Camino de Santiago desde Madrid |
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Descripción de "Mi Camino de Santiago desde Madrid". Alberto Ibáñez.
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CAMINO DE SANTIAGO DESDE MADRID (Prólogo)![]() CAMINO DE SANTIAGO DESDE MADRID (Prólogo) (Viaje iniciado el 26/1/2002) Entrega 1ª (28/5/2006) Disertaciones sobre el inicio de la aventura El primer viaje a lo largo del Camino de Santiago me ha creado un “mono” especial. Muchas veces me encuentro a mí mismo rememorando ese recorrido de una semana que se produjo en Agosto del 2001. Fue un placer agotador y vivificante. El Camino tiene un enganche especial. Es un periodo de tiempo donde los problemas diarios desaparecen y comienzas una nueva vida, los conflictos se ajustan a los que crea el Camino y desaparecen los que existían antes y los que se piensa que sucederán después. Es un paréntesis en una vida. El esfuerzo es considerable, pero también halagador, pues consigues metas físicas impensables antes de comenzarlo. Creas una distancia con la vida diaria que te hace reconsiderar muchos de los actos y vivencias realizados hasta ese momento. El Camino es nacimiento y distancia. Es muy corriente oír a gente que lo ha realizado que era un antes y un después. Este nuevo reto en mi vida se inicio leyendo en internet la página de la Asociación de Amigos de los Caminos de Santiago de Madrid, en ella se describía el recorrido desde Madrid a Sahagún. Me captó la idea de poder salir desde mi casa y en el mismo día encontrarme recorriendo el Camino. También me ilusionó recorrer el valle de la Fuenfría en el Camino después de haberlo recorrido cientos de veces sin otra finalidad del placer de disfrutar de la montaña madrileña. Así mismo me serviría para coger la forma necesaria para a primeros de Junio realizar el Camino desde Roncesvalles. Estos pensamientos e ilusiones me llevaron a la calle Carretas número 14 y afiliarme a la Asociación de Madrid. Me recibieron dándome de nuevo una charla sobre el Camino de Santiago, esta vez fue menos numerosa, apenas 5 personas y dos monitores, y mucho más participativa. En la anterior, la habitación estaba a rebosar y me costo más de media hora entrar, en esta la entrada fue directa. Cuando salí de la reunión manifesté la intención de asociarme. Me recibieron con los brazos abiertos. Era el 15 de enero del 2002. También conseguí la guía “Camino de Madrid a Santiago de Compostela”. Con ella en la mano y con gran ilusión decidí comenzar la andadura cuanto antes. Con el objetivo en la cabeza me propongo dedicar cuatro fines de semanas para ir acercándome a Segovia y luego desde allí avanzar de forma continua hasta Santiago. No tengo prisa en finalizar el paseo, me gusta que los placeres duren y este es uno importante. Ir despacio respirando el ambiente de los pueblos y tierras que caminas es intentar vivir la realidad de las gentes que viven en esos parajes. Me atrae lo poco conocido de la ruta y él encontrarme en cantidad de momentos en soledad conmigo mismo. Fue desastrosa la experiencia del año pasado, cuando encontré en la etapa Puente de la Reina a Estella a cientos de personas haciendo el Camino y compitiendo por llegar al albergue antes que los demás. No importaba disfrutar del recorrido solo encontrar una cama al final del día. En este recorrido al saber la escasez de albergues no hay prisa en llegar pronto a los puntos de destino. Siempre nos estará esperando el albergue, hostal, camping o bóveda celeste. Tampoco estoy dispuesto a realizar grandes etapas, creo que con 25 o 30 kilómetros diarios es suficiente, me interesa ir despacio descubriendo las maravillas del paseo. Mañana iniciaré el recorrido e iré describiendo poco a poco mis experiencias y mis paseos. Pero bueno, las cosas se inician paso a paso y la primera etapa ya está ahí. El equipaje intentaré que sea ligero, en estas primeras etapas en las que iré y volveré a Madrid en el día, me limitaré a llevar algo de comer y de beber, una gorra y la ropa de abrigo necesaria para la época del año. Supongo que con 3 o 4 kilos será suficiente. Más adelante cuando pase Segovia y necesite emplear más tiempo tendré que incrementar peso y cachivaches. De todas formas intentaré no sobrepasar los 8 kilos. Después de esta disertación creo que es el momento de iniciar la aventura.
Primera jornada: Puerta de mi casa hasta estación de Tres Cantos![]() Puerta de mi casa hasta estación de Tres Cantos El despertador empezó a sonar a las 6 y 20 de la mañana del día 26 de enero del año 2002. Mi cuerpo se resistía a salir de entre las sábanas, toda la semana levantándome a esta hora maldita y hoy otra vez. Estos pensamientos duraron un momento, enseguida caí en que hoy era el día en él que comenzaba mi Camino. Me levanté, me aseé y enseguida estuve preparado con los bártulos. Mientras tomaba un vaso de leche, medité el recorrido a seguir, decidiendo alcanzar Atocha y desde ahí seguir el Paseo del Prado y la Castellana hasta Plaza Castilla. La guía aconsejaba iniciar el camino en la iglesia de Santiago, pero a mí no me apetecía coger el autobús y el metro para acercarme hasta ahí, y luego comenzar el paseo, prefería iniciarlo directamente y no desviarme. Esta tarde ya me acercaría a realizar la visita oportuna al Santo, cosa que me parecía una obligación al iniciar el Camino que lleva su nombre y ponerme bajo la advocación. A las 7 horas y 7 minutos comencé el Camino subiendo la calle Méndez Álvaro con unas calles medio vacías. Era de noche y la niebla lo cubría todo. No hacía frío pero sí bastante humedad. Los primeros pasos se hicieron pesados al ser de noche. En un cuarto de hora me encontraba en Atocha, Glorieta de Carlos V, he inicié el recorrido por el Paseo del Prado, el Paseo de Recoletos y por fin por el Paseo de la Castellana. Pasé por las plazas de Neptuno, Cibeles y Colón. En una hora me encontraba en la Plaza de Colón y todavía era de noche, en este recorrido me encontré con gente que volvía de la juerga nocturna del viernes. En la siguiente hora continué por el Paseo de la Castellana recorriendo la Plaza de Emilio Castelar, Nuevos Ministerios, el estadio Santiago Bernabeu y por fin la plaza de Castilla con sus dos enormes torres inclinadas formando la llamada Puerta de Europa. Eran las nueve menos cuarto cuando decidí entrar en un bar a tomar un café y un croissant, y a evacuar aguas menores. Desde que había salido de casa todo el recorrido aunque de una forma suave tiende hacia arriba. El desayuno que tomé de pie duró apenas 15 minutos pero me devolvió el optimismo. Nada más salir del bar llegue a Plaza Castilla, donde vi a bastante gente preparada para ir al campo, llevaban mochilas con palos extensibles y caras de optimismo. Pensé que ellos todavía no habían comenzado el paseo y yo ya llevaba 2 horas andando. Ellos esperaban reunirse para marchar a la estación de Chamartín y desde allí coger el Cercanías que va a la sierra. Enseguida note que el recorrido empezaba a llanear. Todo el recorrido hasta aquí había ido por el lado derecho según se sube a Plaza Castilla, pasada la plaza crucé al otro lado pues según la guía había que pasar por la calle anterior al Hospital de la Paz. Rápidamente alcancé la Ciudad Deportiva del Real Madrid y, ¡sorpresa! La primera flecha amarilla. Esta está pintada en el muro de piedra de la Ciudad Deportiva. Mi ánimo se levantó al confirmar que estaba en el buen camino. La flecha es un acompañante constante que da seguridad, cuando se lleva un rato sin encontrarla se duda y se intranquiliza el caminante. Nada más terminar la Ciudad Deportiva torcí a la izquierda por la Calle Arzobispo Morcillo, di la vuelta por detrás y mantuve a mi derecha el Hospital de la Paz. Cuando terminé la calle Pedro Rico me esperaba el puente de la Colonia Begoña que pasa sobre la autovía de Colmenar Viejo. Las flechas amarillas te llevan por el camino correcto. Después del puente por la calle San Mateo alcanzamos el otro gran Hospital del recorrido de hoy, el Sanatorio Ramón y Cajal. Avancé manteniendo a la derecha las Urgencias y posteriormente el edificio de Consultas Externas. Este recorrido te lleva entre el Hospital y la Autovía de Colmenar. Con estas en cinco minutos llegué a la avenida del Cardenal Herrera Oria, la atravesé al lado de la fábrica de Clesa. Las flechas te llevan por entre las casas del Poblado Dirigido de Fuencarral y unas pantallas acústicas que aíslan del ruido del ferrocarril y de los coches. Son trescientos metros no demasiado agradables. La ruta continua por la calle Caldas de Estrach hasta las pistas de la Federación de Tenis de Madrid, al final de las instalaciones y tras subir un pequeño terraplén llegué al Paseo de las Alamedillas y por el paseo central de un parque al puente que permite cruzar la Autovía. En este punto llevaba tres horas de paseo y se puede considerar que finaliza la ciudad de Madrid. Crucé el puente, que tiene un intenso tráfico, y por la carretera que lleva al Pardo me dirigí a las tapias del Cementerio de Fuencarral. Todo este trozo se realiza por las obras de urbanización del Pau “Monte Carmelo”. Ya están muy avanzadas y se va todo el rato por aceras. Esta urbanización en poco tiempo (tres o cuatro años) se convertirá en una barriada de más de 25.000 personas, es enorme el terreno urbanizado, de momento están introduciendo las canalizaciones y realizando las parcelaciones y asfaltados. Seguí la tapia del Cementerio y cuando debía girar a la izquierda para ir a parar a un puente que pasa por debajo de la M-40 y de la vía férrea, encontré que el camino era un barrizal increíble formado por los camiones de hormigón. Esta zona la emplean para ir al lugar donde realizan la masa de cemento y arena. Intenté meterme pero el barro llegó a media bota, así que un poco cabreado decidí continuar por la zona urbanizada y luego retroceder por un sitio mejor. Llegué hasta una plazoleta de giro de coches donde terminaban las tierras removidas y por un terreno con vegetación alcance rápidamente un camino que se dirigía a las vías del tren. En este camino encontré un pobre galgo al que se le podía distinguir todo el costillar. Me miró con cara asustada. Es una pena la falta de corazón de la gente al abandonar a estos animales. Alcancé enseguida otro camino que iba paralelo a las vías férreas, vi un puente de piedra a la derecha, al cual me acerque intentando buscar las flechas amarillas. Al no localizarlas retrocedí y continué por el camino paralelo a las vías en dirección al Cementerio. Pasé otro puente pero continué hasta el túnel que pasa por debajo de las vías del tren y de la M-40. La vuelta que di me había hecho perder media hora. Continué de frente por un camino que me creaba alguna duda pues no distinguía las flechas, desde este punto las flechas son más escasas al no haber muchos sitios donde ubicarlas. Un poco más adelante me equivoque en una bifurcación, me fui a la izquierda cuando el camino bueno es a la derecha. Enseguida recuperé el camino bueno. La ruta es una ascensión suave de varios kilómetros hasta que se alcanza la valla del Pardo. Se está rodeado de viñedos y de alguna finca vallada. Es un cambio muy brusco el contraste de estar rodeado de coches y de edificios a estar en un paisaje de suaves lomas solitarias. El tiempo continuaba nublado, y sin perspectivas de salir el sol, y me encontraba bien físicamente. Mi cabeza fantaseaba al tiempo que buscaba las flechas amarillas. Al poco rato encontré la valla del Pardo la cual hay que tenerla constantemente a nuestra mano izquierda y no abandonarla hasta el Goloso. Enseguida el camino te encajona entre la valla y las vías del tren durante varios kilómetros. A mitad de este recorrido hay un puente que atraviesa las vías, el cual hay que evitar (no sé por qué pero como la guía lo dice yo lo repito aquí). Después se llega a una explanada donde hay una puerta cerrada que da acceso al monte del Pardo y desde donde se divisa ya el apeadero del Goloso. La vía se lleva en este momento a la izquierda. En el apeadero del Goloso busque la máquina de refresco que indicaba la guía pero fue imposible encontrarla así como tampoco a persona alguna. Eran las 12 menos cuarto cuando llegué y decidí hacer el segundo descanso del día sentado en uno de los bancos de la estación. Me tomé uno de los bocatines que llevaba junto con un buen trago de agua. Apenas estuve 20 minutos sentado. En ese tiempo llego un tren del que bajaron tres muchachos, dos que iban Canto Blanco y uno que se dirigía andando al Pardo, este me preguntó el recorrido y le indique el camino contrario al que yo había llevado. Desde aquí sólo hay 12 kilómetros al Pardo, un paseo que debe ser muy agradable al transcurrir entre encinas, yo había hecho un tercio del mismo cuando caminé entre la vía férrea y la valla. Desde aquí se sigue el camino entre la vía férrea y la autovía. En bastantes tramos coinciden con el nuevo carril de sólo bicicletas. Se pueden ir observando las señalizaciones de la carretera, primero la salida del Cementerio, luego la salida Norte, después la salida Centro y por fin la salida Sur. En total son unos seis kilómetros animados por los ciclistas. Únicamente el tramo desde la salida Norte hasta la salida Sur que se hace por carretera molesta un poco a los pies. A estas alturas las fuerzas ya van bastante justas y los pies empiezan a doler. Desde la salida Sur se ven las instalaciones de Siemens y el tren de cercanías al otro lado de la autovía. Al tren se accede a través de un puente de peatones que va a dar en la parte trasera de la estación a la que hay que acceder pasando por debajo de las vías doscientos metros más abajo. Allí cogí el billete para Atocha Los números del día son los siguientes: - Fecha .- 26 de enero del 2002.- Pasos.- 36.811.- Kilómetros.- 25,768. - Como resumen puedo decir que es un paseo variado al transcurrir durante 8 kilómetros por las calles principales de Madrid, durante 4 kilómetros por una barriada de Madrid y durante el resto por suaves lomas de tierras calizas dedicadas a la agricultura y a la ganadería con algunos encinares. A las 14:30 ya me encontraba en casa de nuevo. Cansado pero satisfecho por lo realizado. Una buena comida, una ducha y una buena siesta me recompusieron para acercarme a las 19:30 a la Iglesia de Santiago y así cumplir con la promesa de inicio de peregrinación. Segunda jornada: Estación de Tres Cantos a Manzanares El Real![]() Segunda jornada: Estación de Tres Cantos a Manzanares El Real Eran las 6 de la mañana y el despertador sonaba, al borde de un ataque de nervios encendí la luz, no atreviéndome a apagarle por si me quedaba dormido. Era todavía más temprano que el día anterior (26/01/2002), jamás me acostumbraré. La lógica me decía que tenía que ser así, mientras que me arreglaba, llegaba a la estación y desde esta a Tres Cantos, debía madrugar para poder empezar el paseo temprano, pero mi mente se resistía a despertarse del todo. Esto duró hasta que me acerque al lavabo y el agua fría hizo efecto en mi cara. Tras vestirme y tomar un vaso de leche, preparé la mochila con la cantimplora llena de agua, una lata de foie-gras, una bolsa de panchitos y media barra de pan. Me puse el chubasquero y la mochila y me lance a la calle. Eran las 6:30 de la mañana (¡Qué gran locura!, creo que esto es un problema de edad). Subí la calle hasta la estación (1 Km aproximadamente). Hacía fresco pero el cielo estaba despejado y media luna me saludaba. Llegue a las 6:50 a la estación y me dirigí directamente a sacar el billete a Tres Cantos. A la 7:00 de la mañana llegó el tren, con una puntualidad increíble, aunque hay una reputación que los trenes siempre llegan tarde, mi experiencia es que es uno de los medios de transporte más fiable. El tren estaba lleno de trabajadores.Durante el trayecto aproveché para adormilarme pero resistiendo la tentación de caer en los brazos de Morfeo, por si me pasaba, cosa imposible, la última estación del tren que tomé era justamente mi destino. El tren marcaba 8 grados en Atocha y sólo 2 en Tres Cantos, se notaba el frío mañanero y era necesario abrocharse a conciencia el chubasquero. Era aún de noche cuando llegue a destino, el reloj marcaba las 7:40 horas cuando salía de la estación. Bajé hacia el túnel que permite el paso al otro lado de las vías. Pasado el puente giré a la izquierda y comencé la subida para ir a parar a la pasarela que permite cruzar al otro lado de la autovía. Esta subida está en obras y tuve que ir campo a través a buscar la pasarela. Mientras que la cruzaba, el aire de los coches y de la mañana me daba en la cara, y era muy frío. Me abrigué lo mejor posible y aceleré el paso para calentarme con el ejercicio. Enseguida retome la señalización de flechas amarillas, que en este punto gira a la izquierda para ir a buscar las instalaciones de la AT&T, que dejaremos a la derecha del camino. El día empezaba a amanecer y se veían los campos llenos de escarcha y la sensación era heladora. Hay un par de desvíos que junto con una pérdida de la señalización me hicieron dudar de mi buen camino, pero enseguida llegue al arroyo de la Tejada y vi la señalización de nuevo. Este arroyo me causó el cabreo del día. El arroyo es