el cansancio me atenazaba, cuando llegue a Puente Duero, estaba auténticamente agotado. Así que me metí en un restaurante junto a la carretera. Estaba lleno de trabajadores, todos me miraron con extrañeza por mi pinta. Sorprendía tanto mi mochila como la vieira que llevaba colgada. Allí permanecí de las 2 a las 4 de la tarde para recuperarme del ejercicio y rehidratarme.  

  Puente Duero es una barriada industrial de la ciudad de Valladolid, que tiene como hecho más destacado el puente que atraviesa ese gran río. Nada más pasar el puente hay que coger a la izquierda paralelos al río, con multitud de huertas a uno y otro lado. Poco después se llega al enésimo pinar que nos llevará hasta el puente sobre el río Pisuerga. Tras él una importante subida lleva hasta el centro de Simancas. Yo continué hasta la parte  buscando la Oficina de Turismo para que me orientaran de un lugar para dormir. Allí me atendió una muchacha muy agradable que me dirigió a una pensión en el centro y muy cerca del castillo. 

   Esta pensión estaba en una segunda planta en unas calles muy típicas y estrechas. La cama era grande y con sábanas. Esta noche dormiría como un príncipe. La casa era antigua y tenía cocina y saloncito para los residentes. Los dueños vivían en la planta de abajo y ese día no tenían más clientes, así que la casa era entera para mi. No dude un minuto y me di una magnífica ducha con abundante agua caliente. ¡Qué placer después de 31 kilómetros!. Eran la seis y media y me lancé con mis chanclas a conocer este gran pueblo. Dirigí hacia el extraordinario Castillo. 

  No puede entrar, las visitas están limitadas y la hora era inadecuada, pero un abuelo sentado en unos jardines me contó que fue construido en el siglo XV por el Almirante de Castilla Don Fadrique Enríquez donde antes había existido otro más antiguo que controlaba la invasión musulmana, aunque a lo largo del tiempo fue cambiando de manos. En el siglo XVI se decidió ubicar en el castillo el Archivo General del Reino, uso que todavía tiene actualmente. En determinados momentos también fue usado como prisión del Estado.  

  Muchas veces es conveniente que el peregrino establezca relación con los lugareños para que nos proporcionen informaciones de los sitios que pasamos. Su amabilidad fue tal que hasta me invitó a tomar una cerveza en la plaza, donde se encuentra la Oficina de Información. 

  Después de esta amena charla di una vuelta por las callejas topando con un restaurante que me pareció ideal para cenar, cosa que hice espléndidamente, para después continuar hasta las 10 de las noches visitando y observando las vistas de esta ciudad sobre el río Pisuerga que se han grabado como un grato recuerdo. 

  Los números del día son los siguientes: 

  Fecha  .- 9 de junio del 2004.

  Pasos.- 44285.Kilómetros.- 31 kms.

  Hora de salida.- 7:00.

  Hora de llegada.- 18:00.

  Tiempo andando.- 8:00 horas

05/04/2007 11:23 Autor: Alberto. #. Tema: Historias y leyendas No hay comentarios. Comentar.

Decima jornada: Simancas – Medina de Rioseco (10-6-2004)

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   Después de una noche tranquila y reparadora, el despertador sonó a las 6 y media. Era todavía de noche cuando volví a recorrer las calles de Simancas. Pasé la carretera nacional por un puente y desde un montículo observé la llanura y la ciudad mientras amanecía. Magnífica estampa castellana. 

  Por un camino agrícola rodeado de terrenos de cereal fui haciendo camino hasta después de una hora y media llegue a Cigüeñuela. Puedo rememorar que al lado de un riachuelo hay una ermita de piedra con un merendero tapado en el que es posible descansar un rato. 

  En este recorrido ondulado y de agradable paseo se pueden empezar a ver campo enteros de amapolas que crean un paisaje idílico en las primeras horas de la mañana. 

  Continué la marcha hasta Wamba entre campos bastante áridos donde empecé a echar en falta los pinares de los días anteriores. El camino se estrecha cerca de Peñaflor siendo necesario descender por un pedregoso valle excavado por el río Hornija. 

  En la entrada al pueblo vi que estaban de fiesta, jueves de Corpus Cristi. Todos los hombres iban con traje y con sombrero. Me recordaban el sombrero de mi abuelo, debe ser una tradición. También los niños estaban vestidos de comunión. Mi presencia causaba extrañeza y miradas sorpresivas.  

  El monumento más representativo es la Iglesia de Santa María de la O con estilo visigodo siglo X con una nave románica del siglo XII. 

  Hacia bastante calor y era medio día, así que me dirigí al bar del pueblo, donde me rehidraté, cerveza con limón. Pregunté si había algún tipo de acogimiento en el pueblo, por que pensaba que podía ser toda una experiencia ver una fiesta popular. Me dijeron que el pueblo no tenía ningún tipo de alojamiento, por ello a la una reemprendí el camino.  

  El calor era agobiante. Baje una dura cuesta hasta el río Hornija. Crucé el río y como dice la guía seguí por la carretera buscando un camino que me dirigiera a Castromonte. Busque y busque una flecha, pero no la encontré, así que continué por la carretera con un calor asfixiante. Cuando llevaba 3 kilómetros me di por perdido, así que decidí preguntar al primer coche que pasara. Pasaron 20 minutos antes que llegara el primer vehículo. Le paré y me dijo que montara. Le dije que no, que lo que quería era información de cómo llegar a Castromonte. Muy amablemente me indicó el recorrido por carretera, tres kilómetros más por la que llevaba y luego 6 más por una que aparecía a la derecha. También me dijo que cuando llegará al pueblo preguntara por le alguacil que me estaría esperando para darme alojamiento. Le di las gracias y no le aseguré que me quedara, pues según las fuerzas así haría.  

  Continué con un calor que por momento se hacía insoportable. Los pies recocidos por el asfalto. El litro de agua iba acabándose cuando llegue al desvío, ya llevaba dos horas desde Peñaflor. Debajo de una encina paré a respirar un poco y a mojar un poco el pañuelo de cuello para que me refrescara. Esta nueva carretera tenía un poco más de tráfico, pero entre coche y coche era fácil que pasaran 5 minutos. Tiene unas largas rectas que me costaron otro par de horas en recorrerlas.  

  Como anécdota, ya muy cerca de Castromonte vi a dos agricultores y me acerque a ellos por si me podían dar algo de agua, iba totalmente seco. Me dijeron que apenas quedaba un kilómetro para la fuente del pueblo y me dieron ánimos para continuar, me ofrecieron un buen trago de una bota de vino que me supo a gloria. Uno de ellos al saber de mi recorrido dijo que en unos días marcharía también a Santiago en una excursión y que lo mismo coincidiríamos allí. 

  Seguí la marcha y en el centro del pueblo encontré la fuente maravillosa que aproveche para beber y darme un baño reparador. Después de saciada la sed entre en un bar donde pregunté por el alguacil que estaba tomando café. Me dijo que la persona que había preguntado era el alcalde del pueblo y que le había dado aviso de que me mostrará el centro cultural, donde tenían habilitada una habitación para peregrinos. Me llevó a ella y me la enseñó. Una habitación de madera con un puñado de sillas pero ningún tipo de colchón, y con un baño con sólo lavabo. Ante esta perspectiva de dormir en el suelo sin ninguna esterilla le di las gracias y le pedí que se las hiciera extensible al alcalde pero que prefería continuar a Medina de Rioseco. 