atravesado en cinco ocasiones durante la primera hora, y mis pies se mojaron en cuatro. Son pasos de hormigón que permiten el fluir del agua y el rodar de vehículos mojándose las ruedas, hay unas piedras de granito para que los peatones pasen. Esto es perfecto, pero teniendo en cuenta la humedad mañanera y del cauce, la distancia entre las piedras, su pequeño tamaño, y por último mi sensación de vértigo, las piedras están colocadas en el borde del hormigón, me obligó a evitarlas y pasar con tres zancadas el arroyo. El agua sólo cubría el empeine pero era suficiente para que los pies se mojaran. En las dos primeras apenas me moje pero el tercero y cuarto paso fue total la mojada. Si las piedras estuvieran más juntas y fueran un poco más anchas se podría pasar sin problemas. Yo tomé la decisión de mojarme los pies antes de caerme y mojarme entero. Imagino que en verano puede ser un auténtico placer estos pasos pero en febrero y a las 9 de la mañana es una pequeña odisea. Aparte de estos incidentes con el arroyo de la Tejada, el entorno es muy bonito, una chopera nos acompaña durante cerca de una hora. Hasta este momento solo hemos bajado 10 minutos y llaneado durante casi una hora, pero desde aquí hasta Colmenar todo será subir. Una vez pasado por última vez el arroyo me sorprendió ver una piedra con un azulejo con la concha de Santiago, patrocinado por la Comunidad de Madrid. Especificaba los kilómetros restantes a Santiago de Compostela, 649. En este punto las flechas marcan un camino amplio hasta el Cementerio de Colmenar Viejo, que le alcancé en una hora más. En este trayecto comenzó a darme el sol por la espalda cosa que agradecí, al templarme el animo enfadado de la última mojada. El paisaje es maravilloso, al frente se tiene la sierra de Guadarrama y a nuestro alrededor dehesas con ganado vacuno, que no nos abandonarán hasta llegar a destino, Manzanares el Real. En la sierra pude distinguir el Alto de Guarramillas (Navacerrada), la Maliciosa, Cabezas de Hierro y Valdemartín. El optimismo volvió por lo agradable de la mañana y por un aire limpio. Ni una sola nube se distinguía. Al cabo de dos horas, mi piernas llegaron al cementerio donde se inicia una fuerte subida por carretera que nos lleva a la ermita de Santa Ana. Aquí hay un cartel anunciador del GR.10 donde se especifican los caminos y senderos incluido él de Santiago. El camino atraviesa Colmenar. En la Iglesia dedicada a la Asunción de María hice una parada a rezar, apenas 5 minutos que me permitió ver las tres naves con bóvedas de crucerías. Destaca la torre de base cuadrada. Un hermoso templo del siglo XV. En un bar paré a desayunar y reposar un rato. Tomé un café con leche y dos porras. Me cobraron 1,50 euros y me pareció un poco caro, el local era una vulgar churrería con una barra donde servían bebidas, y de ninguna manera un local de lujo, el servicio era francamente deficiente. Pero bueno desde que hemos cambiado al euro cualquier precio es posible, imagino que con el tiempo la gente pondrá en su sitio los locales que se han “subido a la parra”. Después de pasar unas urbanizaciones nuevas, la señalización nos lleva a un camino que baja hasta la carretera C-607, hay varios cruces perfectamente señalizados y él más significativo se encuentra a un kilómetro, teniendo que tomar en este la desviación de la derecha. En este trozo entablé conversación con un muchacho que iba con una niña en su carrito. Me comentó que vivía en Colmenar y que su calidad de vida había aumentado desde que se encontraba viviendo aquí, sin ningún esfuerzo tenía contacto directo con la naturaleza y si quería disfrutar de la ciudad en 30 minutos estaba en el centro de Madrid. Este trayecto es muy agradable, a derecha e izquierda las instalaciones ganaderas te acompañan encajonado entre dos vallas de piedra de granito. Tuve que quitarme el chubasquero, el calor era considerable. En media hora llegué al cruce de la carretera de Colmenar-Cerceda con el río Manzanares, el cual atravesé por un puente. Desde aquí nos esperan una hora y tres cuartos de subida constante, aunque nunca brusca. Este paseo se realiza por una vía pecuaria vallada a ambos lados. Elementos significativos son la explotación ganadera “La Venta”, a 10 minutos del puente, y 50 minutos después, y a la izquierda del camino, la finca Valderrevenga. En este trayecto me encontré con un par de ciclistas, 6 motoristas que iban a toda velocidad metiendo ruido y levantando polvo (muy desagradables), 2 “quad”, creo que se llaman así esos vehículos que tienen 4 ruedas, que también metían excesivo ruido; y un par de todo terrenos, es decir, más polvo a tragar. Este trozo va entre enormes fincas ganaderas, algunas de toros bravos. Pese a todo el ruido y polvo, la mañana era perfecta para pasear. Las dehesas y las montañas nevadas del fondo forman un entorno de incomparable belleza a muy pocos kilómetros de una gran ciudad como Madrid. Estoy encantado de poder pasear conociendo parajes dignos de ser conocidos. Un kilómetro y medio después de la finca Valderrevenga el Camino tuerce a la derecha, empinando la ruta hasta una cota existente a 1 kilómetro. Desde la misma es posible ver ya el pantano de Santillana y el pueblo de Manzanares el Real. El pantano estaba un poco escaso de agua debido a la sequía. El Parque Natural de la Pedriza son las murallas de este hermoso pueblo de dos castillos, uno en ruinas y desconocido, y el otro reformado y famoso. Ya sólo queda la bajada que se realiza en apenas media hora. La realizaremos por un camino señalizado perfectamente por las flechas amarillas hasta que llegamos al puente que cruza el pantano. Desde el puente en 20 minutos se llega al cruce de la carretera que va de Soto a Cerceda. Un poco más allá cruzamos un puente sobre el río Manzanares, que nos da la entrada al pueblo. A la plaza del pueblo llegué justo cuando aparecía el autobús de la 13:15 con destino Madrid. Así que sin tiempo ni para un refresco me subí al mismo. Las terrazas de los bares estaban llenas de gente tomando un sol tremendamente agradable. Me tentó la idea de esperar al siguiente bus y poder sentarme en una de esas maravillosas sillas. Pero el llegar pronto a casa fue más estimulante. Era un bus de doble longitud, con una especie de muelle a la mitad. Este bus hace múltiples paradas y tarda unos 50 minutos en llegar a Plaza Castilla. Aunque cuando me subí sólo estaban ocupados algunos asientos, cuando pasamos Colmenar Viejo estaba casi lleno. El tiempo de autobús lo aproveché para tomar algunas notas del recorrido y para comer la bolsa de panchitos, el hambre empezaba a apretar. A las 15:30 ya me encontraba en casa dispuesto a una ducha reparadora y a una buena siesta. Aunque estaba cansado, era mucho menos que la semana pasada. Los números del día son los siguientes: - Fecha .- 2 de febrero del 2002.- Pasos.- 34.310.- Kilómetros.- 24,02.- Tiempo andando.- 5 horas y 20 minutos. Como resumen se puede decir que es un paseo maravilloso entre dehesas de ganado bravo y con vistas a la Sierra de Guadarrama. Tercera jornada. Plaza de Manzanares El Real a Estación de Cercedilla![]() Tercera jornada. Plaza de Manzanares El Real a Estación de Cercedilla Esta mañana ha sido deseada durante toda la semana, con la esperanza que un día tan fantástico como él del sábado pasado se repita el próximo, y me deje caminar. La semana ha sido tremendamente dura, la presión me rodea. El trabajo ha llegado a obsesionarme cosa que no me pasaba desde hacía mucho tiempo. Antes había periodos de presión y periodos de relax, pero ahora todo es presión ascendente. Noto que hay momentos en que mi carácter está cambiando. Los dos últimos lunes, después de haber caminado, me encuentro lleno de energía y con ganas de emprender la tarea. Según va pasando la semana las energías van desapareciendo y aumentan las ganas de que llegue el sábado para emprender la marcha. Pensaba realizar estas primeras cuatro etapas a lo largo de dos meses, pero creo que las voy a realizar en menos de uno. Además las ansias de relax me llevan a pensar en emprender nuevas aventuras. El ejercicio y la naturaleza me hacen olvidar la presión laboral. Esta semana es posible enrollarme en pensamientos y ansias de los días previos, la etapa es tan corta que lo permite. Además, estos escritos son solo el diario de un peregrino, y como tal debe estar lleno tanto de las cosas que nos vamos a encontrar como de las sensaciones a lo largo de la peregrinación. También es cierto que esta peregrinación es un poco peculiar, por no tener una continuación diaria. Esta periodicidad semanal incluye los días laborales, que en el fondo son días de preparación para la etapa del sábado, y me interesa tanto la parte física como la mental. El ser humano es un todo del que no se puede separar lo físico y lo espiritual, por tanto todo lo que sucede desde que se inicio el paso hasta su fin, interesan a este relato. Como es habitual se comenzó el día con la música del despertador martilleándome las sienes, en un día que no me tocaba levantarme tan temprano. Eran las 6:45 de la mañana, casi como todos los días. Hoy no he dudado y me he levantado con una cierta decisión, sabía que la etapa era más suave que los días anteriores y que esta tarde la siesta era posible. Después de lavarme y meter en la mochila la cantimplora y una bolsa de frutos secos he salido de casa con ansia de llegar a Plaza Castilla, eran las 7:15. Andando llegué a la calle Delicias donde cogí el bus 45 hasta Atocha, donde a su vez cogí el 27 que me llevaba hasta Plaza Castilla. A las 7:55 me dirigí hacia un bar a tomar un café con leche con porras, es necesario empezar el día con energías. Cuando llegué a la cola del autobús este entraba en el andén en ese momento. Aunque había bastante gente no había demasiadas apreturas. Subí y me coloqué en la parte de atrás. Hoy había bastante gente montañera. Me sorprendió un grupo de jubilados que con sus mochilas alborotaban el autobús. No paraban de comentar diversas excursiones, se bajaron en Colmenar Viejo con una alegría envidiable. Se nota que Manzanares el Real es un pueblo montañero por las personas que iban en el autobús y se bajaron en este maravilloso pueblo de la sierra madrileña. A las 9:10 entramos en la plaza de Manzanares y sin pensarlo dos veces me dirigí al puente. Crucé el río por el viejo puente. Tuve que retroceder para enlazar con la primera flecha amarilla. Aquí observe a un caminante que había bajado conmigo del autobús, me sacaba unos 100 metros pero seguía la señalización de las flechas. Poco a poco le fui alcanzando y cuando llegué a su nivel le pregunté si estaba siguiendo el Camino. Con un poco de timidez en un primer momento me dijo que había realizado 11 veces el Camino y que hoy quería llegar a Cercedilla. Su nombre es Pepe y se dedica a la enseñanza, es maestro. También pertenece a la Asociación del Camino de Santiago de Madrid. Es una persona de amena charla y la verdad es que me ha hecho más suave el recorrido. Me ha sorprendido que constantemente me decía que íbamos de paseo, cuando la media ha sido parecida a otros días. Me hacía notar que se podían hacer ¡¡fácilmente!! 7 u 8 Km a la hora. Antes de conocerle y de andar juntos, le alcancé sin demasiada complicación; esto me hace pensar que algunos peregrinos son tan fanfarrones como los cazadores y pescadores, estos con sus capturas y aquellos con la velocidad de su paseo. Una vez fuera de las calles de Manzanares y tras una cuesta se alcanza la entrada a la Pedriza. El camino bordea la valla del Parque siendo un paseo muy agradable por el arbolado que acompaña al peregrino. La mañana era perfecta para pasear, hacía una temperatura ideal y el cielo estaba despejado y el sol calentaba sin quemar. Increíble este tiempo en el mes de febrero, veremos como viene marzo. En cuestión de una hora sin grandes cuestas se alcanza la ermita de San Isidro. Esta ha sido reformada últimamente. Unas mesas y bancos de piedra han sido instalados en las proximidades para el disfrute de los vecinos de Mataelpino. En el recorrido hay algunas praderas con ganado vacuno. Tuvimos que atravesar una de las fincas entre las vacas, cosa que no me agrada pues aunque mansas se fijan mucho. El camino tiene constantemente al alcance los pedruscos de granito que definen el Parque Natural de la Pedriza. Son increíbles las formas de las piedras horadadas por el viento y el agua a lo largo de miles de años. En este Parque las formaciones de las piedras tienen nombre, así desde el camino es posible distinguir una enorme piedra redondeada, que es utilizada para aprender a escalar, denominada el Yelmo. De frente al camino es posible distinguir montes famosos como el Alto de Guarramillas y la Maliciosa. Estos dos montes con menos nieve que la semana anterior y mucho mas cercanos. A la hora y tres cuartos llegamos a Mataelpino, donde realizamos una parada para que Pepe tomara una coca y yo una naranjada. Lo hicimos en un parque infantil con unos bancos de madera que hay a la entrada del pueblo. Nos sorprendió que el parque no tuviera ni una sola papelera, ¿cómo se puede mantener limpio?, ¿cuesta tanto una papelera?. En España los Ayuntamientos pueden invertir un puñado de dinero en un parque infantil tremendamente moderno y no unos pocos cuartos en papeleras. El tiempo era espléndido y me quité el chubasquero, ya empezaba a sudar. La parada apenas duró 15 minutos, no llegamos ni a sentarnos. Reemprendimos la marcha por una calle empinada que va a parar a la Iglesia de San Sebastián, templo demasiado moderno para mi gusto. Se atraviesa por la plaza del pueblo y se reemprende el camino pegado a la carretera que va a la urbanización de Vista Real. Esta la rodeamos por la derecha hasta enganchar con la carretera C-607 que une Cerceda con Navacerrada. Se enlaza en una curva antes de una cuesta de medio kilómetro. Una vez superado el repecho se atraviesa la carretera y se entra en Navacerrada por una de sus nuevas urbanizaciones. En la plaza de los Ángeles (Ayuntamiento) hicimos la segunda parada, apenas 5 minutos, para beber el agua fresquísima de su fuente. Desde aquí fuimos a coger la calle Abel (por su cuesta podría denominarse de Caín, esto es una broma de Pepe) que nos dirigió hasta el Hotel que está en la desviación del Puerto de Navacerrada. Seguimos durante 100 metros la carretera hasta la Fonda Real por donde atravesamos la carretera y cogimos la que se dirige al embalse de Navacerrada. En media hora de camino fácil se entra en Cercedilla, el cual se atravesó hasta la estación. Eran las 14:00 horas cuando llegué al bar de la estación . A las 14:35 salió el tren y a las 16:00 llegaba a Atocha. Los números del día son los siguientes: - Fecha .- 9 de febrero del 2002.- Pasos.- 30.837.- Kilómetros.- 21,59.- Tiempo andando.- 4 horas y 50 minutos. Una bonita excursión que se puede hacer sin demasiado esfuerzo. Cuarta jornada: Estación de Cercedilla Estación de Segovia![]() Cuarta jornada: Estación de Cercedilla Estación de Segovia El madrugón fue impresionante (6:00 horas), además la noche fue terrible pues la obsesión de la etapa me impidió dormir más de 5 horas. Enseguida me vestí y preparé los bártulos de la mochila. En la calle hacía fresco pero se aguantaba bien, eran las 6:20. Realicé mi primer kilómetro, que no cuenta en la marcha, hasta la estación. Debería incluir tanto este kilómetro inicial como el kilómetro de vuelta por la tarde, ambos son realizados por la misma persona y el mismo día.
A las 6:35 llegué a la estación y lo primero que hice fue tomarme un café y un bollo Me cobraron 2,50 euros, una pasada de tres pueblos, cuando normalmente me cobran en cualquier bar 1,50, alguien tendría que tomar cartas en el asunto. A las 6:45 cogía el billete para Cercedilla y a las 7:05 subí al tren en la vía 2. El viaje lo realice soñoliento pero sin ninguna incidencia. Cuando amaneció se pudo ver la sierra con las nubes pegadas y el cielo despejado. En la estación de Atocha la temperatura era de 14 grados centígrados, en Chamartín era de 10 grados, en Collado Mediano bajó a 0 grados y en Cercedilla marcaba –1 grado. El fresco era notorio.
A las 8:23 minutos llegaba a la estación de Cercedilla. En este punto me abrigué e inicialice el podómetro. Aunque había pensado subir por los puntos rojos decidí seguir la ruta marcada. Esta, pese a lo que dice la guía, va directa por la carretera de las Dehesas. Las flechas en la realidad siguen un ruta mucho más recta que la que dice la guía, que da una serie de revueltas por el pueblo totalmente incoherentes para alguien que va a estar siete horas andando. En esta carretera ha montado un arcén, primero adoquinado y después de tierra la mar de aparente para el peregrino. Al Centro de Información de la Fuenfría, dos kilómetros y pico desde la salida, llegué a las 9 horas y al bar Cirilo a las 9:15.
El frío se hacía sentir pero yo iba sudando sin exceso, y prefería esto a quedarme helado. Estaba ilusionado pues recorría un camino conocido y sabía lo que podía esperar. Desde la estación hasta el Alto todo es subida, primero suavemente y después ya bastante brusca. En el camino siempre prefiero que las subidas estén al principio, para poderme relajar el resto del día.