  Así a las 5 de la tarde con un sol terrible sobre mi cabeza reemprendí la marcha. Quedaban tres horas y mi cansancio era considerable. El recorrido era ondulado pero con resignación y sin pensar demasiado en el cansancio fui recorriendo el camino. 

  Llegue a las 8 y cuarto a Medina y lo primero que hice fue ir a la Iglesia de Santiago.El párroco me recibió en su despacho. Me realizó un auténtico interrogatorio y me ofreció hospedarme en el monasterio de Santa Clara, cosa que rechace pues después de una etapa de 44 kilómetros necesitaba algo más cómodo. 

  Busque un hostal y me sumergí en la bañera durante más de media hora para recuperarme del cansancio. Medina de Rioseco es capital natural de la vieja Tierra de Campos. El río Sequillo, unas veces paridor de inundaciones y otras -las más- apenas un hilo de agua, atraviesa parte de la ciudad más moderna. 

  Sin apenas ganas me dirigí a cenar bajo unos soportales. Tome un espléndido chuletón que me había ganado en este día. Además tenía que celebrar que había cubierto la primera parte de mi andadura. Esto no significa que voy a dejar la ruta sino que voy a dejar el camino de Madrid para andar durante dos días sin ruta marcada para llegar a la Vía de la Plata a la altura de Granja de Moreruela y desde allí marchar hasta Santiago. 

  Esa noche antes de dormir me tomé una aspirina para que aliviara los dolores de las piernas y los píes, esta ha sido la etapa más dura que he realizado hasta ahora.  

  Los números del día son los siguientes: 

  Fecha  .- 10 de junio del 2004.

  Pasos.- 62857.Kilómetros.- 44 kms.

  Hora de salida.- 7:00.Hora de llegada.- 20:15

  Tiempo andando.- 12 horas 

   Este camino de Madrid me ha parecido precioso y sorprendente. Nunca hubiera imaginado que por las tierras de Segovia hubiera tanto pinar, esperaba un recorrido mucho más árido y agobiante. Es un placer poder estar en la primera hora de la mañana en estas magníficas tierras.


 

05/04/2007 11:50 Autor: Alberto. #. No hay comentarios. Comentar.

Undécima jornada: Medina de Rioseco - Villalpando (11-6-2004)

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  Me suena el despertador y me siento agotado por la etapa durísima de ayer, pero en seguida mi cabeza recuerda lo que hoy me espera. Un nuevo trayecto donde la aventura se incrementa por la ausencia de flechas que me guíen. Tengo en mi posesión unas fotocopias de mapas del Instituto Geográfico, que unen Medina de Rioseco con Granja de Moreruela. Me he estudiado en profundidad los mismos y he visto que es totalmente posible hacer el recorrido por caminos carreteros. Las referencias no son excesivas pero suficientes para que no haya pérdidas notables, solo en una ocasión tuve problemas pero se superó con muy poco de esfuerzo. 

  Con los nervios a flor de piel salí del hostal hacia la ermita de Nuestra Sra. Casaviejo. En este trozo encontré a un señor que paseaba todos los días hasta la ermita para solucionar sus problemas de colesterol y azúcar. No conocía el recorrido que debía seguir pero si conocía como llegar hasta la ermita. Se maravillo de que alguien saliendo desde Madrid pudiera llegar hasta Santiago. 

  Por el camino que lleva a la ermita se pasa un tendido de alta tensión y a un kilómetro sale un camino a la derecha que hay que continuar. Se debe seguir derecho hasta la bifurcación  siguiente a la izquierda, se encuentra aproximadamente a kilómetro y medio del anterior. Desde este punto no hay que abandonar el camino hasta Morales de Campos que se encuentra a unos 12 kilómetros de Medina. Un poco después del desvío se encuentra otro tendido de alta tensión que hay que cruzar. 

  Este recorrido es totalmente solitario y las referencias muy pocas. Todo son campos de cereal, muy pocos árboles y muchos kilómetros de visión. La llanura es similar a la que se encuentra en el recorrido del Camino Francés entre Carrión de los Condes y Calzadilla de Cueza. Aquí no hay tanta distancia entre los pueblos pero estos no tienen ningún tipo de servicio. Con mis pensamientos puesto en la lejanía, mi ánimo se fue templando según fui siendo consciente de lo fácil que era seguir el mapa y los hitos se iban presentando. 

  A Morales de Campos llegue sobre las 10 de la mañana, todavía el calor no era notable pero amenazaba un día duro. Este pueblo apenas tiene 200 habitantes y ninguna tienda abierta. Parece que hay un bar pero lo abren por la tarde. Eso si, tienen una casa rural que en caso de necesidad puede servir de reposo (Casa Bolas). Con estas noticias decidí continuar la marcha a Cabreros del Monte que se encuentra a unos 9 kilómetros del anterior. Se sale por el camino del Cementerio. 

  Este camino se sigue recto atravesando al poco rato otro tendido eléctrico. A unos cinco kilómetros nos encontramos una bifurcación peculiar de cinco caminos, tenemos que tomar el segundo contando desde la derecha y ya todo seguido continuar hasta el pueblo. El calor se empezaba a incrementar y se hacia necesario rehidratarse. 

  Notaba el sol en la espalda y estaba deseando llegar a destino para descansar un rato. Este pueblo todavía es más pequeño que el anterior, apenas supera las 100 personas y los servicios que tiene son casi nulos. Cuando llegue a él necesitaba descansar y aproveche un soportal para soltar la mochila y para colocar las piernas en alto. Es necesario para esta etapa ser previsor y comprar algo de comer y llevar suficiente agua.  

  Después de descansar durante media hora, en la que no pude ver a ninguna persona, me puse en marcha. Vi a un grupo de abuelos a la sombra charlando del campo y fue la ocasión para preguntar por el camino que llevaba a Quintanilla del Monte por el Teso de la Maya. Esto último fue una pista fundamental, uno de ellos tenía alguna tierra en la zona y me acompañó hasta la salida del pueblo. Confiando a que el abuelo no se hubiera equivocado y sabiendo que este tramo no tenía ninguna desviación seguí observando los campos llenos de cereal, ya a estas alturas bastante seco y soñando con las olas que generaba la ligera brisa. El sol era aplastante. En este tramo se sale de la provincia de Valladolid y se entra en la de Zamora, concretamente un poquito antes del Teso de la Maya. 

  Siete kilómetros después se llega a Quintanilla del Monte. Se halla situada en una pequeña colina, próximo al río Valderaduey que significa la otra corriente, el otro río. Apenas tiene 150 habitantes. Cuando llegue vi un pueblo solitario y sólo en el centro vi un par de abuelos que estaban charlando antes de ir a comer. Les pregunté si había algún bar, me dijeron que abrían a las 3 para echar la partida. Me senté a la sombra un momento para recuperar. Llene la botella de agua en una fuente. Poco más adelante encontré un pastor que me dirigió a un camino que llevaba directamente a Villalpando tras cinco kilómetros de solanera cruel. Este camino cuando se aproxima a Villapando se convierte en una carretera que estaban asfaltando para una nueva urbanización. 