A las 9:25 llegué al puente de los Descalzos, primer puente romano del día. Se encuentra en plena calzada romana y marca el inicio del primer gran repecho que nos lleva al Albergue de Peñalara en la Pradera de los Corralillos. A este punto llegué a las 9:35. Son 10 minutos entre las piedras del camino romano que unía Titulcia con Simancas, que se correspondía con la vía XXIV del Itinerareo de Antonino, en este breve recorrido se nota que el Camino ha llegado a la montaña. Desde la pradera se continua de frente subiendo por la calzada, el camino es muy incómodo por la multitud de piedras sueltas, es aconsejable ir por el borde que tiene un sendero que las evita en gran parte del mismo. En veinte minutos más (9:55) llegué al segundo puente romano que marca un pequeño descanso en la subida asfixiante. No significa que se llanee simplemente que la cuesta se civiliza y permite reposar durante unos momentos. De todas forma este descanso apenas dura trescientos metros, y después de una curva en subida a la izquierda el camino se vuelve otra vez en pendiente recia hasta el mismo puerto. A las 10:15 conseguí llegar al punto más alto del recorrido (1796 metros). Desde este lugar se observan las dos vertientes de la sierra de Guadarrama. Este puerto está entre el Cerro Minguete y el Cerro Ventoso. El paisaje es impresionante. A mí me parecía todavía más al alcanzar un lugar muy conocido y ser el inicio de la parte desconocida del recorrido. El Alto también es el límite entre las provincias de Madrid y Segovia y por lo tanto el primer gran hito en el Camino de Santiago de Madrid. En el Centro de Información una de las veces que miré hacia atrás ví a un caminante a unos cien metros, este subió por la carretera del Hospital de la Fuenfría y llegó a la vez que yo al Albergue y en lo alto me saco unos ciento cincuenta metros. En toda la subida fue mi punto de referencia. A mí en las subidas no me gusta parar y si veo que me agobio prefiero bajar el ritmo hasta que puedo respirar. El sol brillaba en el lado de Madrid y en el alto. El día era magnífico. Apenas estuve un momento para echar una mirada atrás y continuar. El camino sigue por una camino cerrado por una valla. Entre pinos y por un camino perfectamente marcado continua durante dos kilómetros hasta una explanada. Durante este pequeño tramo hice una breve parada para fotografiar el monte de Peñalara en un día tremendamente claro. En la explanada me junté y charlé un momento con el caminante que me precedía. Este se había parado a tomar el bocadillo. Se dirigía a Valsaín donde había quedado con su mujer y sus hijos. Él salía temprano, paseaba y luego quedaba en un lugar prefijado con la familia. La parada no llegó ni a los cinco minutos. Me encontraba fuerte y prefería dar un buen tirón antes de la parada. El recorrido continua sin posible pérdida por un camino ancho entre pinos. Aproveché para comerme la bolsa de panchitos. En cosa de un kilómetro se llega a una explanada que se junta con una carretera llamada Fuente de la Reina. En esta se encuentran los troncos de los árboles cortados. Es necesario decir que los pueblos de los alrededores explotan la madera de estos bosques, lo que los mantiene limpios. Desde aquí el camino se convierte en carretera. En este punto encontré a dos matrimonios que estaban dando un paseo hasta Valsaín. Primero los seguí de lejos durante 20 minutos y luego los alcancé y comenzamos una agradable charla hasta las 12:30 que me desvié. Fue hora y cuarto de paseo en compañía. Me contaron que ellos también habían realizado el Camino de Santiago. Esta hora y media la realicé entre bosques, las flechas amarillas aunque distanciadas lo van marcando perfectamente. Es un paseo desde el alto hasta el desvío de Valsaín tremendamente agradable, siempre hacia abajo pero muy suave. Es destacable el pantano que se ve a la izquierda y que da de beber a Segovia, y el aire puro de los pinos en la parte alta y de los robles un poco más abajo. Tras dejar un búnker a la izquierda comienza un ligero descenso por la ladera de una loma, que nos lleva por medio de una finca ganadera. En este punto es posible ver ya las torres de la catedral segoviana y el camino que lleva suavemente hasta ellas. En estas praderas me senté en una piedra para dar cuenta del bocata y de un buen trago de líquido (13:05). El tiempo había cambiado y estaba nublado, en los quince minutos que permanecí comiendo me quedé helado. Así decidí continuar y dar por terminado el descanso. Al poco se sale de la finca ganadera, se alcanzan unas ruinas y poco después se cruza una carretera. Siguiendo las flechas, llegué a la fuente de San Pedro. Aquí las flechas amarillas se juntan a una especie de letra A mayúscula de color amarillo que posteriormente haría que perdiera las flechas. El camino se convierte en vía pecuaria, sin posible pérdida pues va encajonado entre dos vallas, el camino se le llama de los “Tanques” pues es utilizado para las maniobras que los mismos realizan periódicamente. En este camino estaba a las 13:45. La pérdida del día se produjo en el punto en que la vereda se terminó, había una valla a la derecha que marcaba la letra A amarilla y una flecha que marcaba a la derecha y otra de frente. Estuve intentando observar si de frente observaba otra pero no pude. Delante tenía la carretera de circunvalación y podía ver tres pasos subterráneos, el más a la izquierda coincidía con el camino que seguía el del centro que me dirigía la letra A y la falsa flecha y otro más a la derecha. En vez de seguir de frente hacia la catedral y olvidarme de las señales, giré a la derecha buscando flechas que no encontré, siempre tengo que realizar alguna patochada que me haga andar un trozo más, y me dirigí directamente hacia el segundo paso y posteriormente directamente a una urbanización de adosados. A las 14:35 entraba en las calles de Segovia al lado de un edificio nuevo que decía ser una Escuela de Música, o algo así. Las casas eran adosados muy nuevos. Como no encontré a nadie a quien preguntar continué andando hasta que encontré un bar donde entré a preguntar por la estación, me indicaron que continuara hasta una plazoleta y que luego girara a la izquierda hasta una segunda plaza que debía girar a la derecha y que no había más de dos kilómetros. Pasé por las dos plazoletas, en la segunda había una cuartel a la izquierda y continué a la derecha. Desde aquí es posible ver un arco, denominado puerta de Madrid. Este arco fue mi guía. Ahí se encuentra un cuartel de la Guardia Civil, en el que pregunté por la Estación indicándome que se encontraba a la izquierda del arco. En la estación compré el billete a Madrid (4,90 euros) y eran las 15:30 horas. Conseguí billete para las 16:50. Aquí mire el podómetro que marcaba 27,82 Km y 39.749 pasos. Cosa que me sorprendió pues la guía indicaba 31 Km La hora y veinte minutos la aproveche para tomarme un café. La vuelta fue terrible, en Cercedilla se llenó el tren de niños ruidosos y descontrolados, cuando a mí me apetecía tranquilidad. A las 18:55 llegaba a Atocha y a las 19:10 a casa, donde me esperaba una buena ducha y una cena apetitosa. A las 22:10 me iba a la cama con las piernas cansadas y el espíritu satisfecho por un reto superado. Los números del día son los siguientes: - Fecha .- 16 de febrero del 2002. - Salida en tren por la mañana.- 7 :03 desde Estación de Atocha llegada 8:23. - Pasos.- 39.749. - Kilómetros.- 27,824. - Hora de salida.- 8:30. - Hora de llegada.- 15:30. - Tiempo total.- 7:00 horas. - Salida en tren por la tarde.- 16:50 desde la Estación de Segovia llegada 18:50 Estación de Atocha. Quinta jornada: Inicio del camino continuo. (5-6-2004)![]() Quinta jornada: Inicio del camino continuo. (5-6-2004) Hasta aquí el recorrido siempre había acabado volviendo a Madrid, pero desde aquí se dió continuidad al camino. La mochila sería mi compañera de viaje. Me levanté a las 6 de la mañana y después de cerrar la casa y repasar todo el equipaje, emprendí la marcha que me hará llegar a Santiago 21 días después. Llegue a la estación de Atocha y fui hasta Cercedilla punto de inicio de este nuevo camino. Se que esta jornada es repetición de la Cuarta etapa, pero quería que el inicio se realizara desde la provincia de madrid. El recorrido ya le he contado en la anterior entrega pero puedo asegurar que las sensaciones fueron diferente, en este sabía que no había retorno y la mochila cargada me hacía soñar con lo que sería el caminar. El primer sello me lo pusieron en la estación de RENFE de Cercedilla y el Jefe de la estación me miró con extrañeza. No podía concebir que alguien le pidiera un sello para poner en una cartulina. Este es bastante feo pero para mi representaba el primero de un largo recorrido. Esta etapa repetida para mi representa muchísimo, pues une dos de mis aficiones, caminar por la montaña y el Camino de Santiago. La subida al Puerto de la Fuenfría representa la mayor altura de los caminos de Santiago (1790 metros) con un desnivel de 700 metros en menos de dos horas de paseo. Poco a poco fui caminando hacia el fondo del valle de la Fuenfría con paso firme y con los ojos mirando un paisaje harto conocido. Las tres fases de la subida con pequeños descansos fueron para mi un continuo pensar en mi vida y en las innumerables veces que lo había recorrido, aun así me parecía distinto. La perspectiva actual era diferente, no era montañero sino peregrino. Esto significa que lo importante es el destino y estar alerta a las expectativas que te da el Camino. Siempre te acechan inseguridades sobre las posibilidades físicas y psíquicas. Cuando llegue al puerto volví la vista atrás para despedirme de mi tierra. Rodeado de montañas emprendí la bajada por la calzada romana hasta la Fuente de la Reina donde paré a tomar el bocadillo. Durante todo el recorrido me cruce con montañeros que me miraban extrañados por mi mochila y la viera que llevaba colgada. En un punto de determinado de la bajada, junto a un bunker, aparece la ciudad de Segovia y la llanura castellana, parece inmensa y en los próximos días la iré atravesando paso a paso. Me parecía imposible que pudiera conseguirlo y me llenaba la cabeza de dudas. En la fuente de San Pedro volví a parar, era la 1 del mediodía y sabía que solamente me quedaban dos horas para llegar al final de la etapa. Desde aquí hasta Segovia apenas había sombras y el calor apretaba. Poco a poco y con un cierto cansancio, se notaba el peso de la mochila aunque apenas pesaba ocho quilos, fui llegando primero al puente que atraviesa las vías del AVE y después al túnel que atraviesa la circunvalación segoviana. A las 4 de la tarde llegue a la puerta de Madrid y poco después al Acueducto. En seguida me aposente en el hotel las Sirenas y tras una ducha reparadora me lance a recorrer esta histórica ciudad. Mis pasos me llevaron a la magnífica iglesia de la Vera Cruz. Esta depende de la Orden de Malta y es posible visitarla sin ningún precio para los peregrinos. Esta iglesia fue construida en el siglo XIII por la Orden del santo Sepulcro y su estructura rememora magníficamente las iglesias octogonales de Eunate y de Torres del Río. Dentro de ellas el peregrino siente una paz interior difícil de narrar. Se nota que la energía fluye por su muros. También visite la Catedral y el Alcázar. Por cierto las vistas desde este último nos muestran el paseo del día siguiente. Tras una cena en un restaurante del centro, marche a la cama para recuperar las energías perdidas y reponerlas para una etapa larga y desconocida. Sexta jornada: Segovia – Santa María la Real de Nieva. (6-6-2004)![]() Sexta jornada: Segovia – Santa María la Real de Nieva. (6-6-2004) Me levante a las 6:30 de la mañana y a las 7 ya estaba en marcha. Salí del hotel y pegado a la Catedral llegue hasta el Alcázar para enseguida emprender la bajada hasta la Iglesia de la Vera Cruz. Las calles estaban solitarias a esas horas, era domingo y la gente descansaba. El aire fresco de la mañana me terminó de despertar. Al poco de pasar la Vera Cruz se emprende una subida de apenas 1 km que nos lleva hasta Zamarramala donde volví la vista atras junto a la ermita de San Roque, para ver un paisaje fantástico de la ciudad de Segovia. En este lugar hay una placa que dice: “No conozco a nadie que habiéndose acercado a este lugar no haya sido conquistado por esta vista sorprendente”. (Robert Gillon). Estoy plenamente conforme con la apreciación. Zamarramala es conocido por sus fiestas de Santa Águeda. Todo comenzó en el año 1227, durante el reinado de Alfonso VI, cuando los moros ocupaban El Alcazar de Segovia. Las zamarriegas entretenían a los moros con sus bailes frente al Alcázar, desde Zamarramala, mientras sus maridos los desarmaban y reconquistaban la fortaleza. Durante este día las mujeres son las que mandan en el pueblo. Poco a poco y por caminos rodeados de cereal se llega en apenas una hora el pueblo de Valseca. En este pueblo se puede apreciar la iglesia de la Asunción construida entre 1747 de estilo barroco, está en posesión de numerosos retablos de diversos siglos, con algún vestigio de la antigua iglesia románica que se situaba donde se encuentra la actual.En todo este recorrido muchas veces he mirado para un lado y para otro buscando compañía y no había nadie. ¡Qué diferencia con los caminos históricos!. En este es posible pasear todo un santo día y no ver un solo peregrino. Otra hora después me llevó la ruta hasta Los Huertos, pequeño pueblo de apenas 100 habitantes y con muy pocos servicios para el peregrino. Se sale por una pequeña carretera que en pocos metros nos mete en un sendero que lleva hasta los restos de un antiguo ferrocarril que ha sido desmantelado, pero han dejado las piedras. Por encima de las piedras durante un kilómetro se llega hasta una antigua estación. Este trozo es muy incómodo de andar pues no hay ninguna estabilidad. En la estación se aprovecha un puente para atravesar el río Eresma. Nada más atravesarlo hay que girar a la derecha y entre pinares muy arenosos se llega a Añe. Con cuatro horas y pico en las piernas empezaba a necesitar un descanso. Cuando llegue eran sobre las 12 del mediodía y la gente vestida de fiesta se acercaba a la misa del domingo. Yo con pantalón corto y camiseta desentonaba un poco, pero aún así me dirigí a la Iglesia del pueblo para oír el oficio. La mochila la deje en la calle encima de un banco y me dirigí al interior que ya estaba lleno de gente. Me miraban con extrañeza pero ninguno se atrevía a decir nada. La misa supuso un descanso para mis cansadas piernas y me permitieron reemprender la marcha después de llenar de agua la botella. A la salida de la oración se me acercó un abuelete y me preguntó si pensaba quedarme a pasar la noche en el albergue. Esto me sorprendió pues que un pueblo de menos de 100 habitantes sea de los primeros en abrir un alojamiento de peregrinos me lleno de alegría y sorpresa. Con mucho agradecimiento le dije que todavía estaba fresco y era muy temprano para parar. A las dos de la tarde llegue a un pueblo todavía más pequeño que los anteriores, Pinilla de Ambroz, no conseguí ver a nadie por sus calles, aunque si hoy el ruido de los televisores. Frente a la iglesia hay un prado junto al río que aproveche para comer y dormir un rato la siesta. A las cuatro reemprendí el camino, el calor me agobiaba y el cansancio empezaba a aparecer. La entrada a Santa María la Real de Nieva se ha visto alterada por el AVE, teniendo que dar una pequeña vuelta pero al final por un puente se consigue llegar hasta la población. Cuando llegue a la plaza principal pregunte por un lugar donde dormir. Me indicaron un hostal en la carretera a unos dos kms. Esto me desmoralizó bastante, ya no podía con las botas. Así que en un bar de la plaza me bebí casi sin respirar una jarra con limón de medio litro y me senté en la terraza media hora reparadora. Con resignación tomé el borde izquierdo de la carretera hasta el hostal dichoso. Allí me dieron una habitación limpia con un baño sensacional. No lo dude y dentro me metí durante más de media hora. Se me olvidaba que cuando llegue al hostal estaba también llegando un peregrino en bicicleta, que había partido desde Cercedilla por la mañana. Quedé con él para cenar. Cuando llegue a ella estaba hambriento y la conversación fue amena con el bicigrino. Este tendría unos 67 años y había emprendido el camino como promesa después de haber superado una enfermedad de corazón. Pensaba llegar a Santiago en 10 días. El recorrido de hoy lo había realizado principalmente por carretera, cosa que le aconseje que no hiciera pues disfrutaría más y no correría los riesgos de la circulación. A las 10 de la noche marche a la cama pues tenía intención de levantarme temprano para evitar el calor de las horas centrales del día. Los números del día son los siguientes: - Fecha .- 6 de junio del 2004.- Pasos.- 48500.- Kilómetros.- 34 kms.- Hora de salida.- 6:30.- Hora de llegada.- 18:00. Tiempo total.