  A las 3 y media llegaba al pueblo y me fui directamente a un hostal de carretera para poder realizar la primera comida del día. Este hostal está enfrente a una gasolinera y muy cerca de la A-6. La habitación era suficiente para mi y la siesta fue inevitable después de las dos últimas etapas. 

  Por la tarde visité el arco de Santiago y el monasterio de las Clarisas, pero el paseo fue muy leve, llevaba acumulado el cansancio del día anterior y las fuerzas no estaban para muchos lujos. Además sabía que mañana tendría otra etapa donde el calor me fustigaría y debía recuperarme el esfuerzo.  

  Este día encontré preciosos campos de amapolas que llenan de color el campo y dan alegría al ánimo del paseante. 

  Los números del día son los siguientes: 

  Fecha  .- 11 de junio del 2004.

  Pasos.- 45714.Kilómetros.- 32 kms.

  Hora de salida.- 7:00.

  Hora de llegada.- 15:45

  Tiempo andando.- 8 horas

05/04/2007 12:26 Autor: Alberto. #. No hay comentarios. Comentar.

Duodécima jornada: Villalpando – Granja de Moreruela (12-6-2004)

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   Dormí profundamente y me sentía bastante descansado. Tras asearme salí a la calle donde me dirigí hacia la gasolinera que por un camino que sale ahí mismo se dirige a un puente que atraviesa la A-6 a unos quinientos metros. La carretera desaparece y comienza un camino que hay que seguir durante media hora larga. No hay pérdida pues el camino va paralelo al río Valderaduey y no hay ningún desvío. 

  Cuando llegamos a un cruce de caminos debemos tomar él de la derecha que nos lleva a un pequeño puente sobre el río y ya todo seguido hasta Tapies. 

  Llegue sobre las 8 y media, todo estaba cerrado y sólo a una señora que estaba barriendo la puerta de su casa pude preguntarla por las bodega subterráneas. Esta no sabía pero llamó a su hijo, que estaba durmiendo, para que me guiara. El preguntar por las lagunas de Villafáfila ayudó mucho. El muchacho no sabía muy bien indicarme pero si me dirigió hacia las bodegas enterradas en el suelo. La señora me preguntó por el camino y me ofreció un vaso de leche que con mil amores me tomé. 

  Los campos seguían siendo llanos y las distancias parecían infinitas. Solamente a mi derecha podía distinguir una carretera que llevaba a Villafáfila, pensaba que si en algún momento tenía problemas me dirigiría a ella. 

  Poco a poco llegue a un punto que desaparece totalmente el camino, pero sabía que continuando recto campo a través en doscientos metros volvería a aparecer. Ya era posible ver los humedales y multitud de pájaros sobrevolando la zona. Aunque continué recto no había manera de ver por donde seguía. Las hierbas estaban muy crecidas y era muy difícil saber por donde aparecería de nuevo el camino. 

  Fue un rato de intranquilidad pero como podía ver en la distancia Villafáfila y la carretera no me preocupé demasiado, así que continué, comiéndome todas las zarzas del mundo, hasta que encontré un camino y lo seguí. Este camino me permitió llegar hasta el centro de interpretación de las lagunas donde un guarda me orientó hacia el pueblo abandonado de los Huertos. Pude con unos prismáticos ver las aves sobre las lagunas. Es impresionante la cantidad de aves que utilizan estos humedales para beber. 

  Desde este punto seguí  por el camino de la derecha cuando se llegue a los palomares y luego todo recto hasta Villamarín de Campos. 

  A este pueblo llegue sobre la una y media con muchísima sed y agobiado por el calor reinante. Para mi alegría había un bar abierto, el primero de las dos últimas etapas. Tomé una deliciosa coca y casi un litro de agua. Este  pueblo es muy curioso pues tiene un monumento enorme de un toro bravo en la mitad de la plaza junto a una fuente de agua buenísima. 

  Pregunté por la carretera que lleva a Villafáfila y me guiaron sin ningún problema. Cuando se llega a él hay un cruce con una gasolinera. Hay que seguir de frente por una carretera en ascenso que en cuestión kilómetro y medio tiene un camino agrícola a la izquierda. Siguiendo por él en tres cuartos de hora se llega al ferrocarril que es atravesado por un puente. Media hora después me encontré entrando en Granja de Moreruela destino de la etapa de hoy. 

  Me dirigí directamente al bar Cle-bis (en la carretera) donde la guía me marcaba que entregaban la llave del albergue y sellaban la credencial. Un poco antes de llegar pude volver a ver una flecha amarilla que me lleno de alegría después de dos días sin verlas. 

  La llaves ya las habían entregado a otros peregrinos, cosa que me alegró, iba a poder convivir con alguien más. El albergue es la casa de Cultura, estaba abierto aunque no había nadie dentro. Lo visité y vi que se componía de un recibidor grande con un colchón de matrimonio en el suelo, una habitación con literas apelotonadas y de un cuarto de baño con ducha. Todo ello bastante sucio, pero suficiente para pasar la noche. Tome posesión del colchón del recibidor al ver que ya había gente en la habitación. Me di una ducha reparadora con un hilito de agua fría, me tendría que conformar. 

  Cuando salí me encontré con un matrimonio francés de cincuenta y tantos años que hablaban bastante bien el español. Se llamaban Francine y Claude. Me estuvieron contando que ellos eran también repetidores del camino. Ellos hacían la Vía de la Plata desde Sevilla pero lo iban haciendo por etapas. Esta vez habían empezado en Zamora, pero habían tenido mala suerte en la primera etapa, a ella le habían salido ampollas e iban muy despacio. Estaban tristes por sólo tener diez días y no poder hacer lo que tenían planeado, llegar hasta Ourense. Son muy agradables y para mi una novedad poder conversar con alguien con los mismo sentimientos. Es una pareja interesante, ella muy religiosa y él un poco más escéptico pero se adapta a lo que le dice ella.  

  Juntos fuimos a visitar una exposición sobre el Cister que había en las proximidades del albergue. Me pareció tremendamente interesante pues me unía más al espíritu del Camino. Como era sábado asistimos a Misa y de allí fuimos a cenar a un bar que está en la parte superior del pueblo, después de ver la salida del pueblo para el día siguiente. 

  A las 10 ya estábamos en el albergue dispuestos a dormir. 

  Esta etapa a supuesto el llegar al segundo gran hito de mi ruta, pisar la vía de la plata que me llevará directamente hasta mi objetivo. Estoy contento y fuerte. El destino cada día lo tengo más cercano y me veo con fuerzas para conseguirlo.   

  Los números del día son los siguientes: 

  Fecha  .- 12 de junio del 2004.

  Pasos.- 42857.Kilómetros.- 30 kms.

  Hora de salida.- 7:00.

  Hora de llegada.- 16:45

  Tiempo andando.- 8 horas

05/04/2007 12:34 Autor: Alberto. #. Tema: Historias y leyendas No hay comentarios. Comentar.