- 13:30 horas. Septima jornada: Santa María la Real de Nieva - Coca. (7-6-2004)![]() Septima jornada: Santa María la Real de Nieva - Coca. (7-6-2004) Me levante temprano y antes que saliera el sol ya estaba andando por el arcén de la carretera para llegar a Santa María la Real de Nieva. Cuando llegue visité el monasterio por su exterior y por el claustro, que estaba abierto. La iglesia de Santa María la Real de Nieva fue mandada construir por el rey Enrique III de Castilla y por su esposa Catalina de Lancaster en la transición de los siglos XIV al XV. Los capiteles románicos del claustro contienen una sorprendente iconografía ilustrativa de la vida rural de la época: labradores de azada y arado romano, leñadores, pero también cabezas de cuyas bocas surgen sarmientos hojas, piñas, o leones y centauros. Es un magnífico monumento que entremezcla el románico y el gótico. Tras salir de Santa María y por un camino paralelo a la carretera se llega en poco tiempo al pueblo de Nieva. Este es mucho más moderno que el anterior y de mayor población. El camino lleva por el centro del pueblo. Al salir del pueblo se coge enseguida un camino que nos lleva a unos pinares que recorreremos durante 10 kms. Allí entre sombras y por un suelo arenoso, que permite andar sin dificultad se va avanzando. Estos pinares son resineros y te hacen sentir aislado del mundanal ruido. Es posible oír pájaros carpintero y a cucos que te envuelven en su música maravillosa. Este paseo entre pinares es aconsejable realizarlo a primera hora de la mañana pues el frescor matutino te hace respirar con profundidad. El camino está perfectamente marcado y los desvíos señalizados adecuadamente. Cuando no encontraba flecha seguía recto y al poco rato volvía a recuperarlas. Hay que mirar en los elementos más estables del pinar, como las rocas que sobresalen. Un par de kilómetros antes de entrar en Nava de la Asunción el pinar se convierte en un camino agrícola rodeado de huertas. Es posible distinguir en las proximidades diversas industrias. Cuando llegue ya llevaba algo más de tres horas de paseo y mis piernas empezaban a necesitar un breve descanso. Entre en un bar a almorzar y a descansar durante un rato. Era lunes y la gente caminaba con bolsas de la compra mirándome como un bicho raro. Es un pueblo activo y él más grande desde que salí de Segovia. A la salida nos espera otro pinar que poco a poco nos lleva hasta el Cañón del río Eresma, siempre por la parte alta voy llegando a Coca. Antes de llegar pude disfrutar de una granja de avestruces. Ya en Coca mi destino fue el ayuntamiento pues según la guía había un albergue. Allí me atendió de forma magnífica una funcionaria que se interesó por el recorrido y tuvo la amabilidad de llamar a los pueblos de Alcazarén, Puente Duero y Simancas para preguntar si había algún tipo de acogimiento para peregrinos. La funcionaria me proporcionó información de como se llegaba a la antigua casa de maestros. Me sello la credencial pero no anotó ninguno de mis datos, la confianza es increíble. La casa es un adosado al lado de la carretera con dos plantas. La puerta está atrancada y no necesita llave. En el suelo había dos colchones con bastantes batallas a sus espaldas y en la parte superior una cama de hierro que cuando te sentabas se hundía y chirriaba. El mobiliario era bastante escaso y las paredes estaban forradas de papel roñoso y andrajoso. El aspecto era bastante tétrico. No estaba demasiado limpio pero suficiente para pasar una noche. La ducha tenía agua caliente pero sólo tenía un chorrito de agua. Se notaba que en aquel albergue pocos peregrinos dormían. La funcionaria me dijo que en lo que iba de año sólo 3 personas habían pasado allí la noche. En la planta superior solté la mochila y me aseé para dar cuenta de una suculenta comida que me había ganado sobradamente. Después de comer volví a pasear e intentar descubrir las peculiaridades de este pueblo. Lo primero que sorprende son las murallas de origen romano, que fueron reformadas en época medieval. Dentro de está se puede ver la Puerta de la Villa. Están rodeadas por unos magníficos jardines donde se pueden ver tres esculturas prerromanas zoomorfas. Siguiendo las murallas se llega al monumento más representativo de este pueblo, el castillo de estilo mudéjar. Fue mandado construir por D. Alonso de Fonseca tras obtener permiso del rey Juan II de Castilla en el año 1.453. El castillo muy reformado está construido en ladrillo y en su interior se encuentra una escuela de oficios. La imagen exterior del castillo es de una extrema belleza. A diferencia de los castillos cristianos, de muros lisos, sillares regulares y monocromos, con un valor exclusivamente defensivo, aquí podemos admirar el triunfo de la fantasía, de la imaginación y del ensueño. La visita me permitió pasear por las estancias y por las torres del mismo. Se podían divisar los bosques que rodean la ciudad. En los jardines dormí un rato la siesta rememorando los avatares que pudieron desarrollarse en ese castillo medieval. Después de la visita turística fui a buscar la salida para que no hubiera problemas al día siguiente. Más tarde había llegado el momento de tomar unas cervezas por el centro del pueblo y de cenar algo volvía a la casa de maestros. Parecía un lugar tétrico por lo desangelado y destartalado. Tampoco la iluminación ayudaba, las bombillas eran antiguas y apenas daban luz. Deje entreabierta la contraventana de la habitación superior para que entrará luz de la farola de la calle, por si tenía que levantarme a mitad de la noche. Extendí el saco de dormir y un poco acongojado me dispuse a pasar la noche. El cansancio enseguida me derrumbó y dormí ocho horas seguidas. Tengo que dar las gracias por la acogida y por la confianza mostrada. Etapa entre pinares y en soledad. Mucho tiempo para reflexionar alejado de los problemas diarios, sin que nadie te interrumpa tus pensamientos. Es necesario tener la cabeza bien amueblada para aguantar en determinados momentos las sensaciones de la soledad. Para mí fue un placer notar la soledad a mi lado para poder meditar sobre mi realidad. Los números del día son los siguientes: - Fecha .- 7 de junio del 2004.- Pasos.- 34400.- Kilómetros.- 22 kms.- Hora de salida.- 6:30.- Hora de llegada.- 13:30.- Tiempo andando.- 6:00 horas Octava jornada: Coca - Alcazarén. (8-6-2004)![]() Después de una noche en la antigua casa de los maestros de Coca amanecí en este gran albergue destartalado, con una cierta alegría de que volviera pronto el día. A las 7 de la mañana salía dejando la puerta atrancada y en el mismo “orden” como me lo había encontrado. Con la mochila me dirigí hacia el castillo y desde allí por unas calles a esas horas desiertas hacia la torre de San Nicolás y del Cementerio. Después de una bajada para salvar el río y de una subida fuerte, el camino se mete en otro pinar maravilloso. La mañana era fresquita en esos momento, luego el calor sería considerable. Poco a poco y respirando profundamente el aire matutino se llega en 7 kilómetros a Villeguillo. Por un camino carretero que nos mete entre pinos recorremos durante quince kilómetros el final de la provincia de Segovia y el principio de Valladolid. En este recorrido se atraviesa un par de granjas avícolas instaladas en medio de los pinares. Este tramo tiene 18 kilómetros sin ningún pueblo y sin ningún servicio para el caminante. En el mismo se pasan unas cuatro horas, en las que las ensoñaciones y las fantasías se hacen presente. En estos momentos me siento feliz en medio de la naturaleza. Siempre hay algo en lo que fijarse y paz interior reina en mi espíritu. En otros caminos aunque hay recorridos de longitud similar sin pueblos se diferencian de este por la soledad. En esta etapa no converse con nadie desde las 7 de la mañana. A las 2 de la tarde que llegue a Alcazarén. No se puede decir que es una etapa larga pero si crea una gran sensación de aislamiento y soledad. Yo cuando camino estos tramos hay muchos momentos en los que la cabeza se olvida del camino y rememora sus recuerdos y andanzas. En la vida diaria nos es imposible repasar las cosas al no tener tiempo de suficiente aislamiento. A las dos de la tarde llegue y me dirigí directamente al ayuntamiento donde sabía que me estaban esperando para darme alojamiento. La sorpresa fue mayúscula cuando me dan una llave enorme de la ermita del Cristo del Humilladero. También me indican que por la mañana meta las llaves en el buzón del ayuntamiento. Sorprendido me dirijo hacia la ermita atravesando otras dos Iglesias importantes, una la de Santiago, cerrada por problemas con el tejado y la de San Pedro (románico-mudéjar) que está en ruinas. Cuando llego a la ermita observo que es del siglo XVIII y que está tomada en su tejado por las cigüeñas. Abro la puerta como puedo y camino por una ermita enorme, del tamaño de muchas iglesias. Me dirijo a través del altar a la sacristía donde en efecto encuentro dos literas nuevas al lado de un gran mueble que utiliza el sacerdote para prepararse para la Misa. También tiene dos cuartos de baños, hombres y mujeres. Directamente y sin dudarlo me meto una reconfortante ducha en un entorno que jamás se me hubiera ocurrido. Después de asearme me dirigí al único restaurante que había visto en el recorrido por el pueblo. Allí me atendió con gran amabilidad los dueños. Son amigos del camino y tienen incluso un libro donde obligan a escribir a todos los que pasan por allí. El último peregrino había pasado hacía 10 días y en lo que iba de año habían escrito 12 personas. Una vez comido, en un pueblo como este no había otra cosa que hacer que la siesta, cosa que cumplí a la perfección. Los colchones eran nuevos y había mantas para taparse. A las siete de la tarde me desperté no teniendo muy claro el lugar donde me encontraba. Me sorprendí mirando a un santo que había en medio de la sacristía y yo en calzoncillos. Nunca me hubiera imaginado estar en ropa interior en una iglesia que iba a ser por una noche mi residencia. Salí a dar una vuelta por el pueblo para observar con detenimiento las dos iglesias del pueblo y las calles del mismo. Son maravillosos los restos de la iglesia de San Pedro, el ábside en ladrillo es de una gran belleza. También aproveché para comprar un sombrero de paja que fuera más fresco que mi gorra. En las etapas posteriores fue un gran alivio. Los agujeros del sombrero dejan respirar la cabeza mejor que la gorra. Después de la visita me dirigí al restaurante donde había comido para realizar la cena y poder charlar un rato. A las 9 y media estaba de nuevo en mi ermita-albergue preparándome para dormir. Cosa que no me costó demasiado. A media noche me desperté y tuve que recurrir a unas cerillas y a un cirio para ir al baño. Los números del día son los siguientes: Fecha .- 8 de junio del 2004. Pasos.- 35714.Kilómetros.- 25 kms. Hora de salida.- 7:00. Hora de llegada.- 14:30. Tiempo andando.- 7:30 horas ... Novena jornada: Alcazarén - Simancas. (9-6-2004)![]() Me despertaron los ruidos de las cigüeñas en el tejado, estaba amaneciendo. Dormir en la sacristía de una iglesia es una sensación única y puedo decir que dormí como un lirón. Recogí la mochila y me preparé para una nueva etapa. A primera hora de la mañana me siento con las fuerza intactas y renovadas las ganas de llegar hasta Santiago por este Camino solitario pero revitalizador de voluntades. Este recorrido es un retiro de nuestros problemas diarios, estos dejan de existir y sólo debe preocupar el estar atento a todas las cosas que nos traerá el día. Con mi mochila recorrí toda la iglesia despidiéndome de un lugar magnífico y único. Lleve la llave al buzón del ayuntamiento y reemprendí la marcha. Me esperaban 16 kilómetros sin ningún pueblo. A la media hora de empezar se llega a la finca Brazuelas donde se encuentra el primer cruceiro de esta ruta. Aquí se ha preparado un espacio peregrino con un cruceiro, un magnífico roble y un banco sobre unos jardines. Un lugar que alegra el corazón del peregrino. El río Eresma se encuentra a la izquierda de nuestro camino que va a parar a una carretera comarcal. Pasado un puente y girando a la izquierda en poco tiempo empezamos a dislumbrar una ermita, Siete Iglesias. Siguiendo con nuestro camino atravesamos también el río Adaja el cual lo atravieso por un puente. Al rato llego a un pequeño pinar que se cruza entero. A la salida podemos ya ver Valdestillas, aunque tardé otra hora larga en llegar. En este pueblo realice una parada para almorzar, llevaba casi cuatro horas andando y el cansancio empezaba a aparecer. El paso por este pueblo es por la calle principal, en el hay toda clase de servicios para el peregrino. Al final del pueblo se llega a la estación de ferrocarril y tras pasar las vías, por un puente, nos meteremos en otro pinar. Esta es una etapa de grandes soledades, está dividida en dos espacios de 16 y 9 kilómetros sin pueblos que nos acojan. Los últimos tres kilómetros se hacen pegados a una carretera de bastante tráfico. Añadiré que el calor arreciaba y el cansancio me atenazaba, cuando llegue a Puente Duero, estaba auténticamente agotado. Así que me metí en un restaurante junto a la carretera. Estaba lleno de trabajadores, todos me miraron con extrañeza por mi pinta. Sorprendía tanto mi mochila como la vieira que llevaba colgada. Allí permanecí de las 2 a las 4 de la tarde para recuperarme del ejercicio y rehidratarme. Puente Duero es una barriada industrial de la ciudad de Valladolid, que tiene como hecho más destacado el puente que atraviesa ese gran río. Nada más pasar el puente hay que coger a la izquierda paralelos al río, con multitud de huertas a uno y otro lado. Poco después se llega al enésimo pinar que nos llevará hasta el puente sobre el río Pisuerga. Tras él una importante subida lleva hasta el centro de Simancas. Yo continué hasta la parte buscando la Oficina de Turismo para que me orientaran de un lugar para dormir. Allí me atendió una muchacha muy agradable que me dirigió a una pensión en el centro y muy cerca del castillo. Esta pensión estaba en una segunda planta en unas calles muy típicas y estrechas. La cama era grande y con sábanas. Esta noche dormiría como un príncipe. La casa era antigua y tenía cocina y saloncito para los residentes. Los dueños vivían en la planta de abajo y ese día no tenían más clientes, así que la casa era entera para mi. No dude un minuto y me di una magnífica ducha con abundante agua caliente. ¡Qué placer después de 31 kilómetros!. Eran la seis y media y me lancé con mis chanclas a conocer este gran pueblo. Dirigí hacia el extraordinario Castillo. No puede entrar, las visitas están limitadas y la hora era inadecuada, pero un abuelo sentado en unos jardines me contó que fue construido en el siglo XV por el Almirante de Castilla Don Fadrique Enríquez donde antes había existido otro más antiguo que controlaba la invasión musulmana, aunque a lo largo del tiempo fue cambiando de manos. En el siglo XVI se decidió ubicar en el castillo el Archivo General del Reino, uso que todavía tiene actualmente. En determinados momentos también fue usado como prisión del Estado. Muchas veces es conveniente que el peregrino establezca relación con los lugareños para que nos proporcionen informaciones de los sitios que pasamos. Su amabilidad fue tal que hasta me invitó a tomar una cerveza en la plaza, donde se encuentra la Oficina de Información. Después de esta amena charla di una vuelta por las callejas topando con un restaurante que me pareció ideal para cenar, cosa que hice espléndidamente, para después continuar hasta las 10 de las noches visitando y observando las vistas de esta ciudad sobre el río Pisuerga que se han grabado como un grato recuerdo. Los números del día son los siguientes: Fecha .- 9 de junio del 2004. Pasos.- 44285.Kilómetros.- 31 kms. Hora de salida.- 7:00. Hora de llegada.- 18:00. Tiempo andando.- 8:00 horas Decima jornada: Simancas – Medina de Rioseco (10-6-2004)![]() Después de una noche tranquila y reparadora, el despertador sonó a las 6 y media. Era todavía de noche cuando volví a recorrer las calles de Simancas. Pasé la carretera nacional por un puente y desde un montículo observé la llanura y la ciudad mientras amanecía. Magnífica estampa castellana. Por un camino agrícola rodeado de terrenos de cereal fui haciendo camino hasta después de una hora y media llegue a Cigüeñuela. Puedo rememorar que al lado de un riachuelo hay una ermita de piedra con un merendero tapado en el que es posible descansar un rato. En este recorrido ondulado y de agradable paseo se pueden empezar a ver campo enteros de amapolas que crean un paisaje idílico en las primeras horas de la mañana. Continué la marcha hasta Wamba entre campos bastante áridos donde empecé a echar en falta los pinares de los días anteriores. El camino se estrecha cerca de Peñaflor siendo necesario descender por un pedregoso valle excavado por el río Hornija. En la entrada al pueblo vi que estaban de fiesta, jueves de Corpus Cristi. Todos los hombres iban con traje y con sombrero. Me recordaban el sombrero de mi abuelo, debe ser una tradición. También los niños estaban vestidos de comunión. Mi presencia causaba extrañeza y miradas sorpresivas. El monumento más representativo es la Iglesia de Santa María de la O con estilo visigodo siglo X con una nave románica del siglo XII. Hacia bastante calor y era medio día, así que me dirigí al bar del pueblo, donde me rehidraté, cerveza con limón. Pregunté si había algún tipo de acogimiento en el pueblo, por que pensaba que podía ser toda una experiencia ver una fiesta popular. Me dijeron que el pueblo no tenía ningún tipo de alojamiento, por ello a la una reemprendí el camino. El calor era agobiante. Baje una dura cuesta hasta el río Hornija. Crucé el río y como dice la guía seguí por la carretera buscando un camino que me dirigiera a Castromonte. Busque y busque una flecha, pero no la encontré, así que continué por la carretera con un calor asfixiante. Cuando llevaba 3 kilómetros me di por perdido, así que decidí preguntar al primer coche que pasara. Pasaron 20 minutos antes que llegara el primer vehículo. Le paré y me dijo que montara. Le dije que no, que lo que quería era información de cómo llegar a Castromonte. Muy amablemente me indicó el recorrido por carretera, tres kilómetros más por la que llevaba y luego 6 más por una que aparecía a la derecha. También me dijo que cuando llegará al pueblo preguntara por le alguacil que me estaría esperando para darme alojamiento. Le di las gracias y no le aseguré que me quedara, pues según las fuerzas así haría. Continué con un calor que por momento se hacía insoportable. Los pies recocidos por el asfalto. El litro de agua iba acabándose cuando llegue al desvío, ya llevaba dos horas desde Peñaflor. Debajo de una encina paré a respirar un poco y a mojar un poco el pañuelo de cuello para que me refrescara. Esta nueva carretera tenía un poco más de tráfico, pero entre coche y coche era fácil que pasaran 5 minutos. Tiene unas largas rectas que me costaron otro par de horas en recorrerlas. Como anécdota, ya muy cerca de Castromonte vi a dos agricultores y me acerque a ellos por si me podían dar algo de agua, iba totalmente seco. Me dijeron que apenas quedaba un kilómetro para la fuente del pueblo y me dieron ánimos para continuar, me ofrecieron un buen trago de una bota de vino que me supo a gloria. Uno de ellos al saber de mi recorrido dijo que en unos días marcharía también a Santiago en una excursión y que lo mismo coincidiríamos allí. Seguí la marcha y en el centro del pueblo encontré la fuente maravillosa que aproveche para beber y darme un baño reparador. Después de saciada la sed entre en un bar donde pregunté por el alguacil que estaba tomando café. Me dijo que la persona que había preguntado era el alcalde del pueblo y que le había dado aviso de que me mostrará el centro cultural, donde tenían habilitada una habitación para peregrinos. Me llevó a ella y me la enseñó. Una habitación de madera con un puñado de sillas pero ningún tipo de colchón, y con un baño con sólo lavabo. Ante esta perspectiva de dormir en el suelo sin ninguna esterilla le di las gracias y le pedí que se las hiciera extensible al alcalde pero que prefería continuar a Medina de Rioseco. Así a las 5 de la tarde con un sol terrible sobre mi cabeza reemprendí la marcha. Quedaban tres horas y mi cansancio era considerable. El recorrido era ondulado pero con resignación y sin pensar demasiado en el cansancio fui recorriendo el camino. Llegue a las 8 y cuarto a Medina y lo primero que hice fue ir a la Iglesia de Santiago.El párroco me recibió en su despacho. Me realizó un auténtico interrogatorio y me ofreció hospedarme en el monasterio de Santa Clara, cosa que rechace pues después de una etapa de 44 kilómetros necesitaba algo más cómodo. Busque un hostal y me sumergí en la bañera durante más de media hora para recuperarme del cansancio. Medina de Rioseco es capital natural de la vieja Tierra de Campos. El río Sequillo, unas veces paridor de inundaciones y otras -las más- apenas un hilo de agua, atraviesa parte de la ciudad más moderna. Sin apenas ganas me dirigí a cenar bajo unos soportales. Tome un espléndido chuletón que me había ganado en este día. Además tenía que celebrar que había cubierto la primera parte de mi andadura. Esto no significa que voy a dejar la ruta sino que voy a dejar el camino de Madrid para andar durante dos días sin ruta marcada para llegar a la Vía de la Plata a la altura de Granja de Moreruela y desde allí marchar hasta Santiago. Esa noche antes de dormir me tomé una aspirina para que aliviara los dolores de las piernas y los píes, esta ha sido la etapa más dura que he realizado hasta ahora. Los números del día son los siguientes: Fecha .- 10 de junio del 2004. Pasos.- 62857.Kilómetros.- 44 kms. Hora de salida.- 7:00.Hora de llegada.- 20:15 Tiempo andando.- 12 horas Este camino de Madrid me ha parecido precioso y sorprendente. Nunca hubiera imaginado que por las tierras de Segovia hubiera tanto pinar, esperaba un recorrido mucho más árido y agobiante. Es un placer poder estar en la primera hora de la mañana en estas magníficas tierras.
Undécima jornada: Medina de Rioseco - Villalpando (11-6-2004)![]() Me suena el despertador y me siento agotado por la etapa durísima de ayer, pero en seguida mi cabeza recuerda lo que hoy me espera. Un nuevo trayecto donde la aventura se incrementa por la ausencia de flechas que me guíen. Tengo en mi posesión unas fotocopias de mapas del Instituto Geográfico, que unen Medina de Rioseco con Granja de Moreruela. Me he estudiado en profundidad los mismos y he visto que es totalmente posible hacer el recorrido por caminos carreteros. Las referencias no son excesivas pero suficientes para que no haya pérdidas notables, solo en una ocasión tuve problemas pero se superó con muy poco de esfuerzo. Con los nervios a flor de piel salí del hostal hacia la ermita de Nuestra Sra. Casaviejo. En este trozo encontré a un señor que paseaba todos los días hasta la ermita para solucionar sus problemas de colesterol y azúcar. No conocía el recorrido que debía seguir pero si conocía como llegar hasta la ermita. Se maravillo de que alguien saliendo desde Madrid pudiera llegar hasta Santiago. Por el camino que lleva a la ermita se pasa un tendido de alta tensión y a un kilómetro sale un camino a la derecha que hay que continuar. Se debe seguir derecho hasta la bifurcación siguiente a la izquierda, se encuentra aproximadamente a kilómetro y medio del anterior. Desde este punto no hay que abandonar el camino hasta Morales de Campos que se encuentra a unos 12 kilómetros de Medina. Un poco después del desvío se encuentra otro tendido de alta tensión que hay que cruzar. Este recorrido es totalmente solitario y las referencias muy pocas. Todo son campos de cereal, muy pocos árboles y muchos kilómetros de visión. La llanura es similar a la que se encuentra en el recorrido del Camino Francés entre Carrión de los Condes y Calzadilla de Cueza. Aquí no hay tanta distancia entre los pueblos pero estos no tienen ningún tipo de servicio. Con mis pensamientos puesto en la lejanía, mi ánimo se fue templando según fui siendo consciente de lo fácil que era seguir el mapa y los hitos se iban presentando. A Morales de Campos llegue sobre las 10 de la mañana, todavía el calor no era notable pero amenazaba un día duro. Este pueblo apenas tiene 200 habitantes y ninguna tienda abierta. Parece que hay un bar pero lo abren por la tarde. Eso si, tienen una casa rural que en caso de necesidad puede servir de reposo (Casa Bolas). Con estas noticias decidí continuar la marcha a Cabreros del Monte que se encuentra a unos 9 kilómetros del anterior. Se sale por el camino del Cementerio. Este camino se sigue recto atravesando al poco rato otro tendido eléctrico. A unos cinco kilómetros nos encontramos una bifurcación peculiar de cinco caminos, tenemos que tomar el segundo contando desde la derecha y ya todo seguido continuar hasta el pueblo. El calor se empezaba a incrementar y se hacia necesario rehidratarse. Notaba el sol en la espalda y estaba deseando llegar a destino para descansar un rato. Este pueblo todavía es más pequeño que el anterior, apenas supera las 100 personas y los servicios que tiene son casi nulos. Cuando llegue a él necesitaba descansar y aproveche un soportal para soltar la mochila y para colocar las piernas en alto. Es necesario para esta etapa ser previsor y comprar algo de comer y llevar suficiente agua. Después de descansar durante media hora, en la que no pude ver a ninguna persona, me puse en marcha. Vi a un grupo de abuelos a la sombra charlando del campo y fue la ocasión para preguntar por el camino que llevaba a Quintanilla del Monte por el Teso de la Maya. Esto último fue una pista fundamental, uno de ellos tenía alguna tierra en la zona y me acompañó hasta la salida del pueblo. Confiando a que el abuelo no se hubiera equivocado y sabiendo que este tramo no tenía ninguna desviación seguí observando los campos llenos de cereal, ya a estas alturas bastante seco y soñando con las olas que generaba la ligera brisa. El sol era aplastante. En este tramo se sale de la provincia de Valladolid y se entra en la de Zamora, concretamente un poquito antes del Teso de la Maya. Siete kilómetros después se llega a Quintanilla del Monte. Se halla situada en una pequeña colina, próximo al río Valderaduey que significa la otra corriente, el otro río. Apenas tiene 150 habitantes. Cuando llegue vi un pueblo solitario y sólo en el centro vi un par de abuelos que estaban charlando antes de ir a comer. Les pregunté si había algún bar, me dijeron que abrían a las 3 para echar la partida. Me senté a la sombra un momento para recuperar. Llene la botella de agua en una fuente. Poco más adelante encontré un pastor que me dirigió a un camino que llevaba directamente a Villalpando tras cinco kilómetros de solanera cruel. Este camino cuando se aproxima a Villapando se convierte en una carretera que estaban asfaltando para una nueva urbanización. A las 3 y media llegaba al pueblo y me fui directamente a un hostal de carretera para poder realizar la primera comida del día. Este hostal está enfrente a una gasolinera y muy cerca de la A-6. La habitación era suficiente para mi y la siesta fue inevitable después de las dos últimas etapas. Por la tarde visité el arco de Santiago y el monasterio de las Clarisas, pero el paseo fue muy leve, llevaba acumulado el cansancio del día anterior y las fuerzas no estaban para muchos lujos. Además sabía que mañana tendría otra etapa donde el calor me fustigaría y debía recuperarme el esfuerzo. Este día encontré preciosos campos de amapolas que llenan de color el campo y dan alegría al ánimo del paseante. Los números del día son los siguientes: Fecha .- 11 de junio del 2004. Pasos.- 45714.Kilómetros.- 32 kms. Hora de salida.- 7:00. Hora de llegada.- 15:45 Tiempo andando.- 8 horas Duodécima jornada: Villalpando – Granja de Moreruela (12-6-2004)![]() Dormí profundamente y me sentía bastante descansado. Tras asearme salí a la calle donde me dirigí hacia la gasolinera que por un camino que sale ahí mismo se dirige a un puente que atraviesa la A-6 a unos quinientos metros. La carretera desaparece y comienza un camino que hay que seguir durante media hora larga. No hay pérdida pues el camino va paralelo al río Valderaduey y no hay ningún desvío. Cuando llegamos a un cruce de caminos debemos tomar él de la derecha que nos lleva a un pequeño puente sobre el río y ya todo seguido hasta Tapies. Llegue sobre las 8 y media, todo estaba cerrado y sólo a una señora que estaba barriendo la puerta de su casa pude preguntarla por las bodega subterráneas. Esta no sabía pero llamó a su hijo, que estaba durmiendo, para que me guiara. El preguntar por las lagunas de Villafáfila ayudó mucho. El muchacho no sabía muy bien indicarme pero si me dirigió hacia las bodegas enterradas en el suelo. La señora me preguntó por el camino y me ofreció un vaso de leche que con mil amores me tomé. Los campos seguían siendo llanos y las distancias parecían infinitas. Solamente a mi derecha podía distinguir una carretera que llevaba a Villafáfila, pensaba que si en algún momento tenía problemas me dirigiría a ella. Poco a poco llegue a un punto que desaparece totalmente el camino, pero sabía que continuando recto campo a través en doscientos metros volvería a aparecer. Ya era posible ver los humedales y multitud de pájaros sobrevolando la zona. Aunque continué recto no había manera de ver por donde seguía. Las hierbas estaban muy crecidas y era muy difícil saber por donde aparecería de nuevo el camino. Fue un rato de intranquilidad pero como podía ver en la distancia Villafáfila y la carretera no me preocupé demasiado, así que continué, comiéndome todas las zarzas del mundo, hasta que encontré un camino y lo seguí. Este camino me permitió llegar hasta el centro de interpretación de las lagunas donde un guarda me orientó hacia el pueblo abandonado de los Huertos. Pude con unos prismáticos ver las aves sobre las lagunas. Es impresionante la cantidad de aves que utilizan estos humedales para beber. Desde este punto seguí por el camino de la derecha cuando se llegue a los palomares y luego todo recto hasta Villamarín de Campos. A este pueblo llegue sobre la una y media con muchísima sed y agobiado por el calor reinante. Para mi alegría había un bar abierto, el primero de las dos últimas etapas. Tomé una deliciosa coca y casi un litro de agua. Este pueblo es muy curioso pues tiene un monumento enorme de un toro bravo en la mitad de la plaza junto a una fuente de agua buenísima. Pregunté por la carretera que lleva a Villafáfila y me guiaron sin ningún problema. Cuando se llega a él hay un cruce con una gasolinera. Hay que seguir de frente por una carretera en ascenso que en cuestión kilómetro y medio tiene un camino agrícola a la izquierda. Siguiendo por él en tres cuartos de hora se llega al ferrocarril que es atravesado por un puente. Media hora después me encontré entrando en Granja de Moreruela destino de la etapa de hoy. Me dirigí directamente al bar Cle-bis (en la carretera) donde la guía me marcaba que entregaban la llave del albergue y sellaban la credencial. Un poco antes de llegar pude volver a ver una flecha amarilla que me lleno de alegría después de dos días sin verlas. La llaves ya las habían entregado a otros peregrinos, cosa que me alegró, iba a poder convivir con alguien más. El albergue es la casa de Cultura, estaba abierto aunque no había nadie dentro. Lo visité y vi que se componía de un recibidor grande con un colchón de matrimonio en el suelo, una habitación con literas apelotonadas y de un cuarto de baño con ducha. Todo ello bastante sucio, pero suficiente para pasar la noche. Tome posesión del colchón del recibidor al ver que ya había gente en la habitación. Me di una ducha reparadora con un hilito de agua fría, me tendría que conformar. Cuando salí me encontré con un matrimonio francés de cincuenta y tantos años que hablaban bastante bien el español. Se llamaban Francine y Claude. Me estuvieron contando que ellos eran también repetidores del camino. Ellos hacían la Vía de la Plata desde Sevilla pero lo iban haciendo por etapas. Esta vez habían empezado en Zamora, pero habían tenido mala suerte en la primera etapa, a ella le habían salido ampollas e iban muy despacio. Estaban tristes por sólo tener diez días y no poder hacer lo que tenían planeado, llegar hasta Ourense. Son muy agradables y para mi una novedad poder conversar con alguien con los mismo sentimientos. Es una pareja interesante, ella muy religiosa y él un poco más escéptico pero se adapta a lo que le dice ella. Juntos fuimos a visitar una exposición sobre el Cister que había en las proximidades del albergue. Me pareció tremendamente interesante pues me unía más al espíritu del Camino. Como era sábado asistimos a Misa y de allí fuimos a cenar a un bar que está en la parte superior del pueblo, después de ver la salida del pueblo para el día siguiente. A las 10 ya estábamos en el albergue dispuestos a dormir. Esta etapa a supuesto el llegar al segundo gran hito de mi ruta, pisar la vía de la plata que me llevará directamente hasta mi objetivo. Estoy contento y fuerte. El destino cada día lo tengo más cercano y me veo con fuerzas para conseguirlo. Los números del día son los siguientes: Fecha .- 12 de junio del 2004. Pasos.- 42857.Kilómetros.- 30 kms. Hora de salida.- 7:00. Hora de llegada.- 16:45 Tiempo andando.- 8 horas Décimo tercera jornada: Granja de Moreruela – Tábara (13-6-2004)![]() Etapa sensiblemente más corta que las anteriores, pero era necesario que me lo tomara con calma pues los últimos días habían sido tremendamente estresantes y con mucho kilómetros. Me despertaron los franceses para dejarme una magdalena y un batido de chocolate cuando ellos marchaban a las 6 de la mañana. En seguida me levanté y preparé los bártulos de la marcha. Lleve la llave al bar dejándola en la repisa de la ventana que me dijeron. Tras esto comencé la subida lenta pero continua hasta el final del pueblo ahí hay un cruce de caminos del camino de Santiago. El que sigue recto te lleva a Benavente para luego enlazar con el camino Francés y el de la izquierda te lleva por el camino Sanabrés hasta Orense y después a Santiago. Cogí el de la izquierda y poco a poco en un paisaje de media montaña, y totalmente diferente al de días anteriores llegue a un pantano con el Puente de los Quintos. Este está a unos cinco kilómetros del pueblo. Todo el recorrido va marcado con flechas amarillas menos abundantes que en el camino de Madrid y algunas veces te hacen dudar. Al poco de pasar el puente sobre el río Esla alcance a los franceses con los que hice los siguientes 8 kilómetros. Para mí era una novedad caminar charlando de temas diversos, el recorrido se hacía bastante más ameno y los metros caían más rápidamente. También el paisaje era diferente. Abundaban las encinas y el terreno era ondulante, un auténtico placer después de tantos días de la llanura agobiante. Después del puente se asciende de manera brusca hasta un antiguo castro abandonado donde giramos a la derecha para encontrar tras varios cruces la finca Val de la Rosa. El camino es ancho y cómodo. Esta parte del camino es agradable al transcurrir por un bosque de encinoas y matorral mediterráneo. Tras un giro a la derecha el paisaje vuelve a cambiar de repente, el encinar desaparece y el camino se allana. Hay múltiples cruces a izquierda y derecha por caminos parcelarios. Francine no llevaba muy bien el pie y a unos 12 kilómetros en una revuelta del camino mis amigos se sentaron a descansar y reponerse un poquito. Yo me encontraba eufórico y continué, pero quedé con ellos en el albergue de Tábara. Desde aquí el camino perfectamente señalado hace varias revueltas hasta que te mete en un valle amplio en el que se ve Faramontanos de Tábara. En el centro del pueblo paré, el cansancio empezaba a aparecer. Diecinueve kilómetros no son ninguna tontería. Allí en el bar-tienda, junto a la iglesia y el ayuntamiento, me tomé un café y un hermoso bocata. Eran las 11 de la mañana y no tenía prisa, apenas quedaban 5 kilómetros, así que esperé a los franceses mientras charlaba con la propietaria del bar. Me comentó que en invierno son sólo unos poco pero que con la llegada del calor y las vacaciones escolares se llenaba de personas nacidas en el pueblo. A las 12 reemprendimos la marcha y en poco más de una hora llegamos a Tábara. Este es un pueblo que se fundó a la sombra de un monasterio mozárabe denominado de San Salvador, este monasterio llegó a tener hasta 600 monjes de ambos sexos. También tiene una hermosa torre cuadrada del siglo XII. Cuando llegamos el pueblo celebraba el Corpus y las calles estaban alfombradas por ramas de lavanda recogidas en los alrededores y una procesión tuvo lugar acompañada por los niños vestidos de primera comunión. Una interesante tradición que se repite en muchísimos pueblos de España. Después de contemplar la procesión nos dirigimos al albergue que se encuentra a las afueras del pueblo. Tiene esta villa un albergue nuevo y con unas instalaciones muy limpias. Ya se había instalado un peregrino que había llegado a Santiago desde Roncesvalles y ahora se dirigía a Sevilla en sentido inverso. Impresionante debe ser hacer 1500 kilómetros en dos meses. Me da auténtica envidia no tener los días suficientes para realizar esa enorme travesía. Me comentó de las dificultades de ver el camino al revés, era mucho más fácil perderse pero siempre reencontraba las fechas amarillas. Se llamaba José Antonio y era un abogado catalán. Había emprendido la marcha como una liberación contra el estrés. No comí ese día pues el bocata del pueblo anterior me había saturado y preferí hacer la colada y vaguear toda la tarde en la cama para recuperarme del esfuerzo. La cena la realicé con los franceses en el restaurante junto a la gasolinera de las afueras del pueblo mientras que nos enterábamos de los resultados de los comicios europeos. Estábamos tan distantes de nuestros hogares que el resultado no nos interesó demasiado. Este le puedo considerar un día de relax y tranquilidad, donde ha cambiado significativamente el paisaje. Los dos últimos días la llanura había sido mi acompañante pero hoy han aparecido pequeñas subidas y bajadas inconcebibles en los días previos. Desde aquí ya no volverán las llanuras y el paisaje, aunque duro, será mucho más variado y ameno. No faltarán todos los días subidas y bajadas. Los números del día son los siguientes: Fecha .- 13 de junio del 2004. Pasos.- 35480.Kilómetros.- 24,8 kms. Hora de salida.- 7:00. Hora de llegada.- 13:30 Tiempo andando.