Décimo tercera jornada: Granja de Moreruela – Tábara (13-6-2004)

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  Etapa sensiblemente más corta que las anteriores, pero era necesario que me lo tomara con calma pues los últimos días habían sido tremendamente estresantes y con mucho kilómetros. 

  Me despertaron los franceses para dejarme una magdalena y un batido de chocolate cuando ellos marchaban a las 6 de la mañana. En seguida me levanté y preparé los bártulos de la marcha. Lleve la llave al bar dejándola en la repisa de la ventana que me dijeron. Tras esto comencé la subida lenta pero continua hasta el final del pueblo ahí hay un cruce de caminos del camino de Santiago. El que sigue recto te lleva a Benavente para luego enlazar con el camino Francés y el de la izquierda te lleva por el camino Sanabrés hasta Orense y después a Santiago. Cogí el de la izquierda y poco a poco en un paisaje de media montaña, y totalmente diferente al de días anteriores llegue a un pantano con el Puente de los Quintos. Este está a unos cinco kilómetros del pueblo.  

  Todo el recorrido va marcado con flechas amarillas menos abundantes que en el camino de Madrid y algunas veces te hacen dudar. 

  Al poco de pasar el puente sobre el río Esla alcance a los franceses con los que hice los siguientes 8 kilómetros. Para mí era una novedad caminar charlando de temas diversos, el recorrido se hacía bastante más ameno y los metros caían más rápidamente. También el paisaje era diferente. Abundaban las encinas y el terreno era ondulante, un auténtico placer después de tantos días de la llanura agobiante. 

  Después del puente se asciende de manera brusca hasta un antiguo castro abandonado donde giramos a la derecha para encontrar tras varios cruces la finca Val de la Rosa. El camino es ancho y cómodo. Esta parte del camino es agradable al transcurrir por un bosque de encinoas y matorral mediterráneo. Tras un giro a la derecha el paisaje vuelve a cambiar de repente, el encinar desaparece y el camino se allana. Hay múltiples cruces a izquierda y derecha por caminos parcelarios. 

  Francine no llevaba muy bien el pie y a unos 12 kilómetros en una revuelta del camino mis amigos se sentaron a descansar y reponerse un poquito. Yo me encontraba eufórico y continué, pero quedé con ellos en el albergue de Tábara. 

  Desde aquí el camino perfectamente señalado hace varias revueltas hasta que te mete en un valle amplio en el que se ve Faramontanos de Tábara.  

  En el centro del pueblo paré, el cansancio empezaba a aparecer. Diecinueve kilómetros no son ninguna tontería. Allí en el bar-tienda, junto a la iglesia y el ayuntamiento, me tomé un café y un hermoso bocata. Eran las 11 de la mañana y no tenía prisa, apenas quedaban 5 kilómetros, así que esperé a los franceses mientras charlaba con la propietaria del bar. Me comentó que en invierno son sólo unos poco pero que con la llegada del calor y las vacaciones escolares se llenaba de personas nacidas en el pueblo. 

  A las 12 reemprendimos la marcha y en poco más de una hora llegamos a Tábara. Este es un pueblo que se fundó a la sombra de un monasterio mozárabe denominado de San Salvador, este monasterio llegó a tener hasta 600 monjes de ambos sexos. También tiene una hermosa torre cuadrada del siglo XII. 

  Cuando llegamos el pueblo celebraba el Corpus y las calles estaban alfombradas por ramas de lavanda recogidas en los alrededores y una procesión tuvo lugar acompañada por los niños vestidos de primera comunión.  Una interesante tradición que se repite en muchísimos pueblos de España. 

  Después de contemplar la procesión nos dirigimos al albergue que se encuentra a las afueras del pueblo. Tiene esta villa un albergue nuevo y con unas  instalaciones muy limpias. Ya se había instalado un peregrino que había llegado a Santiago desde Roncesvalles y ahora se dirigía a Sevilla en sentido inverso. Impresionante debe ser hacer 1500 kilómetros en dos meses. Me da auténtica envidia no tener los días suficientes para realizar esa enorme travesía. Me comentó de las dificultades de ver el camino al revés, era mucho más fácil perderse pero siempre reencontraba las fechas amarillas. Se llamaba José Antonio y era un abogado catalán. Había emprendido la marcha como una liberación contra el estrés.  

  No comí ese día pues el bocata del pueblo anterior me había saturado y preferí hacer la colada y vaguear toda la tarde en la cama para recuperarme del esfuerzo. 

  La cena la realicé con los franceses en el restaurante junto a la gasolinera de las afueras del pueblo mientras que nos enterábamos de los resultados de los comicios europeos. Estábamos tan distantes de nuestros hogares que el resultado no nos interesó demasiado. 

  Este le puedo considerar un día de relax y tranquilidad, donde ha cambiado significativamente el paisaje. Los dos últimos días la llanura había sido mi acompañante pero hoy han aparecido pequeñas subidas y bajadas inconcebibles en los días previos. Desde aquí ya no volverán las llanuras y el paisaje, aunque duro, será mucho más variado y ameno. No faltarán todos los días subidas y bajadas.  

  Los números del día son los siguientes: 

  Fecha  .- 13 de junio del 2004.

  Pasos.- 35480.Kilómetros.- 24,8 kms.

  Hora de salida.- 7:00.

  Hora de llegada.- 13:30

  Tiempo andando.- 6 horas

05/04/2007 12:42 Autor: Alberto. #. Tema: Historias y leyendas No hay comentarios. Comentar.

Décimo cuarta y Décimo quinta jornada: Tábara – Mombuey (14-6-2004 / 15-6-2004)

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Décimo cuarta jornada: Tábara – Calzadilla de Tera  (14-6-2004)

  Los franceses nos despertaron con sus movimientos a las 6 de la mañana y sin dudarlo me levante a preparar los trastos. En veinte minutos ya estaba listo para iniciar la marcha, ellos todavía seguían preparándose. El catalán y yo salimos a la vez y los primeros metros los hicimos juntos. En la carretera nos separamos el marchó para Faramontanos y yo para Bercianos de Valverde. Esta es una realidad del Camino los peregrinos se conocen durante unas horas, comen, duermen y respiran el mismo aire, y un día después ya no se ven más, aunque sus recuerdos perdurarán toda la vida. 

  El camino sale desde la torre de San Salvador por un camino agrícola en magnífico estado que va paralelo a una carreterita que más adelante se atraviesa. Todo este tramo se realiza entre viñedos y castaños. Las flechas se ven perfectamente en este camino ascendente que nos llevará en un par de horas al valle del río Tera. Cuando cambiamos de valle el paisaje que puedes ver es de encina y jara. 

  Tengo la sensación de estar en otro país diferente al de días anteriores, es un recorrido de suaves ondulaciones y sin tanto calor. 

  No encontré ninguna dificultad hasta Bercianos  de Valverde al que llegue a las 10 de la mañana. Busque un bar para desayunar que abría en ese momento y conseguí tomar un café y unas magdalenas caseras que me supieron a gloria.  

  A las 10 y media reanudo la marcha poco a poco. La salida del pueblo se hace en cuesta pudiendo contemplar algunas bodegas enterradas en el suelo. Esta cuesta apenas dura un kilómetro luego ya todo es bajada hasta Santa Croya de Tera. Este pueblo se encuentra al lado del río Tera y se encuentra al lado de Santa Marta de Troya.  