- 6 horas Décimo cuarta y Décimo quinta jornada: Tábara – Mombuey (14-6-2004 / 15-6-2004)![]() Décimo cuarta jornada: Tábara – Calzadilla de Tera (14-6-2004) Los franceses nos despertaron con sus movimientos a las 6 de la mañana y sin dudarlo me levante a preparar los trastos. En veinte minutos ya estaba listo para iniciar la marcha, ellos todavía seguían preparándose. El catalán y yo salimos a la vez y los primeros metros los hicimos juntos. En la carretera nos separamos el marchó para Faramontanos y yo para Bercianos de Valverde. Esta es una realidad del Camino los peregrinos se conocen durante unas horas, comen, duermen y respiran el mismo aire, y un día después ya no se ven más, aunque sus recuerdos perdurarán toda la vida. El camino sale desde la torre de San Salvador por un camino agrícola en magnífico estado que va paralelo a una carreterita que más adelante se atraviesa. Todo este tramo se realiza entre viñedos y castaños. Las flechas se ven perfectamente en este camino ascendente que nos llevará en un par de horas al valle del río Tera. Cuando cambiamos de valle el paisaje que puedes ver es de encina y jara. Tengo la sensación de estar en otro país diferente al de días anteriores, es un recorrido de suaves ondulaciones y sin tanto calor. No encontré ninguna dificultad hasta Bercianos de Valverde al que llegue a las 10 de la mañana. Busque un bar para desayunar que abría en ese momento y conseguí tomar un café y unas magdalenas caseras que me supieron a gloria. A las 10 y media reanudo la marcha poco a poco. La salida del pueblo se hace en cuesta pudiendo contemplar algunas bodegas enterradas en el suelo. Esta cuesta apenas dura un kilómetro luego ya todo es bajada hasta Santa Croya de Tera. Este pueblo se encuentra al lado del río Tera y se encuentra al lado de Santa Marta de Troya. Aquí pasé a la iglesia para que me sellaran en el lugar donde se encuentra el Santiago románico más bonito de la Vía de la Plata. Es impresionante su belleza y sencillez. Es difícil pensar como su autor con una simplicidad notoria hiciera una obra de arte como esta. Este se encuentra en un capitel en la parte de atrás de la iglesia aunque existe una copia en el interior. Un sacerdote mayor me dirigió a su casa donde me selló la credencial y me dijo palabras de estímulo para continuar el camino. Persona muy entrañable que bien merece una visita. A la una de la tarde continuo la marcha siguiendo paralelo al río Tera entre huertas y chopos que refrescan el ambiente. A las dos de la tarde llego al puente Pumarejo donde hay un camping. Aquí observo un merendero al lado del río rodeado de una extensa zona verde, y no lo dudo para allá voy. Me pido una refrescante cerveza y aprovecho para comer opíparamente. Antes de la comida me doy un baño en el río, consiguiendo comer fresquito como si fuera un campista. Después de comer a las 4 reanudo la marcha despacito entre hermosas alamedas junto al río hasta que se llegue a Calzadilla de Tera. Las flechas me llevan a una iglesia vieja y medio en ruinas. La iglesia, tal como está, da algo de pena, como casi todos los edificios antiguos que conocieron tiempos mejores. A la derecha y detrás de la iglesia se cruza un puente sobre un canal y se tira a la izquierda por el camino junto al canal. A unos dos kilómetros cruce otro puente sobre el mismo canal y ya llegue a Olleros de Tera. Estaba cansado y un poco tostado por el sol así que busque alojamiento, consiguiendo hospedaje en una casa de adobe que se accedía a través patio interior del bar. La primera sensación fue de cochambroso pero luego le encontré el encanto de poder dormir en una casa como las de hace un siglo. Las paredes no estaban pintadas y se podía ver el adobe. El colchón era de lana sobre una cama de madera. En las puertas había que tener cuidado de no darte con el dintel, pero tenían una buena ducha con agua caliente. El frescor era notable entre sus muros de más de medio metro. Me cobraron 5 euros por la noche. Este es un pueblo bastante pequeño sin demasiados servicios aunque si tenía dos bares y un restaurante. Un día de camino solitario pero con el ánimo bien templado por un paisaje maravilloso. No había visto ni a un solo peregrino en todo el día, que diferencia con otros caminos. A las 10 de la noche estaba durmiendo tranquilamente y meditando en el la próxima jornada que me llevará hasta Mombuey. Los números del día son los siguientes: Fecha.- 14 de junio del 2004. Pasos.- 48000.Kilómetros.- 33,8 kms. Hora de salida.- 7:00. Hora de llegada.- 18:30 Tiempo andando.- 9 horas Décimo quinta jornada: Calzadilla de Tera - Mombuey (15-6-2004) Dormí como un lirón en aquella cama que chirriaba. Me levante a las 6 de la mañana y tras preparar los bártulos salí a la calle. La mañana era fresca.La señalización en este pueblo es un lío, según la guía marca que hay hasta cuatro posibilidades. Yo tome la calle que lleva a la iglesia y pasada ésta seguí hacia Otero de Bodas. Luego, a la derecha, sale una carreterilla flanqueada por postes de la luz que, a unos tres kilómetros, desemboca en otra más ancha. Siguiendo ésta, a la derecha, se llega a la presa del pantano. Atravesé la presa y, a los pocos metros, cogí una carreterilla asfaltada. En este recorrido pude observar como un azor observaba el valle sobre un poste y en un momento determinado se dejaba caer suavemente sobre las aguas del pantano sin apenas mover las alas. La carreterilla bordea el pantano y nos lleva a Villar de Farfón. Una senda poco señalizada pero sin pérdida me lleva a Rionegro del Puente. Detrás del Santuario de la Virgen de la Carballeda, a la izquierda de la carretera, descanso y tomo un café. El propietario del bar me contó la siguiente leyenda: “Un peregrino se encontró en su camino con la imposibilidad de cruzar el río Negro debido a una gran crecida. Invocó a la Virgen, la cual ayudó al peregrino a cruzar el río utilizando su capa como si de una barca se tratara. Finalmente al llegar a la otra orilla se agarró a la rama de un gran carballo. Fue en ese lugar donde el peregrino construyó una ermita que con el paso de los años se convirtió en el santuario que ahora nos encontramos”. En la fuente enfrente de la Iglesia lleno la botella de agua, el calor empieza a notarse. Se sale hacia Mombuey por un camino a la derecha de la N-525 que se toma en el mismo Rionegro y que cruza bajo la autovía. Al llegar a la carretera de Santa Eulalia el camino desaparece y quedan dos alternativa: seguir los postes del tendido eléctrico campo a través o el arcén de la N-525. Me encuentro cansado y decido seguir por la carretera. En un bar de carretera aprovecho para tomar un café y tomarme un respiro. Una hora después estoy llegando a Mombuey con un calor insoportable. Me dirijo al albergue y una nota me indica que las llaves las dan en el Hostal A Rapina. Allá me dirijo. Pido las llaves y me dicen que el alcalde tiene que darme las llaves. Me pasan a un despacho y el señor alcalde, y propietario del hostal, me somete a un interrogatorio con no demasiadas buenas maneras. Me da la sensación que no le hace gracia que el albergue le haga la competencia. Llama al alguacil y le dice que me lleve al albergue. El albergue parece un almacén en el que hay de todo. Hay dos camas de hospital y varios colchones en el suelo. Después de asearme decido ir a comer al hostal. Cuando estoy llegando veo a dos peregrinos que vienen por la carretera. Son dos amigos del camino, que han empezado en Sevilla y que hacen medias de 50 y 60 kilómetros diarios, ¡una barbaridad! Les indico donde está el albergue y vamos a comer juntos. Me cuentan que ellos se levantan a las tres de la madrugada y a medio día suelen estar en destino. Se conocieron hace un par de años en el camino Francés y congeniaron tan bien que año tras año siguen juntándose para hacer diferentes caminos. Me sorprende las medias pues no son gente joven, deben rondar los sesenta años. Hacen muchas etapas casi por carretera para ser más directos. Hoy vienen desde Tábara. Después de una opípara comida y de una copita de orujo, me satisface tener un rato de conversación con gente que está realizando una andadura similar. Después marchamos a una merecida siesta. A las siete visitamos la iglesia que tiene una bonita torre románica. Tomamos unas cervezas y una tabla de embutidos, antes de marchar al reposo del peregrino. La jornada ha sido más tranquila que días anteriores pero mi ánimo no estaba muy boyante. Voy notando los días y el cansancio. No todos los días se encuentra uno en plena forma. El contacto con otros peregrinos me vitalizó. Los números del día son los siguientes: Fecha .- 15 de junio del 2004. Pasos.- 32800.Kilómetros.- 23,8 kms. Hora de salida.- 7:00. Hora de llegada.- 13:30 Tiempo andando.- 6 horas Décimo sexta y décimo séptima: Mombuey - LubianDécimo sexta jornada: Mombuey – Puebla de Sanabria (16-6-2004) A las tres de la mañana mis compañeros de albergue se despertaron y se prepararon con bastante consideración en no hacer ruido. Era de noche cerrada y me pareció un absurdo salir tan temprano. Hacer medias etapas sin poder ver el paisaje y con una linterna en la mano no me parece la mejor forma. Les despedía con el “buen camino”, me di la vuelta y me quede roque hasta las 6 y media. Cuando salí había dos luces pero suficientes para caminar observando por última vez la torre románica. Tras cruzar la autovía me espera un precioso bosque de robles. En esta jornada se suceden los pueblos cada 4 o 5 kilómetros. El primer pueblo que nos encontramos es Valdeverilla, apenas cuatro casas con mucho encanto. Entrepeñas y Asturianos. En este aproveche para tomar el almuerzo y descansar en una terraza de un bar durante una hora larga. Cernadilla es el pueblo más importante en esta primera parte. La característica más destacada de esta localidad es la nobleza que desprenden muchas de sus casas, que denotan épocas pasadas esplendorosas. En el centro del pueblo, y rodeada por completo, se encuentra la parroquia, cuya construcción data del siglo XVII. Su presbiterio se cubre con una bóveda de crucería estrellada. Los retablos son discretas piezas barrocas, no excesivamente complejas en su diseño. De su exterior destaca, sobre manera, la torre, una esbelta obra realizada con sillería granítica. Una de sus pedanías es San Salvador de Palazuelo. La localidad cuenta con dos ermitas la del Cristo y la de Santa Lucía, las dos restauradas. A estos dos edificios religiosos hay que añadir la iglesia parroquial, con portada románica. El cuerpo del templo es posterior al igual que su torre. Después pasamos por Entrepeñas donde su ermita nos recibe un poquito antes de entrar en su plaza donde su fuente me permitió llenar la botella de agua. Salí del pueblo y tras unas cuantas revueltas pasé por un puente por encima de la autovía desde donde ya es posible ver la siguiente población. Un poco después se llega a Asturianos con su imponente iglesia de la Asunción, aquí aproveche para tomar el almuerzo y descansar en una terraza de un bar durante una hora larga. Aquí el calor empezaba a notarse y a agitar el ánimo. Desde aquí el paisaje se estropea, no es nada cómodo con muchos tramos llenos de maleza. Sin embargo tiene sombra, pues discurre por el bosque. Llegue a Remesal donde una señora me contó que en su pequeña ermita se encontraron Fernando el Católico y Felipe el Hermoso para resolver los enfrentamientos sucesorios producidos tras la muerte de Isabel la Católica. Por un camino un poco tortuoso llegue a Otero de Sanabria, aquí ya estoy un poco harto de tanto cruce y decido seguir por la N-525, y así hago los últimos 5 ó 6 kilómetros. A la entrada encuentro el hostal la Trucha donde como y pido habitación para pasar la noche. A las seis de la tarde, después de un rato de siesta subo hasta el castillo de Puebla de Sanabria por unas empinadas escaleras que me llevaron hasta el castillo levantado por Rodrigo Alonso Pimentel. Paseo por sus calles estrechas observando la ermita de San Cayetano, el convento de San Francisco y la Casa Consistorial. Es un pueblo fascinante que te introduce en una época diferente. Sus casa blasonadas crean un carisma especial y fascinante. Entro en la Oficina de Información y cuando estoy hablando con la muchacha que lo atendía aparecieron mis amigos franceses Francine y Claude. Ellos han cogido el autobús desde Mombuey, y mañana vuelven a su tierra. ¡Qué alegría volver a ver a gente no esperada! ¡Qué alegría volver a saludar a buenas personas que tienen inquietudes similares a las mías! Prometen volver al camino al año siguiente para completar el trecho que les queda. Después de despedirmos tomé un par de vinos de las tierra en uno de los múltiples bares y me fui a la cama para estar fresco al día siguiente. Los números del día son los siguientes: Fecha .- 16 de junio del 2004. Pasos.- 45428.Kilómetros.- 31,8 kms. Hora de salida.- 7:00. Hora de llegada.- 16:00 Tiempo andando.- 8 horas Décimo séptima jornada: Puebla de Sanabria - Lubian (17-6-2004)El día amaneció temprano, como todos los días en el camino. Es importante madrugar para aprovechar las horas frescas de la mañana para hacer la mayor parte del camino. Llego hasta el río Castro, que se cruza por el puente tomando la antigua carretera N-525 otra vez. Hoy para empezar toca recorrerla durante casi ocho kilómetros. Es una auténtica pesadez. En algún momento intento seguir un camino paralelo pero el río me impide el paso y tengo que volver a la carretera. Este tedio mañanero se acaba en un camino bien marcado que sale a la derecha de la carretera que entre castaños y robles nos lleva hasta la iglesia porticada de Santiago de Terroso. Aquí sufrí una pérdida de casi una hora por distraerme en mis pensamientos y pasarme una flecha. Esto me obligó a retroceder con el consiguiente cabreo. Poco a poco recorro los 8 kilómetros que hay desde Puebla a Requejo. Con tres horas de recorrido y como compensación a mi enfado entro en el bar-tienda que hay en el centro del pueblo donde tomo un desayuno reconfortante, sobre todo sabiendo que el puerto del día se inicia nada más salir del pueblo. En este descanso llega un peregrino alemán que apenas habla español. El tendero me pidió ayuda para saber lo que quería. Con mi desastroso inglés y su horrible inglés conseguí descubrir que quería un poleo. Esta anécdota hizo que emprendiéramos el camino de subida al Padornelo. Esta subida son doce kilómetros que se inician por un camino y terminan en la carretera, antes de un túnel de medio kilómetro. Durante la subida se pasan varias naves abandonadas y una fábrica hormigonera, que debieron utilizar para construir la carretera. Esta subida es llevadera en la primera parte, pero en la última es un poco árida. El desnivel no es más que de 350 metros en cinco kilómetros, nada que ver con el desnivel del puerto de la Fuenfría que se ascienden 800 metros. Lo que si marca es el primero de los puertos de la entrada a Galicia. El no pasear solo me abrevia el recorrido, aunque tengo que hacer auténticos esfuerzos para entender a Dietrich. Me comenta que es su segundo camino, el año pasado estuvo en el Francés y le encanto. Su única queja era lo concurrido que estaba. Por ello este año había decidido ir a uno más tranquilo. Empezó en Zamora y hasta ahora había realizado etapas cortas. Tiene 24 años y es cartero en un pueblo cercano a Berlín. Cuando llegamos al Padornelo son las dos de la tarde y decidimos tomar una cerveza y descansar durante un rato. Es atendido por un matrimonio mayor que nos comentan que este año están habiendo muchos más peregrinos que los años anteriores. Nos cuentan que todos los días pasa alguno. A las tres y media reemprendemos el camino. Enseguida se abandona la carretera por un caminito a la derecha. Aquí recorro uno de los tramos más bonitos de este camino entre hermosos robles y brezos y con un torrente de agua que se infiltraba en el sendero. Mi amigo decide parar un rato y yo ensimismado continuo intentando disfrutar del paisaje fantástico. Paso a paso llego primero a Aciberos, pequeño pueblo sin ningún servicio para el peregrino. Después de él se continua por el camino fantástico hasta un poco antes de Lubian que atravesamos bajo un puente la vía del tren. El camino te lleva directamente al albergue, edificio nuevo con dos plantas. En el tomo posesión de una de las literas y me doy una ducha revitalizante totalmente sólo. Cuando estoy reposando en la cama llega mi amigo alemán que toma posesión de otra de las camas. A las siete de la tarde nos damos una vuelta por el pueblo y buscamos la salida de mañana. Decidimos cenar en la casa rural Irene, donde nos damos una espléndida cena con una botella de vino que nos levantó la alegría. Medio cantando nos fuimos a nuestro albergue donde estábamos totalmente solos. Entre el vino y el cansancio caímos como troncos. Parece mentira que un lugar preparado para unos treinta peregrinos solo estemos dos. Son las cosas que no se terminan de entender. Pero disfrutemos de estas pequeñas ventajas que a veces nos da el camino. Los números del día son los siguientes: Fecha .- 17 de junio del 2004. Pasos.- 42714.Kilómetros.- 29,9 kms. Hora de salida.- 7:00. Hora de llegada.- 16:00 Tiempo andando.