  Aquí pasé a la iglesia para que me sellaran en el lugar donde se encuentra el Santiago románico más bonito de la Vía de la Plata. Es impresionante su belleza y sencillez. Es difícil pensar como su autor con una simplicidad notoria hiciera una obra de arte como esta. Este se encuentra en un capitel en la parte de atrás de la iglesia aunque existe una copia en el interior. Un sacerdote mayor me dirigió a su casa donde me selló la credencial y me dijo palabras de estímulo para continuar el camino. Persona muy entrañable que bien merece una visita. 

  A la una de la tarde continuo la marcha siguiendo paralelo al río Tera entre huertas y chopos que refrescan el ambiente. A las dos de la tarde llego al puente Pumarejo donde hay un camping. Aquí observo un merendero al lado del río rodeado de una extensa zona verde, y no lo dudo para allá voy. Me pido una refrescante cerveza y aprovecho para comer opíparamente. Antes de la comida me doy un baño en el río, consiguiendo comer fresquito como si fuera un campista.  

  Después de comer a las 4 reanudo la marcha despacito entre hermosas alamedas junto al río hasta que se llegue a Calzadilla de Tera. Las flechas me llevan a una iglesia vieja y medio en ruinas. La iglesia, tal como está, da algo de pena, como casi todos los edificios antiguos que conocieron tiempos mejores. A la derecha y detrás de la iglesia se cruza un puente sobre un canal y se tira a la izquierda por el camino junto al canal. A unos dos kilómetros cruce otro puente sobre el mismo canal y ya llegue a Olleros de Tera.  

  Estaba cansado y un poco tostado por el sol así que busque alojamiento, consiguiendo hospedaje en una casa de adobe que se accedía a través patio interior del bar. La primera sensación fue de cochambroso pero luego le encontré el encanto de poder dormir en una casa como las de hace un siglo. Las paredes no estaban pintadas y se podía ver el adobe. El colchón era de lana sobre una cama de madera. En las puertas había que tener cuidado de no darte con el dintel, pero tenían una buena ducha con agua caliente. El frescor era notable entre sus muros de más de medio metro. Me cobraron 5 euros por la noche. 

  Este es un pueblo bastante pequeño sin demasiados servicios aunque si tenía dos bares y un restaurante.  

  Un día de camino solitario pero con el ánimo bien templado por un paisaje maravilloso. No había visto ni a un solo peregrino en todo el día, que diferencia con otros caminos. A las 10 de la noche estaba durmiendo tranquilamente y meditando en el la próxima jornada que me llevará hasta Mombuey. 

  Los números del día son los siguientes: 

  Fecha.- 14 de junio del 2004.

  Pasos.- 48000.Kilómetros.- 33,8 kms.

  Hora de salida.- 7:00.

  Hora de llegada.- 18:30

  Tiempo andando.- 9 horas   

  Décimo quinta jornada: Calzadilla de Tera  - Mombuey (15-6-2004)  

      Dormí como un lirón en aquella cama que chirriaba. Me levante a las 6 de la mañana y tras preparar los bártulos salí a la  calle. La mañana era fresca. 

  La señalización en este pueblo es un lío, según la guía marca que hay hasta cuatro posibilidades. Yo tome la calle que lleva a la iglesia y pasada ésta seguí hacia Otero de Bodas. Luego, a la derecha, sale una carreterilla flanqueada por postes de la luz que, a unos tres kilómetros, desemboca en otra más ancha. Siguiendo ésta, a la derecha, se llega a la presa del pantano. 

  Atravesé la presa y, a los pocos metros, cogí una carreterilla asfaltada. En este recorrido pude observar como un azor observaba el valle sobre un poste y en un momento determinado se dejaba caer suavemente sobre las aguas del pantano sin apenas mover las alas. La carreterilla bordea el pantano y nos lleva a Villar de Farfón. 

  Una senda poco señalizada pero sin pérdida me lleva a Rionegro del Puente. Detrás del Santuario de la Virgen de la Carballeda, a la izquierda de la carretera, descanso y tomo un café. El propietario del bar me contó la siguiente leyenda:  

  “Un peregrino se encontró en su camino con la imposibilidad de cruzar el río Negro debido a una gran crecida. Invocó a la Virgen, la cual ayudó al peregrino a cruzar el río utilizando su capa como si de una barca se tratara. Finalmente al llegar a la otra orilla se agarró a la rama de un gran carballo. Fue en ese lugar donde el peregrino construyó una ermita que con el paso de los años se convirtió en el santuario que ahora nos encontramos”. 

  En la fuente enfrente de la Iglesia lleno la botella de agua, el calor empieza a notarse. 

  Se sale hacia Mombuey por un camino a la derecha de la N-525 que se toma en el mismo Rionegro y que cruza bajo la autovía. Al llegar a la carretera de Santa Eulalia el camino desaparece y quedan dos alternativa: seguir los postes del tendido eléctrico campo a través o el arcén de la N-525. Me encuentro cansado y decido seguir por la carretera.  

  En un bar de carretera aprovecho para tomar un café y tomarme un respiro. 

  Una hora después estoy llegando a Mombuey con un calor insoportable. Me dirijo al albergue y una nota me indica que las llaves las dan en el Hostal A Rapina. Allá me dirijo. Pido las llaves y me dicen que el alcalde tiene que darme las llaves. Me pasan a un despacho y el señor alcalde, y propietario del hostal, me somete a un interrogatorio con no demasiadas buenas maneras. Me da la sensación que no le hace gracia que el albergue le haga la competencia. Llama al alguacil y le dice que me lleve al albergue.  

  El albergue parece un almacén en el que hay de todo. Hay dos camas de hospital y varios colchones en el suelo. Después de asearme decido ir a comer al hostal. Cuando estoy llegando veo a dos peregrinos que vienen por la carretera. 

  Son dos amigos del camino, que han empezado en Sevilla y que hacen medias de 50 y 60 kilómetros diarios, ¡una barbaridad! Les indico donde está el albergue y vamos a comer juntos. Me cuentan que ellos se levantan a las tres de la madrugada y a medio día suelen estar en destino. Se conocieron hace un par de años en el camino Francés y congeniaron tan bien que año tras año siguen juntándose para hacer diferentes caminos. Me sorprende las medias pues no son gente joven, deben rondar los sesenta años. Hacen muchas etapas casi por carretera para ser más directos. Hoy vienen desde Tábara.  

  Después de una opípara comida y de una copita de orujo, me satisface tener un rato de conversación con gente que está realizando una andadura similar. 

  Después marchamos a una merecida siesta. A las siete visitamos la iglesia que tiene una bonita torre románica. Tomamos unas cervezas y una tabla de embutidos, antes de marchar al reposo del peregrino. La jornada ha sido más tranquila que días anteriores pero mi ánimo no estaba muy boyante. Voy notando los días y el cansancio. No todos los días se encuentra uno en plena forma. El contacto con otros peregrinos me vitalizó. 

  Los números del día son los siguientes: 

  Fecha .- 15 de junio del 2004.

  Pasos.- 32800.Kilómetros.- 23,8 kms.

  Hora de salida.- 7:00.

  Hora de llegada.- 13:30

  Tiempo andando.- 6 horas

05/04/2007 12:48 Autor: Alberto. #. Tema: Historias y leyendas No hay comentarios. Comentar.

Décimo sexta y décimo séptima: Mombuey - Lubian

 

Décimo sexta jornada: Mombuey – Puebla de Sanabria  (16-6-2004)

  A las tres de la mañana mis compañeros de albergue se despertaron y se prepararon con bastante consideración en no hacer ruido. Era de noche cerrada y me pareció un absurdo salir tan temprano. Hacer medias etapas sin poder ver el paisaje y con una linterna en la mano no me parece la mejor forma. Les despedía con el “buen camino”, me di la vuelta y me quede roque hasta las 6 y media. 

  Cuando salí había dos luces pero suficientes para caminar observando por última vez la torre románica. 

  Tras cruzar la autovía me espera un precioso bosque de robles. En esta jornada se suceden los pueblos cada 4 o 5 kilómetros. El primer pueblo que nos encontramos es Valdeverilla, apenas cuatro casas con mucho encanto. Entrepeñas y  Asturianos. En este aproveche para tomar el almuerzo y descansar en una terraza de un bar durante una hora larga. 

  Cernadilla es el pueblo más importante en esta primera parte. La característica más destacada de esta localidad es la nobleza que desprenden muchas de sus casas, que denotan épocas pasadas esplendorosas. 

  En el centro del pueblo, y rodeada por completo, se encuentra la parroquia, cuya construcción data del siglo XVII. Su presbiterio se cubre con una bóveda de crucería estrellada. Los retablos son discretas piezas barrocas, no excesivamente complejas en su diseño. De su exterior destaca, sobre manera, la torre, una esbelta obra realizada con sillería granítica. 

  Una de sus pedanías es San Salvador de Palazuelo. La localidad cuenta con dos ermitas la del Cristo y la de Santa Lucía, las dos restauradas. A estos dos edificios religiosos hay que añadir la iglesia parroquial, con portada románica. El cuerpo del templo es posterior al igual que su torre. 

  Después pasamos por Entrepeñas donde su ermita nos recibe un poquito antes de entrar en su plaza donde su fuente me permitió llenar la botella de agua. Salí del pueblo y tras unas cuantas revueltas pasé por un puente por encima de la autovía desde donde ya es posible ver la siguiente población. 

  Un poco después se llega a Asturianos con su imponente iglesia de la Asunción, aquí aproveche para tomar el almuerzo y descansar en una terraza de un bar durante una hora larga. 

  Aquí el calor empezaba a notarse y a agitar el ánimo. Desde aquí el paisaje se estropea, no es nada cómodo con muchos tramos llenos de maleza. Sin embargo tiene sombra, pues discurre por el bosque. Llegue a Remesal donde una señora me contó que en su pequeña ermita se encontraron Fernando el Católico y Felipe el Hermoso para resolver los enfrentamientos sucesorios producidos tras la muerte de Isabel la Católica. Por un camino un poco tortuoso llegue a Otero de Sanabria, aquí ya estoy un poco harto de tanto cruce y decido seguir por la N-525, y así hago los últimos 5 ó 6 kilómetros. 

  A la entrada encuentro el hostal la Trucha donde como y pido habitación para pasar la noche. 

  A las seis de la tarde, después de un rato de siesta subo hasta el castillo de Puebla de Sanabria por unas empinadas escaleras que me llevaron hasta el castillo levantado por Rodrigo Alonso Pimentel. Paseo por sus calles estrechas observando la ermita de San Cayetano, el convento de San Francisco y la Casa Consistorial. Es un pueblo fascinante que te introduce en una época diferente. Sus casa blasonadas crean un carisma especial y fascinante. 

  Entro en la Oficina de Información y cuando estoy hablando con la muchacha que lo atendía aparecieron mis amigos franceses Francine y Claude. Ellos han cogido el autobús desde Mombuey, y mañana vuelven a su tierra. ¡Qué alegría volver a ver a gente no esperada! ¡Qué alegría volver a saludar a buenas personas que tienen inquietudes similares a las mías! Prometen volver al camino al año siguiente para completar el trecho que les queda. 

  Después de despedirmos tomé un par de vinos de las tierra en uno de los múltiples bares y me fui a la cama para estar fresco al día siguiente. 

  Los números del día son los siguientes: 

  Fecha .- 16 de junio del 2004.

  Pasos.- 45428.Kilómetros.- 31,8 kms.

  Hora de salida.- 7:00.

  Hora de llegada.- 16:00

  Tiempo andando.- 8 horas

Décimo séptima jornada: Puebla de Sanabria - Lubian  (17-6-2004)

  El día amaneció temprano, como todos los días en el camino. Es importante madrugar para aprovechar las horas frescas de la mañana para hacer la mayor parte del camino. Llego hasta el río Castro, que se cruza por el puente tomando la antigua carretera N-525 otra vez. Hoy para empezar toca recorrerla durante casi ocho kilómetros. Es una auténtica pesadez. En algún momento intento seguir un camino paralelo pero el río me impide el paso y tengo que volver a la carretera. 

  Este tedio mañanero  se acaba en un camino bien marcado que sale a la derecha de la carretera que entre castaños y robles nos lleva hasta la iglesia porticada de Santiago de Terroso. Aquí sufrí una pérdida de casi una hora por distraerme en mis pensamientos y pasarme una flecha. Esto me obligó a retroceder con el consiguiente cabreo.  

  Poco a poco recorro los 8 kilómetros que hay desde Puebla a Requejo. Con tres horas de recorrido y como compensación a mi enfado entro en el bar-tienda que hay en el centro del pueblo donde tomo un desayuno reconfortante, sobre todo sabiendo que el puerto del día se inicia nada más salir del pueblo. 

  En este descanso llega un peregrino alemán que apenas habla español. El tendero me pidió ayuda para saber lo que quería. Con mi desastroso inglés y su horrible inglés conseguí descubrir que quería un poleo. Esta anécdota hizo que emprendiéramos el camino de subida al Padornelo. Esta subida son doce kilómetros que se inician por un camino y terminan en la carretera, antes de un túnel de medio kilómetro. Durante la subida se pasan varias naves abandonadas y una fábrica hormigonera, que debieron utilizar para construir la carretera. Esta subida es llevadera en la primera parte, pero en la última es un poco árida. El desnivel no es más que de 350 metros en cinco kilómetros, nada que ver con el desnivel del puerto de la Fuenfría que se ascienden 800 metros. Lo que si marca es el primero de los puertos de la entrada a Galicia. 

  El no pasear solo me abrevia el recorrido, aunque tengo que hacer auténticos esfuerzos para entender a Dietrich. Me comenta que es su segundo camino, el año pasado estuvo en el Francés y le encanto. Su única queja era lo concurrido que estaba. Por ello este año había decidido ir a uno más tranquilo. Empezó en Zamora y hasta ahora había realizado etapas cortas. Tiene 24 años y es cartero en un pueblo cercano a Berlín. 

  Cuando llegamos al Padornelo son las dos de la tarde y decidimos tomar una cerveza y descansar durante un rato. Es atendido por un matrimonio mayor que nos comentan que este año están habiendo muchos más peregrinos que los años anteriores. Nos cuentan que todos los días pasa alguno. 