- 8 horas Décimo octava y décimo novena jornada: Lubian - Laza Décimo octava jornada: Lubian – A Gudiña (18-6-2004) Me desperté a mi hora habitual y preparé mis cosas con calma esperando que mi amigo alemán se desperezara, me dijo que quería hacer el recorrido solo para pensar en su cosas y pensaba comprar algunas cosas en el pueblo. Así que emprendí el día sólo y agradeciendo el ir sólo, por que así podía ir a mi ritmo. El camino comienza con una bajada hasta el río Tuela y poco después se llega al magnífico monasterio barroco de la Tuiza y un poco más adelante a la ermita de la Virgen de las Nieves. Aquí hay un área de recreo en el que es posible descansar un rato. Desde aquí se inicia la subida por un sendero lleno de vegetación del puerto de A Canda. Esta subida, que nos llevará hasta Galicia, es mucho más brusca que la del Padornelo, 300 metros de desnivel en tres kilómetros y medio. La subí con cierta soltura y sin hacer paradas. Arriba llegue a las dos horas de iniciar el recorrido y decidí parar en la fuente junto a la antigua nacional. En este punto hay un deteriorado mirador con una magníficas vistas sobre Zamora llegando a divisar el Padornelo. Aquí también se encuentra un letrero que nos indica el cambio de provincia, entramos definitivamente en Ourense. También en este punto podemos ver la primera escultura en piedra con motivos jacobeos de Carballo, estas nos acompañarán en todos los cruces importantes. En este punto se inicia una trepidante bajada tan pronunciada como la subida que nos lleva hasta el primer pueblo gallego, A Canda. Es un pequeño pueblo sin ningún servicio para el peregrino. Un poco más abajo nos encontramos el pueblo de Vilavella. Este si que tiene una zona de servicios, bares, restaurantes, tiendas y hostales. Aproveche para tomar el desayuno, después de tres horas y media de camino. Continuamos la bajada, ahora ya algo menos brusca hasta O Pereiro, en este encontramos la bella ermita de Ntra. Sra. De Loreto. Aquí se acaba la bajada y se inicia otra subida lenta pero ya muy pesada por el recorrido que llevamos que nos lleva a O Canizo. Aquí aproveche para tomar una cerveza y de paso tomar una ensalada en un bar que abre al paso del peregrino. La señora que lo atiende cuando me vio pasar me dijo que pasara y descansara un rato en su pequeño bar. Se estaba muy fresco en el interior en comparación del calor de ese día de junio. A las dos y media de la tarde reemprendí la marcha con el ánimo un poco más templado. No tenía prisa pero los cuatro kilómetros que separan de A Gudiña se hicieron apenas en una agradable hora por caminos en bajada. Un poco antes de entrar en la población se atraviesa por un puente la Autovía y en medio kilómetro mas se llega al centro del pueblo. Busque el albergue y enseguida me encontraba en él, tuve que llamar a un teléfono que marcaba y apareció un miembro de protección civil que tomó nota de mis datos. El albergue tiene 24 plazas en 12 literas en la parte superior y un salón y cocina bastante grandes en la parte baja. Mientras me duchaba aparecieron dos peregrinos que venían del alto del Padornelo. Uno era sevillano y otro uruguayo habían iniciado el camino en Sevilla. Hacían etapas de cincuenta kilómetros. Me comentaron que en Zamora se habían cruzado con el peregrino catalán que iba en sentido contrario. Me eche una espléndida siesta antes de recorrer el pueblo. Visité la Iglesia de San Martiño. Recorrí durante unos metros el camino del próximo día que pude observar que era por una carreterita en subida. De vuelta al albergue para dejar las vituallas del día siguiente estaba mi amigo alemán. ¡Que novedad estar cuatro peregrinos en un albergue! Cenamos en el restaurante Carlos una espléndida cena rodeados de una excursión a Santiago que había salido esa mañana desde Madrid. Nos miraban como bichos raros. Ellos consiguen llegar en un solo día y a mi me costará más de veinte. Después de un buen orujo y un paseo nos dirigimos a descansar en el albergue. Nuestros compañeros nos dijeron que ellos partirían a las cinco de la mañana pues querían llegar a Villar de Barrios. Los números del día son los siguientes: Fecha .- 18 de junio del 2004. Pasos.- 33714.Kilómetros.- 23,6 kms. Hora de salida.- 7:00. Hora de llegada.- 15:00 Tiempo andando.- 6 horas Décimo novena jornada: A Gudiña - Laza (19-6-2004) En esta jornada tendríamos dos posibilidades ir por las Ventas hasta Laza o bien ir por Verín. Decido que me resulta más atrayente un recorrido de montaña donde estaré más de 15 kilómetros a más de mil metros de altura.A las 5 de la mañana nos despiertan nuestros compañeros al hacer su equipaje, pero apenas en 10 minutos vuelve el silencio y conseguimos dormir sin ningún problema hasta las 6 y media. A estos compañeros no los volveremos a ver como suele pasar constantemente en el camino. Aquí cada cual lleva su ruta y marca su marcha, tiene un enorme parecido con la vida, donde tenemos que tomar constantemente decisiones que nos acercan o nos alejan de los compañeros de viaje o de vida. Diaetrich y yo marchamos después de tomar un yogur y unas cuantas galletas. El día se presenta a primera hora como lluvioso y es preciso que pongamos el poncho. Es un sirimiri ligero que durante una hora nos irá refrescando. La verdad es lo agradezco después de tantos días de solanera y de agobios. Se empieza el recorrido por una carreterita en la que sólo pasó un coche en los 10 kilómetros que la seguimos. Poco a poco vamos ganando altura hasta que en cinco kilómetros llegamos a Venda do Espiño da Cerderira. Son apenas cuatro casas con un par de explotaciones ganaderas y un cerezo al que debe su nombre la población. Sólo nos cruzamos con un campesino vestido con un mono azul y que iba arreando sus vacas. Ni siquiera se detiene a mirarnos. Debe estar su mundo tan lejano de nuestra peregrinación que no le debe causar ninguna sensación y prefiere ni observarnos. Desde aquí las vistas son espléndidas sobre la Sierra Seca. Nos acompaña intermitentemente los túneles del tren que une Puebla de Sanabria con Ourense. Seguimos por la carretera con unas vistas maravillosas y solitarias y notando que el ascenso se ha suavizado y estamos empezando a llanear. Sigue así el recorrido hasta Venda Teresa. Aquí no vemos a ningún persona. Al salir de la población no volvemos a la carretera sino que se coge un camino que nos lleva hasta la siguiente Venda, Venda Capela. En este punto comenzamos a ver el Embalse das Portas y por detrás la sierra de San Mamed, la sierra de Queixa y los montes do Invernadeiro, dominados por el pico Seixo, Majadales y Cabeza de Manzaneda. Es vista se tendrá hasta la bajada a Campobecerros. Por el camino que llevábamos llegamos a otra carreterita, diferente a la que llevábamos. Cuando llevamos 14 kilómetros llegamos a la Venda da Bolaño, la última. También sin ningún servicio para el peregrino. Un poco después se inicia un descenso brusquísimo hasta Campobecerros donde llegamos con 20 kilómetros en las piernas y sin un solo descanso. Son las 11 y media de la mañana y se impone un descanso. Este lo conseguimos en un bar. Recogemos el poncho y el ánimo se nos alijera. El sudor nos había deshidratado. Tras una cola y un bocata sentimos como las fuerzas vuelven. Las vistas de esta etapa son incomparable y vale la pena el esfuerzo de realizarla. Es magnífica la iglesia de la Asunción con un moderno Santiago en la portada. Se sale hacia Porto Camba por una carreterita que apenas en tres kilómetros nos coloca en el centro del pueblo. Se deja la aldea y se sube hasta una cruz, erigida en memoria de los peregrinos fallecidos en el Camino. Las vistas vuelven a ser fabulosas. Aquí se coge una pista asfaltada que de forma muy decidida empieza a bajar. Una hora después, y ya cerca de las dos de la tarde llegamos a As Eiras un hermoso pueblo que recibe maravillosamente a los peregrinos. Tienen preparada un área de descanso con una fuente y un comedor de madera. Aprovechamos para descalzarnos un rato para que nuestros sufridos pies respiren y descansen. También damos cuenta de las viandas que llevábamos en la mochila. Estuvimos cerca de una hora disfrutando de las vistas espléndidas. Continuamos el recorrido por un pista de tierra que sigue bajando decididamente, se pasa de mil cien metros a menos de quinientos en diez kilómetros. A las seis de la tarde llegamos a las estribaciones de Laza, donde preguntamos por el albergue a un agricultor que estaba limpiando los campos de patatas. Nos dirigió directamente a protección civil. Este pueblo nos pareció toda una ciudad después de las aldeas recorridas. Aquí nos sellaron las credenciales y con un todoterreno nos acercaron al mismo, son apenas quinientos metros que agradecieron nuestras piernas. El albergue es todo un lujo baste decir que se parece más a un Centro Cultural. Aprovechamos para refrescarnos y descansar un rato antes de dar una vuelta por el pueblo. Había un peregrino mayor y una pareja que iniciaba hoy el camino. El de protección civil nos dijo que había algo de comida en la nevera y si comprabamos algo en la tienda no era necesario que saliéramos a cenar. Había un plato de espaguetis, un par de tomates y unas magdalenas. Así que nos fuimos a comprar una lechuga, un para de botellas de vino y algo de embutido a la tienda. Y otra sorpresa la tendera nos dio dos paquetes de yogures que caducaban dos días después y unos donuts para el desayuno. Antes de que se estropeen los artículos ella los da a los peregrinos para que los consuman. Esto dio lugar a una magnífica cena peregrina. Dietrich y yo dimos una vuelta por el pueblo viendo entre otras cosas su hermosa iglesia gótica de San Xoán y un cruceiro sobre cuatro pilares. Cuando volvimos al albergue había llegado un bicigrino de Barcelona que se unió a nuestra cena. Después de esta departimos en el salón durante un buen rato, contando las diversas experiencias y escribiendo en el libro de peregrinos. A las diez y media de forma automática se apagaron las luces del albergue y nos marcó el momento de ir a dormir. Etapa agotadora pero bellísima. Tuvimos la suerte de que las nubes nos acompañaran, en caso contrario es tremendamente necesario proveerse de agua y víveres. Los números del día son los siguientes: Fecha .- 19 de junio del 2004. Pasos.- 48857.Kilómetros.- 34,2 kms. Hora de salida.- 7:00. Hora de llegada.- 18:30 Tiempo andando.- 9 horas Vigésima y Vigésima primera jornada: Laza - Ourense Vigésima jornada: Laza - Xunqueira de Umbía (20-6-2004) Después de una magnífica noche durmiendo a pierna suelta el despertador sonó a las seis y media despertándome de mi sueño. Enseguida me levante y empecé a organizar la mochila. Dietrich le costó un poco más levantarse, estaba cansado después de la etapa del día anterior. Hoy soy quería llegar a Vilar do Barrio, tenía todavía diez días para volver a Alemania y pensaba tomárselo con calma. Yo tenía pensado llegar hasta Xunqueira. Salimos de este fantástico albergue y enseguida cojemos la OU110, que va a ser nuestra compañera hasta Vilar do Barrio. Durante un kilómetro no vemos ninguna flecha y dudamos si nos abremos equivocado, de todas formas continuamos y por fin encontramos un desvío que nos lleva a cruzar el río Támega. Se puede disfrutar al principio de esta etapa de un hermoso bosque en el que se pueden distinguir algunos molinos antiguos. El camino no tiene más incidencias hasta Tamícelas que se llega sin ningún problema en hora y media de tranquilo paseo. Aquí se inicia la subida del día. Es un ascenso brusco, que en tres kilómetros sube un desnivel de 500 metros. Se inicia por una pista zigzagueante en buen estado, donde hay sombra pinos. Pasado el primer desvío se abandona la pista y la sombra de los pinos y se toma un sendero que comienza una muy dura subida. La señalización es muy buena y hace casi imposible una pérdida, pero la subida si que es agobiante. Poco después se vuelve a coger una pista a la izquierda y la subida se suaviza un poco. Después de varios cruces se llega a un roble precioso y más parece al ser el único que nos puede dar algo de sombra. Es obligada una pequeña parada para respirar. El sudor es ostensible pese a ser un día que corría un poco de aire. Desde este punto la subida vuelve a endurecerse aunque ya se intuye el final de la subida al ver la carretera a nuestra izquierda y en lo alto algunos postes. Al fin llegamos a la carretera, para iniciar un ligera bajada que nos llevará hasta a Alberguería. Aquí nos encontramos un antiguo peregrino que tiene abierto un bar lleno de recuerdos del camino. Tiene las paredes llenas de vieras firmadas por los peregrinos que pasan por su puerta. Nos invitó a escribir en las correspondientes y las colocó en una de sus paredes, para que la próxima vez las busquemos. Tomamos un café y un bollo mientras que descansábamos de la agobiante subida. Este pueblo fue muy importante en la peregrinación y llegó a tener una posada y un hospital de peregrinos. Hoy en día se puede visitar su iglesia del siglo XVII, dedicada a Santa María de Alberguería, se puede destacar una imagen de Santiago. Se sale del pueblo por una cuesta mucho más suave que tras varios cruces nos lleva a una gran cruz con milladoiro. Este se encuentra en el monte Talariño. Esta cruz se puso en recuerdo de los gallegos que iban a la siega a Castilla. Esta cruz me recuerda la famosa Cruz de Ferro del camino Francés. En este punto se inicia una fuerte bajada de más de 300 metros que nos llevará hasta Vilar do Barrio. Las vistas en esta bajada son impresionantes. En poco más de una hora llegaremos a Vilar. Durante esta bajada coincidimos con un grupo de caminantes de la Asociación del Camino de Salamanca, que estaban realizando este recorrido por etapas de fines de semana. Ya un poco harto de hablar en inglés con Dietrich enganché una larga charla con este pequeño grupo. Sin darnos cuenta llegamos a Vilar. Volví a parar un rato mientras Dietrich buscaba aposento en el albergue. Aproveche a tomar un par de cocas y una bolsa de patatas. A la una volvió mi amigo y nos despedimos haciendo propósito de escribirnos. Después de sellar al lado de la gasolinera salí por carretera buscando los pueblos siguientes que son Bóveda y Vilar de Gomareite. Después de este segundo se sale a la laguna desecada de Antela. Aquí se perciben unas rectas impresionantes, similares a las rectas de las etapas de Castilla. Comencé esta llanura en solitario pero detectando al grupo de peregrinos de Salamanca como a medio kilómetro detrás de mi. Ellos debieron incrementar el ritmo, pues yo aceleré la marcha notablemente y no conseguía distanciarlos. Fueron 5 kilómetros sentí el espíritu del camino. Con mucho calor llegue a Bobadela, donde decidí meter los pies en un estanque mientras que esperaba a mis compañeros salmantinos. También aproveche a comer algo de fruta. Después de descansar un rato reemprendimos el camino ya todos juntos. Se cambia el ambiente del recorrido ya que las rectas interminable desaparecen y vuelven los preciosos bosques de robles, que dan ganas de parar y echar la siesta en un día de calor. Se pasan los pueblos de Cima de Vila, Quintela y por último Xunqueira de Ambía. El albergue está a la entrada pero para recoger la llave hay que ir al centro del pueblo. Una vez aquí decidí dormir en una casa rural, no tenía fuerzas para volver al extrarradio. Nada más ducharme marche a dar una vuelta por el pueblo. Es destacable el Monasterio de Santa María la Real, construido en el siglo XII. Tiene una hermosa fachada románica, y la iglesia tiene hermosos retablos barrocos. Cene en un restaurante al lado del monasterio y pronto me despache para la cama para descansar. Las muchas jornadas van cargando el cuerpo y fácilmente se puede estar en la cama durmiendo 9 o 10 horas. Jornada variada donde se pasa un puerto poderoso con su bajada correspondiente, luego una llanura importante y por último unos bosques preciosos. Una jornada completa y maravillosa. Los números del día son los siguientes: Fecha .- 20 de junio del 2004. Pasos.- 46571.Kilómetros.- 32,6 kms. Hora de salida.- 7:00. Hora de llegada.- 17:30 Tiempo andando.- 8 horas Vigésimo primera jornada: Xunqueira de Umbía – Ourense (21-6-2004) Me levanté con fuerzas renovadas lo primero que hice fue mirar por la ventana. El día amaneció con lluvia fuerte y constante. Me preparé para esta eventualidad desconocida desde que empecé en Cercedilla. Estrene el poncho y salí a la calle con resignación pero con alegría por la novedad después de tantos días de calor. La lluvia era muy intensa pero una vez iniciado el camino no me importó demasiado, era algo nuevo y ese momento fascinante. Por caminos y por carretera después, se va uno acercando a Salgueiros, donde aproveche para descansar y secarme un rato. La lluvia iba disminuyendo según iba pasando el día. Se pasan múltiples aldeas siempre cuesta abajo. Se pasa de 550 metros en Xunqueira a unos 100 en Ourense. Aunque la etapa es corta no es demasiado bella, sobre todo por el polígono industrial lleno de camiones y gran circulación, pero ya se sabe que las dichas nunca vienen juntas. Hay que pasar infortunios para saber disfrutar de los momentos buenos. Después de este polígono, en apenas 7 kilómetros se llega al centro de Ourense. Se puede destacar el hermosísimo cruceiro plateresco de la plaza de Seixalbo. En el centro acudí a la Oficina de Información y Turismo que está junto a las burgas. Me dieron un mapa de la ciudad y de los sitios imprescindibles de ser visitados. Era apenas la 1 de la tarde cuando salí de la oficina. Me hospedé en un hostal al lado de la catedral para por la tarde dar una vuelta por el casco antiguo y dedicarla a hacer un poco de turismo. Para mi es muy importante intercalar días en los que se sienta uno turista para poder observar y disfrutar de las ciudades. Ourense en una ciudad donde las reminiscencias romanas son abundantes. Para mí los más destacables son el puente romano sobre el río Miño, los lavaderos de oro y sobre todo los manantiales termales de las Burgas. Parece ser que el topónimo de la ciudad podría tener el origen en la ocupación romana, Auria, palabra romana que rememora a las arenas auríferas del río. La catedral de San Martiño es un paso ineludible si se llega a la ciudad y es un placer pasear por las calles aledañas a la misma. Abundan los bares de vinos. Mención especial hay que hacer de las fuentes termales de As Burgas, donde es obligado llenar la botella con el agua caliente que desprenden. También pude pasear por el puente sobre el Miño y disfrutar de una cerveza sentado en una terraza mientras que observaba a las personas en su vida diaria, sintiéndome como un extraño pero siendo acogido con todo el amor y fraternidad que es capaz de dar los gallegos con los peregrinos que llegan a su amada tierra. El tráfico rodado me sumergía y me recordaba mi Madrid de origen y me hacían desear volver a las soledades pasadas. Era difícil concentrarse en mis pensamientos rodeado del bullicio de una ciudad. Es curioso que el peregrino siempre prefiere la tranquilidad de las pequeñas poblaciones donde se siente acogido y querido a la locura de las ciudades donde es visto como un simple mochilero. Después de tomar unos vinos en el centro me dirigí al hostal para descansar mis pies doloridos. Por la tarde llamé al monasterio de Oseira para reservar plaza en el mismo para el día siguiente, esta llamada es totalmente necesaria pues sino es difícil que te acojan. Me aconsejaron que llegara entre las 5 y las 7 de la tarde pues fuera de ese horario no se podía molestar a los frailes. Los números del día son los siguientes: Fecha .