  A las tres y media reemprendemos el camino. Enseguida se abandona la carretera por un caminito a la derecha. Aquí recorro uno de los tramos más bonitos de este camino entre hermosos robles y brezos y con un torrente de agua que se infiltraba en el sendero. Mi amigo decide parar un rato y yo ensimismado continuo intentando disfrutar del paisaje fantástico. 

  Paso a paso llego primero a Aciberos, pequeño pueblo sin ningún servicio para el peregrino. Después de él se continua por el camino fantástico hasta un poco antes de Lubian que  atravesamos bajo un puente la vía del tren. 

  El camino te lleva directamente al albergue, edificio nuevo con dos plantas. En el tomo posesión de una de las literas y me doy una ducha revitalizante totalmente sólo. Cuando estoy reposando en la cama llega mi amigo alemán que toma posesión de otra de las camas. 

  A las siete de la tarde nos damos una vuelta por el pueblo y buscamos la salida de mañana. Decidimos cenar en la casa rural Irene, donde nos damos una espléndida cena con una botella de vino que nos levantó la alegría. 

  Medio cantando nos fuimos a nuestro albergue donde estábamos totalmente solos. Entre el vino y el cansancio caímos como troncos. 

  Parece mentira que un lugar preparado para unos treinta peregrinos solo estemos dos. Son las cosas que no se terminan de entender. Pero disfrutemos de estas pequeñas ventajas que a veces nos da el camino. 

  Los números del día son los siguientes: 

  Fecha .- 17 de junio del 2004.

  Pasos.- 42714.Kilómetros.- 29,9 kms.

  Hora de salida.- 7:00.

  Hora de llegada.- 16:00

 Tiempo andando.- 8 horas

07/04/2007 11:23 Autor: Alberto. #. No hay comentarios. Comentar.

Décimo octava y décimo novena jornada: Lubian - Laza

20070407210611-c28.jpgDécimo octava jornada: Lubian – A Gudiña (18-6-2004)

   Me desperté a mi hora habitual y preparé mis cosas con calma esperando que mi amigo alemán se desperezara, me dijo que quería hacer el recorrido solo para pensar en su cosas y pensaba comprar algunas cosas en el pueblo. Así que emprendí el día sólo y agradeciendo el ir sólo, por que así podía ir a mi ritmo. 

  El camino comienza con una bajada hasta el río Tuela y poco después se llega al magnífico monasterio barroco de la Tuiza y un poco más adelante a la ermita de la Virgen de las Nieves. Aquí hay un área de recreo en el que es posible descansar un rato. 

  Desde aquí se inicia la subida por un sendero lleno de vegetación del puerto de A Canda. Esta subida, que nos llevará hasta Galicia, es mucho más brusca que la del Padornelo, 300 metros de desnivel en tres kilómetros y medio. La subí con cierta soltura y sin hacer paradas. Arriba llegue a las dos horas de iniciar el recorrido y decidí parar en la fuente junto a la antigua nacional. 

  En este punto hay un deteriorado mirador con una magníficas vistas sobre Zamora llegando a divisar el Padornelo. Aquí también se encuentra un letrero que nos indica el cambio de provincia, entramos definitivamente en Ourense. También en este punto podemos ver la primera escultura en piedra con motivos jacobeos de Carballo, estas nos acompañarán en todos los cruces importantes.  En este punto se inicia una trepidante bajada tan pronunciada como la subida que nos lleva hasta el primer pueblo gallego, A Canda. Es un pequeño pueblo sin ningún servicio para el peregrino. Un poco más abajo nos encontramos el pueblo de Vilavella. Este si que tiene una zona de servicios, bares, restaurantes, tiendas y hostales. Aproveche para tomar el desayuno, después de tres horas y media de camino. 

  Continuamos la bajada, ahora ya algo menos brusca hasta O Pereiro, en este encontramos la bella ermita de Ntra. Sra. De Loreto.  Aquí se acaba la bajada y se inicia otra subida lenta pero ya muy pesada por el recorrido que llevamos que nos lleva a O Canizo. 

  Aquí aproveche para tomar una cerveza y de paso tomar una ensalada en un bar que abre al paso del peregrino. La señora que lo atiende cuando me vio pasar me dijo que pasara y descansara un rato en su pequeño bar. Se estaba muy fresco en el interior en comparación del calor de ese día de junio. 

  A las dos y media de la tarde reemprendí la marcha con el ánimo un poco más templado. No tenía prisa pero los cuatro kilómetros que separan de A Gudiña se hicieron apenas en una agradable hora por caminos en bajada. Un poco antes de entrar en la población se atraviesa por un puente la Autovía y en medio kilómetro mas se llega al centro del pueblo. 

  Busque el albergue y enseguida me encontraba en él, tuve que llamar a un teléfono que marcaba y apareció un miembro de protección civil que tomó nota de mis datos. El albergue tiene 24 plazas en 12 literas en la parte superior y un salón y cocina bastante grandes en la parte baja. Mientras me duchaba aparecieron dos peregrinos que venían del alto del Padornelo. Uno era sevillano y otro uruguayo habían iniciado el camino en Sevilla. Hacían etapas de cincuenta kilómetros. Me comentaron que en Zamora se habían cruzado con el peregrino catalán que iba en sentido contrario. 

  Me eche una espléndida siesta antes de recorrer el pueblo. Visité la Iglesia de San Martiño. Recorrí durante unos metros el camino del próximo día que pude observar que era por una carreterita en subida. 

  De vuelta al albergue para dejar las vituallas del día siguiente estaba mi amigo alemán. ¡Que novedad estar cuatro peregrinos en un albergue! 

  Cenamos en el restaurante Carlos una espléndida cena rodeados de una excursión a Santiago que había salido esa mañana desde Madrid. Nos miraban como bichos raros. Ellos consiguen llegar en un solo día y a mi me costará más de veinte.  

  Después de un buen orujo y un paseo nos dirigimos a descansar en el albergue. Nuestros compañeros nos dijeron que ellos partirían a las cinco de la mañana pues querían llegar a Villar de Barrios. 

  Los números del día son los siguientes: 

  Fecha .- 18 de junio del 2004.

  Pasos.- 33714.Kilómetros.- 23,6 kms.

  Hora de salida.- 7:00.

  Hora de llegada.- 15:00

  Tiempo andando.- 6 horas

 Décimo novena jornada: A Gudiña - Laza  (19-6-2004)

  En esta jornada tendríamos dos posibilidades ir por las Ventas hasta Laza o bien ir por Verín. Decido que me resulta más atrayente un recorrido de montaña donde estaré más de 15 kilómetros a más de mil metros de altura. 

  A las 5 de la mañana nos despiertan nuestros compañeros al hacer su equipaje, pero apenas en 10 minutos vuelve el silencio y conseguimos dormir sin ningún problema hasta las 6 y media. A estos compañeros no los volveremos a ver como suele pasar constantemente en el camino. Aquí cada cual lleva su ruta y marca su marcha, tiene un enorme parecido con la vida, donde tenemos que tomar constantemente decisiones que nos acercan o nos alejan de los compañeros de viaje o de vida. 

  Diaetrich y yo marchamos después de tomar un yogur y unas cuantas galletas. El día se presenta a primera hora como lluvioso y es preciso que pongamos el poncho. Es un sirimiri ligero que durante una hora nos irá refrescando. La verdad es lo agradezco después de tantos días de solanera y de agobios. Se empieza el recorrido por una carreterita en la que sólo pasó un coche en los 10 kilómetros que la seguimos. Poco a poco vamos ganando altura hasta que en cinco kilómetros llegamos a Venda do Espiño da Cerderira. Son apenas cuatro casas con un par de explotaciones ganaderas y un cerezo al que debe su nombre la población. Sólo nos cruzamos con un campesino vestido con un mono azul y que iba arreando sus vacas. Ni siquiera se detiene a mirarnos. Debe estar su mundo tan lejano de nuestra peregrinación que no le debe causar ninguna sensación y prefiere ni observarnos. Desde aquí las vistas son espléndidas sobre la Sierra Seca. Nos acompaña intermitentemente los túneles del tren que une Puebla de Sanabria con Ourense. 

  Seguimos por la carretera con unas vistas maravillosas y solitarias y notando que el ascenso se ha suavizado y estamos empezando a llanear. Sigue así el recorrido hasta Venda  Teresa. Aquí no vemos a ningún persona. Al salir de la población no volvemos a la carretera sino que se coge un camino que nos lleva hasta la siguiente Venda, Venda Capela. En este punto comenzamos a ver el Embalse das Portas y por detrás la sierra de San Mamed, la sierra de Queixa y los montes do Invernadeiro, dominados por el pico Seixo, Majadales y Cabeza de Manzaneda. Es vista se tendrá hasta la bajada a Campobecerros. Por el camino que llevábamos llegamos a otra carreterita, diferente a la que llevábamos. 

  Cuando llevamos 14 kilómetros llegamos a la Venda da Bolaño, la última. También sin ningún servicio para el peregrino. Un poco después se inicia un descenso brusquísimo hasta Campobecerros donde llegamos con 20 kilómetros en las piernas y sin un solo descanso. Son las 11 y media de la mañana y se impone un descanso. Este lo conseguimos en un bar. Recogemos el poncho y el ánimo se nos alijera. El sudor nos había deshidratado. Tras una cola y un bocata sentimos como las fuerzas vuelven. Las vistas de esta etapa son incomparable y vale la pena el esfuerzo de realizarla. Es magnífica la iglesia de la Asunción con un moderno Santiago en la portada. 

  Se sale hacia Porto Camba por una carreterita que apenas en tres kilómetros nos coloca en el centro del pueblo. Se deja la aldea y se sube hasta una cruz, erigida en memoria de los peregrinos fallecidos en el Camino. Las vistas vuelven a ser fabulosas. Aquí se coge una pista asfaltada que de forma muy decidida empieza a bajar. 

  Una hora después, y ya cerca de las dos de la tarde llegamos a As Eiras un hermoso pueblo que recibe maravillosamente a los peregrinos. Tienen preparada un área de descanso con una fuente y un comedor de madera. Aprovechamos para descalzarnos un rato para que nuestros sufridos pies respiren y descansen. También damos cuenta de las viandas que llevábamos en la mochila. Estuvimos cerca de una hora disfrutando de las vistas espléndidas.   

  Continuamos el recorrido por un pista de tierra que sigue bajando decididamente, se pasa de mil cien metros a menos de quinientos en diez kilómetros. 

  A las seis de la tarde llegamos a las estribaciones de Laza, donde preguntamos por el albergue a un agricultor que estaba limpiando los campos de patatas. Nos dirigió directamente a protección civil. Este pueblo nos pareció toda una ciudad después de las aldeas recorridas. Aquí nos sellaron las credenciales y con un todoterreno nos acercaron al mismo, son apenas quinientos metros que agradecieron nuestras piernas. 

   El albergue es todo un lujo baste decir que se parece más a un Centro Cultural. Aprovechamos para refrescarnos y descansar un rato antes de dar una vuelta por el pueblo. Había un peregrino mayor y una pareja que iniciaba hoy el camino. El de protección civil nos dijo que había algo de comida en la nevera y si comprabamos algo en la tienda no era necesario que saliéramos a cenar. Había un plato de espaguetis, un par de tomates y unas magdalenas. Así que nos fuimos a comprar una lechuga, un para de botellas de vino y algo de embutido a la tienda. Y otra sorpresa la tendera nos dio dos paquetes de yogures que caducaban dos días después y unos donuts para el desayuno. Antes de que se estropeen los artículos ella los da a los peregrinos para que los consuman. Esto dio lugar a una magnífica cena peregrina. 

  Dietrich y yo dimos una vuelta por el pueblo viendo entre otras cosas su hermosa iglesia gótica de San Xoán y un cruceiro sobre cuatro pilares. 

  Cuando volvimos al albergue había llegado un bicigrino de Barcelona que se unió a nuestra cena. Después de esta departimos en el salón durante un buen rato, contando las diversas experiencias y escribiendo en el libro de peregrinos. 

  A las diez y media de forma automática se apagaron las luces del albergue y nos marcó el momento de ir a dormir. 

  Etapa agotadora pero bellísima. Tuvimos la suerte de que las nubes nos acompañaran, en caso contrario es tremendamente necesario proveerse de agua y víveres. 

  Los números del día son los siguientes: 

  Fecha .- 19 de junio del 2004.

  Pasos.- 48857.Kilómetros.- 34,2 kms.

  Hora de salida.- 7:00.

  Hora de llegada.- 18:30

  Tiempo andando.- 9 horas

07/04/2007 21:06 Autor: Alberto. #. No hay comentarios. Comentar.

Vigésima y Vigésima primera jornada: Laza - Ourense

20070407211245-d9.jpg  Vigésima jornada: Laza -  Xunqueira de Umbía (20-6-2004)

Después de una magnífica noche durmiendo a pierna suelta el despertador sonó a las seis y media despertándome de mi sueño. Enseguida me levante y empecé a organizar la mochila. Dietrich le costó un poco más levantarse, estaba cansado después de la etapa del día anterior. Hoy soy quería llegar a Vilar do Barrio, tenía todavía diez días para volver a Alemania y pensaba tomárselo con calma. Yo tenía pensado llegar hasta Xunqueira. 

  Salimos de este fantástico albergue y enseguida cojemos la OU110, que va a ser nuestra compañera hasta Vilar do Barrio. Durante un kilómetro no vemos ninguna flecha y dudamos si nos abremos equivocado, de todas formas continuamos y por fin encontramos un desvío que nos lleva a cruzar el río Támega. Se puede disfrutar al principio de esta etapa de un hermoso bosque en el que se pueden distinguir algunos molinos antiguos. 

  El camino no tiene más incidencias hasta Tamícelas que se llega sin ningún problema en hora y media de tranquilo paseo. Aquí se inicia la subida del día. Es un ascenso brusco, que en tres kilómetros sube un desnivel de 500 metros. Se inicia por una pista zigzagueante en buen estado, donde hay sombra pinos. Pasado el primer desvío se abandona la pista y la sombra de los pinos y se toma