- 21 de junio del 2004. Pasos.- 32714.Kilómetros.- 22,9 kms. Hora de salida.- 7:00. Hora de llegada.- 14:00Tiempo andando.- 6 horas Vigésimo segunda y vigésimo tercera jornada: Ourente - Prado![]() Vigésimo segunda jornada: Ourense - Oseira (22-6-2004) Después de empaquetar la mochila baje a la calle para iniciar un recorrido que me llevaría desde el siglo XXI en una ciudad a un entorno que podría estar perfectamente en la edad Media, como es el Monasterio de Oseira. Después de pasar el puente sobre el Miño se inicia una dura subida, que nos llevará de 100 metros sobre el nivel del mar a 700 metros. Es una jornada en constante ascenso, con algún que otro descanso. Los siete primeros kilómetros son los más duros, se ascienden 400 metros de desnivel. Se pasan maravillosos pueblos como Soutelo donde se puede apreciar un bonito pazo. Luego pasamos por una empinada subida que tiene un empedrado antiguo con grandes losas de granito. En este tramo pisamos el la marcación del Camiño Real hasta Tamallancos, existe carteles que dan información de los lugares que se va pasando. Este tramo está señalizado con señales azul oscuro al mismo tiempo que las flecha amarillas y múltiples mojones. Otro hecho destacado de este tramo es la señalización del kilómetro 100. En este momento pienso en todos los días que llevo y en las personas que me han ido prestando ayuda. Poco a poco llegamos a Sartédigos y después a Tamallancos. Entre estos dos pueblos se nota que el camino se suaviza y ya hay alguna que otra bajada que nos permite observar el paisaje. Dos horas después de Tamallancos llegamos a Cea, famoso por el pan que aquí se elabora. El camino lleva hasta un magnífico albergue, que encontré vacío. Después de visitarle, decidí ir hacia el centro a almorzar alguna cosa. Tuve la suerte de que fuera día de feria y había dos o tres pulperías con sus cazos llenos de pulpo. No lo dude y encargue una tabla de pulpo y pasé al primer bar que encontré. Cuando lo tienen preparado lo pasan al bar oportuno donde puedes dar cuenta del mismo mientras que bebes un buen ribeiro. Tuve la suerte de encontrar al hospitalero de Cea, que al reconocerme como peregrino me invitó a sentarme junto a él para degustar el espléndido pulpo a feira. También me indico que lo típico en los días de feria era tomar luego carne a la gallega y caldo de carne. No dude un momento y me dispuse a esa deliciosa comilona. Fui engullendo los apetecibles platos mientras que charlábamos de los medios que daba el camino a un hospitalero contratado por la Xunta. El se dedicaba a sus campos y complementaba su sustento con el mantenimiento del albergue. Me comenta que los últimos días han dormido 8 o 10 personas en un albergue fantástico. Después de la comilona tomamos un delicioso café de pota y un par de orujos del país. Sin querer se me hicieron las tres de la tarde cuando salí del bar. Mi cabeza no estaba muy despejada y sentía la bebida y la comida tomada. Resistí la tentación de dormir la siesta en el albergue como me ofreció el hospitalero, tenía que recorrer los diez kilómetros que me separaban de Oseira. Para mi suerte la tarde se presentaba nublada y amenazaba agua. Este recorrido lo recuerdo por una carretera estrecha y casi sin circulación. Donde los árboles me rodeaban dándome una paz de espíritu increíble (el orujo también ayudó en estas sensaciones). En este tramo podemos observar un molinillo de latón que se utiliza como espantapájaros (Silvaboa). También es posible ver múltiples pazos y puentes medievales. Poco antes del Monasterio empezamos a observar su líneas. Me recordó al monasterio del Escorial en su construcción. Me dirigí directamente a la tienda tras pasar unos bellos jardines. Allí me esperaba el hermano José Luis que me llevó hasta las celdas que tienen reservadas para los peregrinos. Atravesamos dos hermosos claustros y después de subir una amplia escalera de piedra terminamos en un ala donde me esperaba mi aposento. Este se componía de una sala con un escritorio de madera con un crucifijo como única decoración, de una habitación con dos camas pequeñas pero con sábanas y un baño con azulejos blancos y ducha. Estas celdas las utilizan para la gente que quiere retirarse a realizar ejercicios espirituales. Me indicó que a las ocho se realizaba la oración de vísperas y que si quería podía asistir. También me advirtió que antes de esa hora estuviera dentro del monasterio pues lo cerraban y ya no era posible entrar hasta el día siguiente. Me cobró 12 euros por la habitación, cena y desayuno. Después de asearme empecé a pasear por la parte pública del monasterio y por los alrededores. Estos apenas tienen un par de bares donde se venden artículos para turistas. También observe a varios hermanos trabajando el huerto y los jardines, vestidos con sus trajes de faena. Ellos pertenecen a la Orden del Cister y durante el día tienen que hablar lo imprescindible. El único que tiene autorización para hablar es el hermano hospitalero que a su vez se encarga de la tienda del Monasterio. A las 6 de la tarde realizan una visita guiada por el Monasterio. Yo llegue tarde pero nadie me impidió visitar sus claustros en soledad. A las ocho me dirigí al Coro de la iglesia para la oración. Allí me encontré un poco extraño por mi vestuario, pantalón corto, camiseta y sandalias. Ellos habían cambiado su ropa de trabajo por su hábitos. Sólo yo y una monja realizando un retiro espiritual éramos los extraños. Realizaron múltiples oraciones y cánticos en latín. Me senté al lado de la monja que me fue guiando a través de los diversos libros de oración. La paz y tranquilidad llenaban el espíritu y fortalecieron mi ánimo. Los hermanos eran unos doce que se repartían las diversas tareas. Después de la oración me dirigieron al comedor donde estuve acompañado sólo por la monja. Nos atendió una señora del pueblo que se encargada de la comida del Monasterio. La cena fue exquisita y abundante, tanto que había posibilidades de repetir. Esta se basó en judías verdes con tomate y huevos duros, queso con membrillo, peras, plátanos y yogures. También nos pusieron una frasca de vino tinto. Terminada la cena se presentó el hermano José Luis que me sello la credencial y me orientó de cómo continuar la marcha al día siguiente. Como no se puede salir solo quedé con él a las siete menos cuarto de la mañana para el desayuno, antes es imposible salir pues de cinco a seis y media tienen la primera oración del día, me invitó amablemente a participar en ella, cosa que no rechacé, hay que aprovechar los momentos en los que se pueden vivir hecho nuevas experiencias. De aquí marche a la habitación y a las 10 ya estaba metido en la cama con el despertador puesto a las 5 menos cuarto, aquí no despiertan para las oraciones. Sin darme cuenta caí profundamente dormido con una inmensa paz interior. No desaprovechéis la ocasión de dormir en este monasterio. Los números del día son los siguientes: Fecha .- 22 de junio del 2004. Pasos.- 42714.Kilómetros.- 29,9 kms. Hora de salida.- 7:00. Hora de llegada.- 18:00 Tiempo andando.- 8 horas Vigésimo tercera jornada: Oseira – Prado (23-6-2004) Dormí como un lirón hasta las cinco menos cuarto que sonó el despertador para asistir a la oración matutina. Con la ropa de paseo me dirigí a la iglesia. Los pasillos estaban silenciosos y tenían un aspecto romántico, parecía estar en otra época. Cuando llegue a la Iglesia empezaban a entrar los hermanos en silencio y recogimiento. Me coloqué en el mismo lugar de la tarde anterior. La monja al poco llegó y se sentó a mi lado para guiarme en las oraciones y los cánticos. A esa hora tan temprana el recogimiento era intenso. La oración duró una hora larga que se pasó como un suspiro. Es admirable que alguien se pueda enclaustrar entre cuatro paredes y que su mundo se limite a estos horizontes. Cuando salí de allí me esperaba el hermano José Luis para tomar el desayuno. Este fue la mar de apetitoso, queso con membrillo, fruta y leche con colacao. Ya con la mochila volví a recorrer los claustros acompañado por el hermano portero. Salí por el portalón despidiéndome de mis hospitaleros. El corazón lo tenía alegre pese a que el día había amanecido con mucha niebla. Nada más salir se inicia una cuesta por un sendero que quita el resuello pero que en las paradas me permite volver y ver el maravilloso monasterio que me ha dejado enamorado. Después de coronar se recorre un camino que va atravesando en varias ocasiones una carretera sinuosa. Seguí bajando hasta la aldea de Outeiro. Aquí se inicia otra subida por camino y rodeado de prados hasta Gouxa. En este punto se entra en la provincia de Pontevedra. Aquí llegue sobre las 9 de la mañana y el día empezaba a librarse de la niebla. Se sale del mismo atravesando la carretera nacional y se continua por una pista asfaltada. En poco menos de una hora se llega a Castro Dozón donde aproveche para tomar un café y descansar un rato. Desde aquí nos espera una constante bajada hasta Pontenoufe. No podía dejar de pensar en las últimas horas pasadas en Oseira mientras que recorría unos maravillosos campos ondulados y verdes. ¡Qué diferencia a las tierras de secano de Castilla! Casi sin darme llegue a A Xesta donde paré para almorzar. La mañana se me había pasado casi sin darme cuenta. Allí coincidí con otro peregrino que venía desde Sevilla y hoy desde Cea. Mientras comíamos un buen churrasco regado con un buen vino nos fuimos contando nuestras anécdotas y nuestras correrías en el Camino. Después de un buen café con orujo reiniciamos la marcha juntos hasta la Estación de Lalín. Está se encuentra a unos tres kilómetros de la población y tiene un albergue de la Xunta que utilizan los vecinos como casa de la cultura. Mi compañero decidió que se quedaba en él, yo me encontraba con alguna fuerza y decidí darme un lujo y dormir con sábanas en Prado. Nada más salir del albergue me esperaba una cuesta arriba de dos kilómetros y cuatro más de bajada, pasando por Fondevila, Donsion, Laxe y Bendoiro. Cuando llegue a este vi a la izquierda el Pazo de Bendoiro un precioso establecimiento hostelero con una prados fantásticos. No lo dudé y pedí una habitación. El hotel es magnífico y la habitación tenía una bañera impresionante, allí estuve sumergido durante más de una hora. Estaba tan cansado que me tumbé en la cama y cuando desperté era la 1 de la madrugada, así que no lo dudé y seguí durmiendo. A estas alturas del camino aunque el cuerpo se ha adaptado a caminar 7 u 8 horas sin demasiados problemas, se nota que se necesita descansar. Los números del día son los siguientes: Fecha .- 23 de junio del 2004. Pasos.- 43714.Kilómetros.- 30,6 kms. Hora de salida.- 7:00. Hora de llegada.- 18:00 Tiempo andando.- 8 horas Vigésimo cuarta y Vigésimo quinta jornada: Prado - Santiago y Fin![]() Vigésimo cuarta jornada: Prado – A Ponte Ulla (24-6-2004) Me desperté tarde, eran las siete de la mañana. Había dormido casi 11 horas. Me sentía descansado aunque un poco triste. Mi primer pensamiento fue que esta andadura se acababa después de casi tres semanas pisando el polvo del camino. Me daba una tremenda pereza tener que reanudar mis actividades diarias dentro de tres días, volver a la rutina laboral y retomar los problemas que habían quedado aparcados. Con estos pensamientos y más lentamente que otros días salí del hotel y volví a mi amado camino. Nada más salir me encontré con la pareja que había empezado en Laza, con ellos estuve la mayor parte de la mañana. Eran de Salamanca y estaban eufóricos con la experiencia. Me contaron prácticamente su vida en apenas tres horas. Es increíble como la gente se abre a los demás en el camino, la distancia de la realidad hace que nos comuniquemos muy abiertamente con gente, que lo más normal es que no volvamos a ver. Pasamos sin darnos cuenta por el hermosísimo puente romano de Taboada sobre el río Deza. Después iniciamos una pequeña subida rodeados de viejos carballos hasta llegar a Silleda. Esta población tiene todos los servicios que necesita el peregrino alrededor de la Avenida del Parque. Aquí abandoné a mis amigos y continué avanzando por camino paralelo a la nacional 525. Atravesé las aldeas de San Fiz y Devesa. En siete kilómetros desde Silleda llegué a Bandeira. En este pueblo aproveche para tomar un bocado, es la mitad de la jornada del día de hoy y ya no quedan casi subidas hasta el final del día. En este etapa pasé desde los 500 metros de Prado a los menos de 100 de Puente Ulla. A las doce del medio día reanudé el recorrido. Veo como van disminuyendo los kilómetros. En este tramo vi la marca de 30 kms. a mi destino. En este punto se inicia una bajada trepidante que me lleva hasta el río Ulla. Cuando llego al puente las piernas las tengo cargadas por el descenso. En esta bajada es posible ver el enorme puente de ferrocarril mientras que andamos entre un hermoso arbolado que invita al descanso. Especial mención es el bucólico lugar al lado de la ermita de Gundián. En un bar entré a descansar y a tomar una cerveza que me supo a gloria. Es impresionante la sensación de relajo que entra cuando ya has cumplido la tarea del día y sueltas la mochila, que por muy ligera y por muy acostumbrado estemos a la carga cuando se suelta se agradece. Este bar tiene al lado una pensión que aproveche para hospedarme. No tiene grandes lujos pero si una buena cama y un ducha reconfortante. Después de asearme me dirigí al río y en una pradera me tendí un par de hora deliciosas en las que rememoré todo este camino que estaba a punto de terminar. Me sentía feliz, había conseguido en estos días olvidarme de mis problemas diarios y con las pocas cosas que llevaba en la mochila mi mayor deseo hubiera sido continuar una temporada más. Antes de recogerme en la cama paseé por calles y visité la iglesia románica de Santa María Magdalena. Con un bocadillo despaché el trámite de la cena. A las 10 de la noche ya estaba en la cama mañana madrugaría para llegar temprano a Santiago y asistir a la Misa del peregrino en la Catedral. Los números del día son los siguientes: Fecha .- 24 de junio del 2004. Pasos.- 39714.Kilómetros.- 27,8 kms. Hora de salida.- 7:00. Hora de llegada.- 17:00 Tiempo andando.- 7 horas Vigésimo quinta jornada: A Ponte Ulla – Santiago (25-6-2004) Me costó dormir por los nervios de la finalización y la ilusión de la llegada a destino después de 21 de paseo y de disfrute. Las cosas que nos cuestan conseguir las valoramos muchísimo más. Tras despertarme en cuatro o cinco ocasiones le levanté a las cinco menos cuarto, no podía esperar más. Empaqueté todos los bártulos y salí a la calle. Era noche cerrada pero el camino no tiene demasiado problemas, tras unos lavaderos tomé un camino empedrado que asciende. Un poco más adelante se pasa por una hermosa balconada de un precioso pazo. La carretera está a la izquierda. Un poco más adelante se cruza la carretera y pegados a ella anduve durante 10 minutos hasta que una señal a la derecha de la carretera me lleva a un camino ascendente que más adelante se convierte en pista forestal. Tuve que ayudarme de la linterna para ir descubriendo la flechas amarillas. Hay numerosos cruces pero no tuve ningún problema en continuarlo. Cuando ya llevaba una hora caminando empecé a oír bullicio a mi espalda, había un grupo de personas que iban charlando. En uno de los cruces esperé para ver quién venía. Era un grupo de veraneantes de Puente Ulla que habían decidido hacer los últimos 20 kms. andando. Me miraron como un bicho raro cuando les comenté que llevaba más de 20 días andando. Fuimos juntos un buen rato pues con sus linternas se veía mejor. Poco a poco fuimos ascendiendo mientras que teníamos una agradable charla y, sin sentirlo, llegamos hasta la Capilla y la fuente del Santiaguiño. Un poco más adelante se llega a un cruceiro y algo después a Lestedo. Por aquí había amanecido y las linternas se hicieron innecesarias. Aproveche para despedirme de este grupo que volvería a ver en Santiago. Por una pista asfaltada en menos de una hora llegue a Susana donde aproveche para desayunar y reposar unos minutos. El camino continua en una suave bajada hasta Piñeiro donde se inicia la penúltima subida que lleva hasta el cruceiro de Sar, esta se realiza por una preciosa calzada empedrada. Desde el cruceiro se empiezan a ver las torres de la Catedral y el ánimo se levanta y los pasos se aceleran hacia el puente del Sar. Ya estoy en los aledaños de la ciudad y empiezo a recorrer las calles de Rúa Castón D’Ouro y Rúa do Patio de Madres. Más adelante se encuentra la Puerta de Mazarelos, la Praza da Universidade, Praza da Fonte Seca, Rúa de Calderería, Rúa del Xelmírez y por fin la Praza de Praterías. Aquí está el destino y la llegada. Di la vuelta a la catedral hasta la Plaza del Obradoiro donde no me quedó más remedio que soltar la mochila y sentarme apoyado en ella observando embelesado la preciosa fachada principal. Llegaban peregrinos en grupos grandes que venían desde el camino Francés, eran muchísimos. Me parecía increíble que hubiera hecho los últimos kilómetros sin ningún otro peregrino. Realice los trámites de la compostela y reservé billete en el tren de las 2 y media de la tarde. Con los papeleos ya hechos entré en la Catedral para abrazar al santo. Después de esperar media hora de cola pude abrazar al Santo y oír la Misa del peregrino. Cuando salí de la Catedral me encontraba feliz y contento y deseando volver a seguir la flecha que me dirige a Santiago. Los números del día son los siguientes: Fecha .- 25 de junio del 2004. Pasos.- 29857.Kilómetros.- 20,9 kms. Hora de salida.- 5:00. Hora de llegada.- 10:00 Tiempo andando.- 5 horas FIN_uacct = "UA-2986271-2"; urchinTracker(); |
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